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Poncio Pilato entregó al Señor Jesús a sus acusadores

Cordiales saludos amable oyente. Es un gozo para mí, David Logacho, darle la bienvenida al estudio bíblico de hoy. Estamos estudiando el evangelio según Juan. En esta oportunidad vamos a estudiar el pasaje bíblico en el cual Poncio Pilato entregó al Señor Jesús a sus acusadores, para que sea crucificado.

Si tiene una Biblia a la mano, ábrala en Juan 18:39 hasta 19:16. Después de haber interrogado al Señor Jesús, Poncio Pilato, el procurador romano, salió del pretorio y anunció a los líderes de Israel que no había hallado ningún delito en la persona del Señor Jesús. En otras palabras que el Señor Jesús era inocente de todo lo que los líderes judíos le acusaban. En el registro histórico de la comparecencia del Señor Jesús ante Poncio Pilato se observa que por tres ocasiones Poncio Pilato declaró la inocencia del Señor Jesús. Sin embargo jamás lo puso en libertad, más bien le hizo azotar y finalmente le entregó a sus acusadores para que sea crucificado. ¿Por qué? Porque Poncio Pilato puso sus intereses por encima de la verdad y la justicia. Entre los versículos 38 a 39 de Juan capítulo 18, ocurrió lo que Lucas registra en su evangelio, en el capítulo 23 del 6 a 12. Será muy útil al menos leer esta porción para retomar el relato de Juan en el versículo 39 de Juan 18. Así que, permítame leer Lucas 23:6-12. La Biblia dice: Entonces Pilato, oyendo decir, Galilea, preguntó si el hombre era galileo.
Luk 23:7  Y al saber que era de la jurisdicción de Herodes, le remitió a Herodes, que en aquellos días también estaba en Jerusalén.
Luk 23:8  Herodes, viendo a Jesús, se alegró mucho, porque hacía tiempo que deseaba verle; porque había oído muchas cosas acerca de él, y esperaba verle hacer alguna señal.
Luk 23:9  Y le hacía muchas preguntas, pero él nada le respondió.
Luk 23:10  Y estaban los principales sacerdotes y los escribas acusándole con gran vehemencia.
Luk 23:11  Entonces Herodes con sus soldados le menospreció y escarneció, vistiéndole de una ropa espléndida; y volvió a enviarle a Pilato.
Luk 23:12  Y se hicieron amigos Pilato y Herodes aquel día; porque antes estaban enemistados entre sí.
En su vano afán por justificar el pedido de muerte para el Señor Jesús, los líderes de Israel dijeron a Pilato: Este alborota al pueblo, enseñando por toda Judea, comenzando desde Galilea hasta aquí. Al oír la palabra Galilea, Pilato consideró necesario enviar al Señor Jesús ante Herodes, quien estaba en Jerusalén por la fiesta de la Pascua. Herodes se alegró al verle, y comenzó a interrogarle, pero el Señor Jesús no le respondió nada, a pesar de la incitación de los líderes de Israel. Enojado, Herodes le menospreció y le escarneció haciéndole vestir de ropaje real para burlarse, y le envió de vuelta a Pilato. Nuevamente Pilato se vio forzado a tratar el caso del Señor Jesús. Veamos lo que pasó. Juan 18:39-19-7 dice: Joh 18:39  Pero vosotros tenéis la costumbre de que os suelte uno en la pascua. ¿Queréis, pues, que os suelte al Rey de los judíos?
Joh 18:40  Entonces todos dieron voces de nuevo, diciendo: No a éste, sino a Barrabás. Y Barrabás era ladrón.
Así que, entonces tomó Pilato a Jesús, y le azotó.
Joh 19:2  Y los soldados entretejieron una corona de espinas, y la pusieron sobre su cabeza, y le vistieron con un manto de púrpura;
Joh 19:3  y le decían: ¡Salve, Rey de los judíos! y le daban de bofetadas.
Joh 19:4  Entonces Pilato salió otra vez, y les dijo: Mirad, os lo traigo fuera, para que entendáis que ningún delito hallo en él.
Joh 19:5  Y salió Jesús, llevando la corona de espinas y el manto de púrpura. Y Pilato les dijo: ¡He aquí el hombre!
Joh 19:6  Cuando le vieron los principales sacerdotes y los alguaciles, dieron voces, diciendo: ¡Crucifícale! ¡Crucifícale! Pilato les dijo: Tomadle vosotros, y crucificadle; porque yo no hallo delito en él.
Joh 19:7  Los judíos le respondieron: Nosotros tenemos una ley, y según nuestra ley debe morir, porque se hizo a sí mismo Hijo de Dios.
Sin saber como salir del atolladero de tratar el caso del Señor Jesús, a Poncio Pilato se le ocurrió una idea que le parecía genial. Aprovechando la costumbre de conceder libertad a un prisionero con ocasión de la fiesta de la pascua, Poncio Pilato buscaría al prisionero más peligroso y lo pondría a la par del Señor Jesús, y haría una pregunta a los judíos. La pregunta sería: ¿A quien quieren que suelte en esta fiesta de la pascua? ¿A Barrabás, nombre del peligroso prisionero, o, burlándose por supuesto, al rey de los judíos? De todo corazón, Poncio Pilato esperaba que temiendo la peligrosidad de Barrabás, la gente pida que ponga en libertad al Señor Jesús, y problema resuelto para él. Pero el plan no funcionó en absoluto, porque azuzada por los líderes judíos, la respuesta de la gente fue: No al Señor Jesús, sino a Barrabás. Juan menciona que Barrabás era ladrón. En este hecho encontramos un hermoso cuadro del sacrificio sustitutorio del Señor Jesús. Barrabás el culpable, porque era ladrón, está en libertad, a cambio del Señor Jesús, el inocente, quien tiene que sufrir el castigo del culpable. Esto es exactamente lo que sucedió en el plano espiritual con cada uno de nosotros los que hemos recibido al Señor Jesús como nuestro Salvador. Pilato se vio forzado entonces a buscar otra estrategia par evitar tener que condenar al Señor Jesús. Esta vez pensó que si torturaba al Señor Jesús, hasta lo máximo que podía soportar, tal vez los judíos tengan lástima y acepten dejarlo en libertad. Fue así, como en primer lugar, Pilato hizo azotar al Señor Jesús. Esta forma de suplicio es en extremo cruel. Con su torso desnudo, de pie, el reo era amarrado a un poste fijo en el suelo. Luego venía el verdugo, con un azote de varios látigos de cuero, que terminaban en una especie de garfios hechos de hueso o de metal. La idea era que al caer el látigo sobre la espalda del reo, estos garfios se incrusten en la piel y cuando el verdugo retiraba el látigo, los garfios desgarraban la piel. El reo era literalmente despellejado en vida. No contento con esto, Pilato ordenó que sus soldados tejan una corona de espinas y la claven sobre la cabeza del Señor Jesús. La corona de espinas se fabricaba de un arbusto cuyas ramas producían afiladas espinas de poco más de dos centímetros de longitud. Interesante que como consecuencia de la entrada del pecado en el mundo, la tierra fue condenada a producir espinos y cardos. Este resultado del pecado fue puesto sobre la bendita cabeza del Salvador, en una manera simbólica de mostrar que lo que estaba padeciendo fue la consecuencia del pecado en el mundo. El Señor Jesús debe haber estado al borde del colapso como resultado del brutal castigo. Pero eso no fue suficiente porque burlándose del Señor Jesús, Pilato ordenó que le cubran con un manto de púrpura, a la usanza de los reyes. Vestido así, la tropa romana pasaba, uno a uno, parándose frente a él y en son de moga le decían: ¡Salve, Rey de los judíos! Acto seguido, le daban de bofetadas. Luego de semejante muestra de odio y desprecio al Señor Jesús, salió Pilato del pretorio y anunció a los judíos que estaban fuera, que estaban por ver lo que había hecho al Señor Jesús, y sin embargo no había hallado ningún delito en él. Era la segunda vez que Pilato reconocía que el Señor es inocente. Algo como para meditar es que en la celebración de la fiesta de la pascua, los sacerdotes del templo tenían la responsabilidad de examinar los corderos que se iban a sacrificar para asegurarse de que no tengan ningún defecto, pero en esta pascua específica fue Pilato, un romano, quien examinó de la manera más brutal al Cordero de Dios, y su conclusión fue: No hay delito en él. El Cordero de Dios es perfecto. Acto seguido Pilato hizo salir del pretorio el Señor Jesús, con la corona de espinas sobre su cabeza, y con el manto de púrpura, y seguramente señalando al Señor Jesús exclamó: ¡He aquí el hombre! Tal vez Pilato esperaba que los judíos tuvieran al menos algo de compasión por ver a un ser humano deformado por el castigo recibido, y como resultado pidan que lo ponga en libertad, pero no. El odio de los líderes judíos contra el Señor Jesús era de tal magnitud que todos a una, principales sacerdotes y alguaciles, clamaban a gran voz diciendo: Crucifícale, crucifícale. En algunos de los otros evangelios se ve que los líderes judíos azuzaron a la multitud a pedir la crucifixión del Señor Jesús. Las multitudes son fáciles de manipular y no siempre las multitudes tienen la razón. Esta es la primera vez que aparece la palabra “crucifícale” o crucifixión en el evangelio según Juan. Era lo que tanto habían añorado los líderes judíos. No estarían conformes con apedrear al Señor Jesús. Buscaban algo más horrendo, la crucifixión, algo que solamente los bárbaros lo hacían. Sin embargo, todo esto no era sino el cumplimiento de lo que Dios en su soberanía había determinado para su amado Hijo como pago por el pecado, para satisfacer su perfecta justicia. ¿Qué hizo Pilato cuando oyó el clamor de los líderes judíos y la multitud? Juan relata la vergonzosa acción de Poncio Pilato. Conforme a lo impío de su carácter dijo: Tomadle vosotros, y crucificadle; porque yo no hallo delito en él. Es la tercera vez que Pilato abiertamente afirma la inocencia del Señor Jesús. Sin embargo, contrario a toda lógica dice a la multitud eufórica: Tomadle vosotros y crucificadle. Incomprensible acción. Pilato traicionando sus convicciones sobre el Señor Jesús, haciendo totalmente lo opuesto a lo que creía. ¿Cuál habrá sido la motivación para que Pilato actúe de esta manera? Pues su codicia por mantener sus privilegios como procurador romano. ¿Para qué hacer algo, aunque sea justo, si como resultado pudiera poner en peligro sus malsanos intereses? Pero una vez más, jamás quitemos la vista que quien estaba moviendo todos los hilos de lo que pasaba era la mano soberana de Dios. Lo que estaba pasando tenía que pasar porque Dios así lo determinó. Sin embargo, los actores de los hechos condenables no están libres de culpa, y en consecuencia ya están sufriendo la debida retribución por sus fechorías. Al oír a Pilato por tercera vez decir que no hallaba delito en el Señor Jesús, los líderes judíos le respondieron: Nosotros tenemos una ley, y según nuestra ley debe morir, porque se hizo a sí mismo Hijo de Dios. Este comentario de los líderes judíos tenía como propósito calmar en algo a Pilato por su decisión de permitir que el Señor Jesús sea crucificado a pesar que no había hallado ningún delito en él. Era como decir: Pilato, no te preocupes, porque este hombre tiene que morir de todas maneras, porque ha blasfemado contra Dios al hacerse a sí mismo Hijo de Dios. Los líderes judíos se negaban rotundamente a reconocer que el Señor Jesús es Dios. Cuando Pilato oyó esto, se preocupó aún más, pero esto será tema de nuestro próximo estudio bíblico.

El relato que hace Juan de la comparecencia del Señor Jesús

El último diálogo entre Pilato y el Señor Jesús