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El Señor Jesús confrontando la hipocresía religiosa de los fariseos

Cordiales saludos amable oyente. Bienvenida, bienvenido al estudio bíblico de hoy en el evangelio según Lucas. En esta oportunidad vamos a ver al Señor Jesús confrontando la hipocresía religiosa de los fariseos y los intérpretes de la ley.

Si tiene una Biblia a la mano, ábrala en Lucas 11:37-53. Como antecedente es necesario reconocer que a estas alturas del ministerio público del Señor Jesús, estaba en franco ascenso la oposición en su contra, orquestada por los fariseos, los escribas y los intérpretes de la ley. Todos estos se encontraban en una afanosa búsqueda de algún motivo que según ellos sea digno de ser castigado con la muerte del Señor Jesús. Con esto en mente consideremos la invitación al Señor Jesús. Lucas 11:37 dice: Luego que hubo hablado, le rogó un fariseo que comiese con él; y entrando Jesús en la casa, se sentó a la mesa.
El Señor Jesús había confrontado con severidad a algunos judíos que le demandaban señal del cielo. Cuando terminó su discurso, se acercó a él un fariseo, quien le rogó que comiese con él. Aparentemente se trataba de una invitación sincera, pero dadas las circunstancias, me refiero a la creciente oposición por parte de los fariseos, es lógico pensar que la invitación no era para tener comunión con el Señor Jesús sino para encontrar algo para acusarle. El Señor Jesús sabía lo que iba a pasar, pero a pesar de eso, aceptó la invitación y entrando a la casa del fariseo se sentó, o mejor, se reclinó, a la mesa. Este fue el momento que el fariseo estaba esperando, porque según él, el Señor Jesús, acababa de cometer una falta. Veamos por tanto la acusación contra el Señor Jesús. Se encuentra en Lucas 11:38. La Biblia dice: El fariseo, cuando lo vio, se extrañó de que no se hubiese lavado antes de comer.
Según la tradición judía de aquel tiempo, todo judío debía poner en práctica un elaborado ritual de lavamiento ceremonial antes de acercarse a la mesa para comer. El propósito de este lavamiento ceremonial no era sólo por higiene, sino por cumplir lo que la tradición judía demandaba, no la ley sino la tradición. El fariseo pensó que había hallado lo que estaba buscando. Al ver que el Señor Jesús se reclinó a la mesa para comer sin haber pasado por ese rito de lavamiento, el fariseo se extrañó. El verbo que se ha traducido como extrañarse, significa admirarse o maravillarse. Seguramente el fariseo estaba maquinando como sacar provecho de esa grave falta según su propia opinión. Mientras el fariseo estaba de ida, el Señor Jesús ya estaba de regreso. Por eso despoja de ese manto de falsa piedad que tenía el fariseo. Note lo que dice Lucas 11:39-41. Pero el Señor le dijo: Ahora bien, vosotros los fariseos limpiáis lo de fuera del vaso y del plato, pero por dentro estáis llenos de rapacidad y de maldad.
Luk 11:40  Necios, ¿el que hizo lo de fuera, no hizo también lo de adentro?
Luk 11:41  Pero dad limosna de lo que tenéis, y entonces todo os será limpio.
De una manera frontal, el Señor Jesús está manifestando la hipocresía de los fariseos. Por cumplir con sus propias tradiciones, limpiaban lo de fuera, cosas como el vaso y el plato, pero descuidaban lo de dentro. El Señor Jesús sabía que, por dentro, los fariseos estaban llenos de rapacidad y maldad. La palabra rapacidad es la traducción de una palabra que significa extorsión, voracidad, práctica de despojar a otros. Además de exponer la hipocresía de los fariseos, el Señor Jesús les llama a la reflexión diciéndoles: Necios, ¿el que hizo lo de afuera, no hizo también lo de adentro? El error básico de los fariseos era creer que la justicia tiene solamente que ver con acciones externas y no tiene nada que ver con acciones internas. Eran escrupulosos con mantener la limpieza exterior, pero ignoraban la suciedad interior. De esta manera estaban desconociendo que el mismo Dios que creó lo de afuera, también creó lo de adentro de una persona y por tanto es necesario tener limpio también lo de adentro. Esto es tan importante amable oyente, por cuanto nosotros los creyentes, también podemos caer en el error de los fariseos, cuando pensamos que por leer la Biblia, orar, asistir a todas las reuniones de la iglesia, tenemos justificación para mantener una vida privada saturada de suciedad, como malos pensamientos y pecados ocultos. Los fariseos por tanto, por ejemplo, debían despojarse de su codicia, dando limosna conforme a lo que tenían, no lo que les sobraba, demostrando que no son esclavos de las cosas materiales. Esto sería una demostración de que están limpios también por dentro. El Señor prosiguió su discurso en contra de los fariseos pronunciado tres ayes. La palabra ay, denota pesar, dolor, como si dijéramos: Pobre de ti. El primer ay es contra la práctica de los fariseos de cuidarse de lo menos importante y olvidar lo más importante. Lucas 11:42 dice: Mas ¡ay de vosotros, fariseos! que diezmáis la menta, y la ruda, y toda hortaliza,(I) y pasáis por alto la justicia y el amor de Dios. Esto os era necesario hacer, sin dejar aquello.
Los fariseos eran tan meticulosos en su afán de cumplir con la ley en cuanto a los diezmos, que contaban las hojas de menta y separaban el diez por ciento, contaban las hojas de ruda, una planta cuyas hojas se usan como condimento y como medicina natural, y separaban el diez por ciento. Así hacían con todas las hortalizas, pero al mismo tiempo, pasaban por alto cosas muchísimo más importante como la justicia y el amor de Dios. El mandato del Señor Jesús es: Sigan siendo meticulosos en cumplir con la ley sobre los diezmos, pero preocúpense más por lo más importante, su justicia y el amor a Dios. El segundo ay es en contra del orgullo de los fariseos. Lucas 11:43 dice: ¡Ay de vosotros, fariseos! que amáis las primeras sillas en las sinagogas, y las salutaciones en las plazas.
El ego de los fariseos era tan grande que no se perdían ocasión para ocupar los lugares más importantes en las sinagogas, donde los judíos se reunían para escuchar la ley y para orar. También tenían pasión por que la gente en las calles y en las plazas les saluden utilizando títulos de grandeza. El orgullo fue lo que hizo que Satanás se rebele contra Dios. Los fariseos estaban imitando a su padre, Satanás. El tercer ay es en contra de la hipocresía de los fariseos. Lucas 11:44 dice: ¡Ay de vosotros, escribas y fariseos, hipócritas! que sois como sepulcros que no se ven, y los hombres que andan encima no lo saben.
El Señor Jesús compara a los fariseos con sepulcros bajo tierra, cubiertos de tal manera que no se sabe que están allí. Los judíos caminaban sobre ellos sin saber que bajo sus pies había despojos mortales. De esta manera los judíos quedaban inmundos conforme a la ley que Dios dio a Moisés, pero no los sabían. Así acontecía en un sentido espiritual con los fariseos. Por fuera proyectaban una imagen de justicia, pero por dentro estaban saturados de maldad. La consecuencia es que todos los que se acercaban a ellos se contaminaban con la injusticia, sin saberlo. En este punto de su discurso, uno de los intérpretes de la ley, que estaba sentado también a la mesa en la casa del fariseo, levantó su voz de protesta en contra del Señor Jesús. Note lo que dice Lucas 11:45 Respondiendo uno de los intérpretes de la ley, le dijo: Maestro, cuando dices esto, también nos afrentas a nosotros.
Este reclamo del intérprete de la ley, motivó al Señor Jesús a pronunciar tres ayes en contra de los intérpretes de la ley. El primer ay es por exigir a otros algo que ni ellos mismo practicaban. Lucas 11:46 dice: Y él dijo: ¡Ay de vosotros también, intérpretes de la ley! porque cargáis a los hombres con cargas que no pueden llevar, pero vosotros ni aun con un dedo las tocáis.
Jamás debemos pedir a otros que hagan lo que nosotros no estamos haciendo. Si cometemos este error caemos en el mismo error que los intérpretes de la ley. El segundo ay es por honrar las tumbas de profetas a quienes mataron sus antepasados, por las mismas razones que los escribas y fariseos querían matar al Señor Jesús. Lucas 11:47-51 dice: ¡Ay de vosotros, que edificáis los sepulcros de los profetas a quienes mataron vuestros padres!
Luk 11:48  De modo que sois testigos y consentidores de los hechos de vuestros padres; porque a la verdad ellos los mataron, y vosotros edificáis sus sepulcros.
Luk 11:49  Por eso la sabiduría de Dios también dijo: Les enviaré profetas y apóstoles; y de ellos, a unos matarán y a otros perseguirán,
Luk 11:50  para que se demande de esta generación la sangre de todos los profetas que se ha derramado desde la fundación del mundo,
Luk 11:51  desde la sangre de Abel(J) hasta la sangre de Zacarías,(K) que murió entre el altar y el templo; sí, os digo que será demandada de esta generación.
El tercer ay es porque los intérpretes de la ley no sólo rehusaban conocer a Dios, sino que impedían que otros conozcan a Dios. Lucas 11:52 dice: Ay de vosotros, intérpretes de la ley! porque habéis quitado la llave de la ciencia; vosotros mismos no entrasteis, y a los que entraban se lo impedisteis.
Al oír las palabras del Señor Jesús, los fariseos y los intérpretes de la ley se encendieron en odio al Señor Jesús. Lucas 11:53-54 dice: Diciéndoles él estas cosas, los escribas y los fariseos comenzaron a estrecharle en gran manera, y a provocarle a que hablase de muchas cosas;
Luk 11:54  acechándole, y procurando cazar alguna palabra de su boca para acusarle.
En lugar de reconocer su pecado, los escribas, o intérpretes de la ley, y los fariseos, procuraban encontrar algo contra el Señor Jesús para acusarle y matarle. Estaban ciegos por su pecado. Cuidado amable oyente con rendirse al pecado, se volverá ciego a todo lo que tiene que ver con la justicia.

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