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El maltrato que sufrió el Señor Jesús

Es un gran gozo para mí saludarle amable oyente. Aprecio mucho su sintonía. Soy David Logacho dándole la bienvenida al estudio bíblico de hoy en el evangelio según Lucas. En el estudio bíblico de hoy examinaremos el maltrato que sufrió el Señor Jesús en la casa del sumo sacerdote Caifás, y el juicio ante el sanedrín.

Si tiene una Biblia a la mano, ábrala en Lucas 22:63-71. Este pasaje bíblico tiene dos partes. En la primera, tenemos el maltrato que padeció el Señor Jesús en la casa de Caifás, el sumo sacerdote de aquel tiempo, y en la segunda parte, tenemos el juicio al Señor Jesús a cargo del sanedrín. Vayamos pues a la primera parte. Lucas 22:63-65 dice: Y los hombres que custodiaban a Jesús se burlaban de él y le golpeaban;
Luk 22:64  y vendándole los ojos, le golpeaban el rostro, y le preguntaban, diciendo: Profetiza, ¿quién es el que te golpeó?
Luk 22:65  Y decían otras muchas cosas injuriándole.
Lo que relata esta porción bíblica, ocurrió en el patio de la casa del sumo sacerdote Caifás. Allí estaba no sólo Caifás, sino todo su séquito, formado por los principales sacerdotes, los guardias del templo, algunos escribas y fariseos y los siervos y siervas del sumo sacerdote y ciertamente algunos de los ancianos del pueblo que eran parte del sanedrín. Como era de madrugada, hacía mucho frío y para calentarse, encendieron fuego en medio del patio y se sentaron alrededor de él. Uno de los que estaba entre esta gente, calentándose, pero como incógnito, era Pedro. Fue en estas circunstancias que Pedro negó conocer al Señor Jesús por tres ocasiones antes de oír el canto del gallo. Reconociendo su pecado, Pedro salió de la casa de Caifás y lloró amargamente. A todo esto, el Señor Jesús se quedó dentro de la casa de Caifás para ser interrogado. Mateo registra que los principales sacerdotes y los ancianos y todo el concilio, buscaban falso testimonio contra Jesús, para entregarle a muerte y no lo hallaron, aunque muchos testigos falsos se presentaban. Pero al fin vinieron dos testigos falsos, que dijeron: Este dijo: Puedo derribar el templo de Dios, y en tres días reedificarlo. Y levantándose el sumo sacerdote, le dijo: ¿no respondes nada? ¿qué testifican esos sobre ti? Mas Jesús callaba. Entonces el sumo sacerdote le dijo: Te conjuro por el Dios viviente, que nos digas si tú eres el Cristo, el Hijo de Dios. Jesús le dijo: Tú lo has dicho; y además os digo, que desde ahora veréis al Hijo del Hombre sentado a la diestra del poder de Dios, y viniendo en las nubes del cielo. Entonces el sumo sacerdote rasgó sus vestiduras, como lo hacía cuando constataba que alguien había blasfemado contra Dios, y dijo: ha blasfemado. ¿qué más necesidad tenemos de testigos? He aquí, ahora mismo habéis oído su blasfemia. ¿qué os parece? Y respondiendo ellos dijeron: ¡Es reo de muerte! Entonces le escupieron en el rostro y le dieron de puñetazos y otros abofeteaban. Aquí es donde se inscribe el pasaje bíblico que estamos estudiando en Lucas. Dice que los hombres que estaban custodiando al Señor Jesús, se burlaban de él y le golpeaban. No contentos con esto, Lucas dice que vendándole los ojos, le golpeaban el rostro, y le preguntaban diciendo: Profetiza, ¿quién es el que te golpeó? Y decían otras muchas cosas injuriándole. ¡Qué horror! ¿Cuál fue la reacción del Señor Jesús ante todo esto que tuvo que padecer en la casa de Caifás? El Señor Jesús no hizo nada. Se estaba cumpliendo lo que de él se profetizó en Isaías. Isaías 53:7 dice: Angustiado él, y afligido, no abrió su boca; como cordero fue llevado al matadero;(F) y como oveja delante de sus trasquiladores, enmudeció, y no abrió su boca.
Por otro lado, causa mucha sorpresa que Caifás, siendo la máxima autoridad del sistema religioso de Israel en aquel tiempo, estaba ciego al hecho que el Señor Jesús es el Cristo, el Mesías, el Rey de Israel. Esto es una evidencia de que la religión, cualquiera que sea, no proviene de Dios. Si Caifás y todo el aparato religioso que estaba bajo su autoridad, hubieran provenido de Dios, jamás hubieran rechazado al Señor Jesús como el Cristo o el Mesías o el Rey de Israel. Mucho cuidado con la religión, cualquiera que sea, y con los religiosos, amable oyente. A continuación Lucas se enfoca sobre otro de los juicios que tuvo que enfrentar el Señor Jesús. Ya había sido juzgado por Anás el ex sumo sacerdote, y después por Caifás el sumo sacerdote en ejercicio. Ahora es el turno del sanedrín. Lucas 22:66-71 dice: Cuando era de día, se juntaron los ancianos del pueblo, los principales sacerdotes y los escribas, y le trajeron al concilio, diciendo:
Luk 22:67  ¿Eres tú el Cristo? Dínoslo. Y les dijo: Si os lo dijere, no creeréis;
Luk 22:68  y también si os preguntare, no me responderéis, ni me soltaréis.
Luk 22:69  Pero desde ahora el Hijo del Hombre se sentará a la diestra del poder de Dios.
Luk 22:70  Dijeron todos: ¿Luego eres tú el Hijo de Dios? Y él les dijo: Vosotros decís que lo soy.
Luk 22:71  Entonces ellos dijeron: ¿Qué más testimonio necesitamos? porque nosotros mismos lo hemos oído de su boca.
Cuando Lucas habla del concilio, se está refiriendo al sanedrín. El sanedrín era, en el Antiguo Israel, una asamblea o consejo de sabios estructurado en 23 jueces en cada ciudad judía. A su vez, el Gran Sanedrín era la asamblea o corte suprema de 71 miembros del pueblo de Israel. El Sanedrín constaba de 71 miembros: el sumo sacerdote y 70 hombres prominentes de la nación. En tiempos de los romanos, lo componían tres grupos: la aristocracia sacerdotal, fundamentalmente saduceos, la aristocracia laica y los instruidos escribas del grupo de los fariseos. La aristocracia sacerdotal, apoyada por la nobleza laica, estaba al frente del tribunal. Los saduceos eran liberales, mientras que los fariseos eran conservadores y, en su gran mayoría, plebeyos con mucha influencia sobre el pueblo. Según el historiador Josefo, los saduceos se plegaban a las exigencias de los fariseos, a veces a regañadientes. Por eso, Pablo pudo sacar partido de la rivalidad y las diferencias doctrinales de estas dos facciones para defenderse ante el Sanedrín El Sanedrín funcionaba como un cuerpo judicial, cuya jurisdicción no se limitaba solamente a asuntos religiosos, sino que también actuaba en el ámbito civil. Funcionó durante la época de la dominación romana de Israel, desde la etapa final del Segundo templo de Jerusalén hasta el siglo V. Estaba dirigida por un sumo sacerdote.
Tenía competencias sobre la doctrina religiosa judía: establecer el calendario de fiestas y regular la vida religiosa del país. Como gobierno político, elaborar y aprobar las leyes, verificar el cumplimiento del marco legal y juzgar los delitos. Estos poderes estaban limitados por las autoridades romanas. Así por ejemplo, si el Sanedrín condenaba a muerte a una persona, no podía aplicarse la sentencia sin la autorización del gobernador o procurador romano.
Lucas señala que cuando era de día, el Señor Jesús fue traído al sanedrín. ¿Por qué? No olvide que los ancianos del pueblo y los principales sacerdotes y los escribas, ya habían tomado la decisión de sentenciar a muerte al Señor Jesús. Lo que pasa es que el Sanedrín no quería violar una de sus reglas, según la cual no podían sentenciar a muerte a alguien durante la noche. Por esto tan pronto amaneció, se instaló el sanedrín con el Señor Jesús como blanco para acusarle. Todo fue una mera formalidad, porque la decisión de matarlo ya había sido tomada. El sanedrín comenzó haciendo una pregunta al Señor Jesús: ¿Eres tú el Cristo? Luego hicieron uso de su autoridad y demandaron respuesta, diciendo. Dínoslo. El Señor Jesús sabía que no tenía sentido responder a esta pregunta, porque el sanedrín ya había decidido matarlo. Por eso respondió: Si os dijere que soy el Cristo, no creeréis, y también si os preguntare, no me responderéis, ni me soltaréis. Note como el Señor Jesús sabía que todo lo que estaba haciendo el sanedrín era una fachada para justificar lo que ya habían decidido. Sin embargo, el Señor Jesús mencionó algo que no podía guardarlo de ninguna manera. Dijo: Pero desde ahora el Hijo del Hombre se sentará a la diestra del poder de Dios. Esto era una clara afirmación que el Señor Jesús es Dios. El sanedrín lo captó perfectamente. Por eso dijeron: ¿Luego eres tú el Hijo de Dios? El Señor simplemente respondió. Vosotros decís que lo soy. Al oír estas palabras, el Sanedrín proclamó el grito de victoria. ¿Qué más testimonio necesitamos? Ya no hacía falta buscar testigos falsos que se pongan de acuerdo entre ellos para decir la misma mentira y así disfrazar como justo el veredicto de sentencia a muerte en contra del Señor Jesús. Lo que restaba era simplemente convencer a Pilato, el gobernador romano, porque sin su consentimiento no se podía ejecutar a un reo. Fue un triunfo de las tinieblas, pero aún esto, Dios lo estaba utilizando para cumplir con su plan glorioso de redención del pecador. La cruz estaba cada vez más cerca.

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