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El Señor Jesús anunciando el evangelio del reino de Dios en las ciudades de Galilea

Cordiales saludos amable oyente. Le habla David Logacho dándole la bienvenida al estudio bíblico de hoy en el evangelio según Lucas. Lo último que vimos en nuestro estudio bíblico anterior fue al Señor Jesús anunciando el evangelio del reino de Dios en las ciudades de Galilea. Fue en estas circunstancias que aconteció lo que vamos a estudiar el día de hoy.

Si tiene una Biblia a la mano, ábrala en Lucas 5:1-11. Para dar un orden a lo que aquí tenemos, permítame en primer lugar referirme al lugar donde ocurrió este evento. Lucas 5:1 en su primera parte dice: Aconteció que estando Jesús junto al lago de Genesaret,
El evento ocurrió a orillas del lago de Genesaret. Se trata del mar de Galilea, también conocido como mar de Tiberias. Tres nombres para un mismo objeto. Se trata de un gran lago de agua dulce, a más de 200 metros por debajo del nivel del mar. Este lago provee mucho del agua dulce que se usa en la región norte de Israel. En segundo lugar, me referiré al método de enseñanza que usaba el Señor Jesús. Lucas 5: desde la segunda parte del versículo 1, hasta el versículo 3 dice: el gentío se agolpaba sobre él para oír la palabra de Dios.
Luk 5:2  Y vio dos barcas que estaban cerca de la orilla del lago; y los pescadores, habiendo descendido de ellas, lavaban sus redes.
Luk 5:3  Y entrando en una de aquellas barcas, la cual era de Simón, le rogó que la apartase de tierra un poco; y sentándose, enseñaba desde la barca a la multitud.(A)
La gente estaba tan ávida de escuchar la enseñanza del Señor Jesús que se agolpaba sobre él para poder oírle. Esto debe haber sido muy incómodo para el Señor Jesús. Con el mar a sus espaldas y la muchedumbre casi respirando sobre su cara, al Señor Jesús no le quedaba nada de espacio para maniobrar. Esto fue lo que motivó al Señor Jesús a buscar otra manera de comunicar mejor su mensaje a la multitud. Fue así como vio que a no mucha distancia había dos barcas de pescadores cerca de la orilla del lago. Vio también que los pescadores acaban de llegar de su faena de pesca y estaban lavando sus redes para dejarlas listas para una nueva jornada de pesca a la noche. Uno de los pescadores era Simón Pedro, quien además era el dueño de una de las barcas. Aprovechando la amistad con Pedro, el Señor subió a su barca y le rogó que la aparte un poco de tierra y sentándose en la barca, continuó enseñando a la multitud. El espejo de agua del lago debe haber creado un magnífico efecto acústico para que toda la gente pueda oír con claridad al Señor Jesús. Quien más cerca estaba del Señor Jesús, era Simón Pedro. Hasta ese momento, Simón Pedro había visto el poder que tenía el Señor Jesús sobre los demonios y sobre la enfermedad, pero parece que todavía tenía sus reservas en cuanto a reconocer que el Señor Jesús es el Hijo de Dios, el Mesías, el Cristo. El mensaje del Señor Jesús debe haber caído en tierra fértil en el corazón de Pedro, por lo que sucedió a continuación. En tercer lugar me referiré a lo que muchos llaman la pesca milagrosa. Lucas 5:4-7 dice: Cuando terminó de hablar, dijo a Simón: Boga mar adentro, y echad vuestras redes para pescar.
Luk 5:5  Respondiendo Simón, le dijo: Maestro, toda la noche hemos estado trabajando, y nada hemos pescado;(B) mas en tu palabra echaré la red.
Luk 5:6  Y habiéndolo hecho, encerraron gran cantidad de peces,(C) y su red se rompía.
Luk 5:7  Entonces hicieron señas a los compañeros que estaban en la otra barca, para que viniesen a ayudarles; y vinieron, y llenaron ambas barcas, de tal manera que se hundían.
El Señor Jesús terminó su mensaje a la multitud. Lucas no provee detalles de lo que enseñó el Señor Jesús. Muy probablemente fue algo relacionado con que el reino de Dios se había acercado. El Rey estaba presente. La gente tenía que arrepentirse de su vida de pecado. A quien, tal vez, más llegó el mensaje debe haber sido a Simón Pedro. Después de todo, él estaba a lado del Señor Jesús en la barca. Después de escuchar un buen mensaje de la palabra de Dios, normalmente Dios mismo nos da oportunidades para ponerlo en práctica. Esto es lo sucedió con Simón Pedro. Le llegó el momento para poner en práctica lo que aprendió. Dirigiéndose a Simón Pedro, el Señor Jesús le dio una orden: Boga mar adentro y echad vuestras redes para pescar. Pedro debe haber recibido esta orden con un gesto de sorpresa. Seguramente pensó: Quien me pide esto no debe saber nada sobre la pesca. Claro, él es un carpintero, no un pescador como yo. Todo buen pescador sabe que la pesca mar adentro, lejos de la orilla, debe hacerse de noche, no de día. Por otro lado, parece que los peces en este lago no quieren saber nada de nosotros estos días, porque anoche nos pasamos toda la noche lanzando nuestras redes y no pescamos absolutamente nada. La razón aconsejaba que no era buena idea esto de navegar más adentro y lanzar las redes para pescar a pleno día. Pero muchas veces Dios nos pide hacer cosas que parecen absurdas, para que el éxito no sea para gloria del hombre sino para gloria de Dios. Simón Pedro debe haber pensado así. Por eso dijo al Señor: Maestro, toda la noche hemos estado trabajando, y nada hemos pescado; mas en tu palabra echaré la red. En otras palabras: No me parece sensato hacer lo que me pides, pero por ser tú quien me lo pide, lo voy a hacer. El mensaje del Señor Jesús estaba dando su fruto. Pedro está dispuesto a obedecer al Señor Jesús, a pesar de sus reservas. Así obra la fe amable oyente. La verdadera fe se manifiesta en obediencia. Obediencia a pesar de que las circunstancias estén en contra. De modo que Pedro echó las redes y las redes se llenaron de peces, eran tantos que la red se rompía. ¿Cómo es esto que en el lugar donde hace poco no había ni un pez, de pronto aparecen tantos peces? Ah… amable oyente. El Señor Jesús tiene poder sobre la naturaleza y dentro de esto, sobre el reino animal. El Señor Jesús dio la orden y los peces obedecieron sin dilación y llegaron al sitio indicado en el momento indicado. De todo el universo, el hombre es el único ser que se atreve a desobedecer a Dios. Con tantos peces en las redes, Simón Pedro necesitaba ayuda. Por tanto hizo señas a sus compañeros pescadores que se quedaron en la orilla para que venga a ayudar. Así lo hicieron y llenaron ambas barcas con tantos peces, de tal manera que se hundían. Vale la pena obedecer por fe a Dios, amable oyente. En cuarto lugar, tenemos la confesión de Pedro. Lucas 5:8 hasta la primera parte del versículo 10 dice: Viendo esto Simón Pedro, cayó de rodillas ante Jesús, diciendo: Apártate de mí, Señor, porque soy hombre pecador.
Luk 5:9  Porque por la pesca que habían hecho, el temor se había apoderado de él, y de todos los que estaban con él,
Luk 5:10  y asimismo de Jacobo y Juan, hijos de Zebedeo, que eran compañeros de Simón.
Al ver lo que había pasado, Simón Pedro cayó de rodillas ante el Señor Jesús. Era lo único apropiado en esas circunstancias. De rodillas confesó algo sobre lo cual no tenía la menor duda. Dijo al Señor Jesús: Apártate de mí, Señor, porque soy hombre pecador. Qué maravillosa confesión. Simón Pedro reconoció que Jesús es el Señor. Esto significa que es Dios. Simón Pedro también reconoció que el Señor Jesús es santo. Por contraste, Simón Pedro reconoció que él mismo es pecador. Todo esto está encerrado en la confesión de Pedro: Apártate de mí, Señor, porque soy hombre pecador. La pesca que habían hecho por obra del Señor Jesús hizo que Pedro se llene de un temor reverencial. El temor reverencial que la majestad divina inspira en las personas. Pero Pedro no fue el único que se llenó de temor reverencial ante la presencia del Señor Jesús, sino también todos los que estaban con Pedro, dentro de ellos, Jacobo y Juan, los hijos de Zebedeo. En quinto lugar, tenemos la comisión del Señor Jesús a Pedro. Lucas 5: desde la segunda parte del versículo 10 hasta el 11 dice: Pero Jesús dijo a Simón: No temas; desde ahora serás pescador de hombres.
Luk 5:11  Y cuando trajeron a tierra las barcas, dejándolo todo, le siguieron.
El Señor Jesús comunica confianza y seguridad a Pedro. No estaba allí para castigar, sino para buscar colaboradores para su reino. No temas, dice a Pedro. Luego le entrega una solemne comisión: Desde ahora serás pescador de hombres. A pesar de su fragilidad y de sus fracasos, Pedro fue un instrumento en la mano del Señor para pescar, entre comillas, a cantidad de hombres, para integrarlos al reino de Dios. ¿Cuál fue la respuesta de Pedro y los hijos de Zebedeo. Lucas dice que cuando trajeron a tierra las barcas, lo dejaron todo y siguieron al Señor Jesús. Lo que habían encontrado con el Señor Jesús era tan precioso, que todo lo demás era como basura, incluyendo el cargamento de pescado y las barcas que hasta ese momento eran su fuente de sustento. Dejaron todo por seguir al Señor. Esto me recuerda lo que tiempo más tarde dijo el apóstol Pablo, según Filipenses 3:8  Y ciertamente, aun estimo todas las cosas como pérdida por la excelencia del conocimiento de Cristo Jesús, mi Señor, por amor del cual lo he perdido todo, y lo tengo por basura, para ganar a Cristo,

Los judíos de Nazaret

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