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La realidad del odio del mundo hacia los creyentes

Cordiales saludos amable oyente. Soy David Logacho dándole la bienvenida al estudio bíblico de hoy. Estamos estudiando el evangelio según Juan. En esta oportunidad vamos a considerar lo que el Señor Jesús enseñó a sus discípulos en cuanto a la realidad del odio del mundo hacia los creyentes.

Le invito a abrir su Biblia en Juan 15:18-27. Este pasaje bíblico tiene que ver con una realidad que el Señor Jesús jamás lo ocultó. Me refiero al odio que el mundo manifestó hacia él y manifestará también hacia sus seguidores. Lo primero que notamos es la realidad del odio. Juan 15: 18-20 dice: Si el mundo os aborrece, sabed que a mí me ha aborrecido antes que a vosotros.
Joh 15:19  Si fuerais del mundo, el mundo amaría lo suyo; pero porque no sois del mundo, antes yo os elegí del mundo, por eso el mundo os aborrece.
Joh 15:20  Acordaos de la palabra que yo os he dicho: El siervo no es mayor que su señor.(B) Si a mí me han perseguido, también a vosotros os perseguirán; si han guardado mi palabra, también guardarán la vuestra.
El Señor Jesús no está diciendo que es posible que el mundo aborrezca a sus discípulos, sino que el mundo va a aborrecer a sus discípulos. Esto es una realidad. Pero ¿Qué es el mundo? O a ¿qué se refiere el Señor Jesús cuando habla del mundo? Pues, la palabra mundo puede referirse a al menos tres cosas en la Biblia. Número uno a la tierra, como planeta, como en Juan 1:10 cuando dice que el mundo por él fue hecho. Número dos a la humanidad en su totalidad, como en Juan 3:16 cuando dice que de tal manera amó Dios al mundo. Número tres a la gente, los planes, las organizaciones, las actividades, la filosofía, los valores de una sociedad en la cual la persona de Dios, o la palabra de Dios, o el pueblo de Dios no son bienvenidos. Es a esto a lo que se refiere el Señor Jesús en el pasaje bíblico que estamos estudiando. Es este mundo el que tanto aborreció al Señor Jesús, y también aborrece a todos los que somos sus seguidores. Por esto el Señor Jesús dijo a sus discípulos: Si el mundo os aborrece, sabed que a mí me ha aborrecido antes que a vosotros. Interesante que parte de este mundo es también la religión con todos sus ritos vacíos de realidad, como fue el judaísmo del tiempo del Señor Jesús, que se opuso con furia a la persona del Señor Jesús rechazándolo como el Mesías o el Cristo o el Hijo de Dios. El Señor Jesús dijo a sus discípulos que si ellos fueran parte del mundo, el mundo los amaría, pero como fueron elegidos del mundo por el Señor Jesús, dejaron de ser parte del mundo, y pasaron a identificarse con el Señor Jesús. Esta es la razón por la cual el mundo los aborrece. En esto también se manifiesta la absoluta unidad que existe en el creyente y el Señor Jesús. Las personas que persiguen al Señor Jesús, también persiguen a los que somos creyentes. De la misma manera. Las personas que aprecian al Señor Jesús, también apreciarán a los que somos creyentes. El Señor Jesús encerró este concepto en su solemne declaración de que el siervo no es mayor que su Señor. Si el mundo hizo todo lo que quiso en contra del Señor Jesús, a pesar de todo lo que es el Señor Jesús, ¿Cómo va a hacer menos con personas como nosotros creyentes, que de ninguna manera podemos igualarnos ni de lejos al Señor Jesús? Así que amigo oyente, si como creyente se ha sentido como pez fuera del agua, por la actitud hostil del sistema que impera en este mundo, no se alarme. Es natural. El Señor Jesús ya lo dijo. El mundo está haciendo lo que también hizo con el Señor Jesús. No digo que sea placentero ser aborrecido por el mundo, pero los creyentes debemos considerarnos bienaventurados cuando padecemos por causa de la justicia. 1 Pedro 3:13 dice: Mas también si alguna cosa padecéis por causa de la justicia, bienaventurados sois. Muy bien. Ya sabemos que el mundo aborrece al Señor Jesús y también a los que somos sus seguidores, porque estamos identificados con el Señor Jesús. Pero, ¿Cuál es la razón para este aborrecimiento? En segundo lugar tenemos la razón para el odio. Juan 15:21 dice: Mas todo esto os harán por causa de mi nombre, porque no conocen al que me ha enviado.
El odio del mundo tanto al Señor Jesús, como a los que somos sus seguidores se debe a una sola razón. Es porque los que son del mundo no conocen al Padre celestial, quien envió a su Hijo, el Señor Jesús. Por supuesto que la mayoría de los que son del mundo, jamás negarían la existencia de Dios, inclusive afirmarían que creen en Dios, pero a su manera, siguiendo su propio razonamiento y tal vez apoyados por los dogmas o los ritos de alguna religión, cualquiera que sea. Personas así, hablan de Dios, pero no conocen a Dios. ¿Por qué? Pues porque la única manera de conocer a Dios es por medio de recibir al Señor Jesús como Salvador. El verbo conocer, en este texto, no significa saber cosas sobre Dios, sino tener una relación estrecha e íntima con Dios. Esta relación resulta de recibir al Señor Jesús como Salvador, porque el Señor Jesús es el único camino a Dios, no hay otro. Él mismo dijo según Juan 14:6: Yo soy el camino y la verdad y la vida, nadie viene al Padre sino por mí. Las personas que aborrecieron tanto al Señor Jesús, lo hicieron porque no conocían a Dios. Las personas que hoy en día aborrecen a los que somos creyentes, lo hacen por la misma razón, no conocen a Dios, aunque se llenen la boca afirmando que creen en Dios. En tercer lugar el Señor Jesús se refirió al resultado del odio. Juan 15:22-24 dice: Si yo no hubiera venido, ni les hubiera hablado, no tendrían pecado; pero ahora no tienen excusa por su pecado.
Joh 15:23  El que me aborrece a mí, también a mi Padre aborrece.
Joh 15:24  Si yo no hubiese hecho entre ellos obras que ningún otro ha hecho, no tendrían pecado; pero ahora han visto y han aborrecido a mí y a mi Padre.
Estas son palabras muy tristes amable oyente. El mundo aborreció al Señor Jesús. El mundo aborrece a los que somos seguidores del Señor Jesús. Lo hace porque el mundo no conoce a Dios. Esto tiene un resultado en extremo funesto. El Señor Jesús dijo: No tienen excusa por su pecado. ¿Cuál fue el pecado? Pues el pecado fue rechazar al Señor Jesús. Lo que pasa es que el Señor Jesús vino a mostrar al Padre, a hablar a nombre del Padre, pero el mundo no quiso saber nada de él. De esta manera, el mundo se fue en contra del Padre. Por eso el Señor Jesús dijo: El que me aborrece a mí, también a mi Padre aborrece. El mundo no tiene excusa por este pecado. Pero además de hablar a nombre del Padre, el Señor Jesús hizo obras que ningún otro ha hecho. Esta era otra manera de demostrar que el Señor Jesús había sido enviado por el Padre. El mundo contempló estas obras sobrenaturales, pero en lugar de recibir al Señor Jesús, el mundo le aborreció. Por haber aborrecido al Señor Jesús, el mundo también aborreció al Padre. Es del todo lamentable amado oyente. El mundo cerró sus oídos al Señor Jesús y cerró sus ojos al Señor Jesús y como resultado no conoció al Padre. No hay excusa por este pecado. Lo único que queda es recibir el castigo que Dios ha determinado para todo aquel que rechaza a Cristo como Salvador, esto es, condenación eterna. Si jamás ha recibido a Cristo como su Salvador, amable oyente, usted está en el mismo grupo de todos aquellos que cerraron sus oídos y sus ojos para no recibir al Señor Jesús, y hoy están ya en condenación eterna. No siga en esa misma dirección. Ahora tiene su oportunidad para abrir sus oídos y sus ojos y reconocer que necesita del Salvador. Recíbalo como su único y suficiente Salvador y tendrá vida eterna en lugar de eterna condenación. En cuarto lugar, el Señor Jesús concluye esta parte haciendo una reflexión acerca de la manera como los creyentes podemos enfrentar el odio del mundo con éxito. Juan 15:25-27 dice: Pero esto es para que se cumpla la palabra que está escrita en su ley: Sin causa me aborrecieron.(C)
Joh 15:26  Pero cuando venga el Consolador, a quien yo os enviaré del Padre, el Espíritu de verdad, el cual procede del Padre, él dará testimonio acerca de mí.
Joh 15:27  Y vosotros daréis testimonio también, porque habéis estado conmigo desde el principio.
Refiriéndose al odio del mundo hacia él, el Señor Jesús dijo que esto no fue un accidente, o algo no previsto. No. De ninguna manera. Esto fue el cumplimiento de algo que se había profetizado con anticipación. El Señor Jesús se refirió específicamente a textos como el que aparece en Salmo 109:3-5 donde dice: Con palabras de odio me han rodeado,
Y pelearon contra mí sin causa.
Psa 109:4  En pago de mi amor me han sido adversarios;
Mas yo oraba.
Psa 109:5  Me devuelven mal por bien,
Y odio por amor.
Todo el odio que recibió el Señor Jesús cuando estuvo en la tierra, fue el cumplimiento de profecías como esto. Por eso el Señor Jesús dijo que el odio del mundo hacia él fue el cumplimiento de la palabra que está escrita en la ley, cuando dice: Sin causa me aborrecieron. El mundo aborrece al Señor Jesús y a los que somos sus seguidores, pero esto no debe hacernos desanimar de ninguna manera porque tenemos a nuestro favor la maravillosa ayuda del Espíritu Santo. La promesa del Señor Jesús fue que cuando venga el Consolador, otro nombre para el Espíritu Santo, el cual va a ser enviado del Padre por el Señor Jesús, el Espíritu de verdad, Él mismo dará testimonio acerca del Señor Jesús, para que los creyentes no tengamos la necesidad de hablar por nosotros mismos, sino que el Espíritu Santo hable por nosotros. Es lo que nos motiva a salir airosos de cualquier cosa que el mundo nos arroje en su odio hacia nosotros. De manera que, amable oyente, es de esperarse que el mundo nos aborrezca o nos odie por ser creyentes, por un lado es una prueba de que pertenecemos a Cristo y no somos parte del mundo y por otro lado, tenemos toda la ayuda para no permitir que el odio del mundo nos destruya.

El mandamiento de amarnos los unos a los otros

La obra del Espíritu Santo