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El Señor Jesús limpiando el templo en Jerusalén

Reciba cordiales saludos amable oyente. Soy David Logacho, dándole la bienvenida al estudio bíblico de hoy en el evangelio según Juan. En nuestro último estudio bíblico vimos al Señor Jesús realizando el milagro de convertir agua en vino. El Señor Jesús usó su poder creador sobre los elementos de la naturaleza. La composición química del agua no tiene nada que ver con la composición química del vino. De esta manera el Señor Jesús demostró que es el Cristo, el Hijo de Dios. Juan dice que el Señor Jesús manifestó su gloria; y sus discípulos creyeron en él. En el estudio bíblico de hoy, veremos al Señor Jesús utilizando su autoridad como el Cristo, el Hijo de Dios, para limpiar el templo en Jerusalén.

Si tiene una Biblia a la mano, ábrala en Juan 2:12-25. Antes de relatar la limpieza del templo, Juan menciona lo que sucedió después de realizar el milagro de transformar el agua en vino. Juan 2:12 dice: Después de esto descendieron a Capernaum,(B) él, su madre, sus hermanos y sus discípulos; y estuvieron allí no muchos días.
Después del milagro en las bodas de Caná, el Señor Jesús, acompañado de su madre María descendió a Capernaum. Le acompañaban sus hermanos, digamos mejor, sus medio hermanos, porque se trata de los hijos que María tuvo con su esposo José, y sus discípulos. Caná estaba en las montañas en las inmediaciones de Nazaret, Capernaum estaba a orillas del mar de Galilea, por eso Juan dice que descendieron a Capernaum. Juan afirma que no se quedaron muchos días en Capernaum porque muy pronto tenían que viajar hacia Jerusalén en Judea. Note lo que dice Juan 2:13. Estaba cerca la pascua(C) de los judíos; y subió Jesús a Jerusalén,
La pascua conmemoraba la liberación del pueblo de Israel de la esclavitud en Egipto, después que Jehová pasaba por alto las casas de los israelitas, cuyos dinteles habían sido rociados con la sangre de un cordero inmolado y libraba de la muerte al primogénito que estaba dentro de aquella casa. Los judíos tenían que escoger un cordero el 10 del mes de Nisán y celebraban la pascua el 14 de ese mes. Sacrificaban el cordero entre las tres y las seis de la tarde y lo comían asado por la noche. Todo judío estaba obligado por la ley que Dios dio a Israel por medio de Moisés a hacer peregrinación a Jerusalén con ocasión de esta fiesta. Conforme a lo dicho, el Señor Jesús subió a Jerusalén. Esto de subir se debe a que Galilea estaba muy por debajo de la ciudad de Jerusalén en cuanto a altitud sobre el nivel del mar. En algún momento, el Señor Jesús debe haber entrado en el templo de Jerusalén y lo que encontró no fue en absoluto agradable. Note lo que dice Juan 2:14. y halló en el templo a los que vendían bueyes, ovejas y palomas, y a los cambistas allí sentados.
Esto es lo que el Señor Jesús vio en los patios exteriores del templo. Lo que pasa es que para la celebración de la pascua, venía al templo gente de muchos lugares. Por el hecho que muchos tenían que recorrer largas distancias era inconveniente traer consigo los animales que necesitaban para el sacrificio. De esto se aprovechaban los negociantes de animales quienes aprovechaban de la ocasión para hacer negocio redondo vendiendo animales para el sacrificio. Estos eran los que copaban los patios exteriores del templo con sus bueyes, ovejas y palomas. La presencia de los cambistas obedecía al hecho que cada judío mayor de veinte años tenía que pagar un tributo anual al templo, pero este pago se debía hacer en moneda del templo. Los que no tenían esta moneda tenían que cambiar su dinero corriente en moneda del templo. Hacían lo que hoy se hace en una casa de cambio. Los cambistas abusaban de la necesidad de la gente y obtenían cuantiosas ganancias en su negocio. De manera que los patios exteriores del templo se convertía en un gigantesco mercado. Es muy probable que quienes patrocinaban este jugoso negocio hayan sido los mismos líderes de Israel. Es la típica tendencia humana de hacer negocio con la religión. Hoy pasa lo mismo en muchos círculos tanto evangélicos como no evangélicos. Sólo póngase a pensar en la opulencia que les rodea los propulsores del evangelio de la prosperidad. Son las ganancias deshonestas del negocio de la religión. Exactamente lo que hacía la gente en la fiesta de pascua cuando el Señor Jesús entró en el templo. Al mirar este deprimente cuadro, note lo que hizo el Señor Jesús. Juan 2:15-16 dice: Y haciendo un azote de cuerdas, echó fuera del templo a todos, y las ovejas y los bueyes; y esparció las monedas de los cambistas, y volcó las mesas;
Joh 2:16  y dijo a los que vendían palomas: Quitad de aquí esto, y no hagáis de la casa de mi Padre casa de mercado.
El Señor Jesús es el Cristo, el Hijo de Dios y con esa autoridad se hizo un azote de cuerdas y con azote en mano echó fuera del templo a todos. Los trató como lo que eran, basura. Junto con ellos echó fuera a los animales que vendían, las palomas, las ovejas, los bueyes. Los cambistas no se escaparon. Fueron arrojados fuera. Las monedas rodaban por el piso porque el Señor Jesús volcó las mesas de los cambistas. Luego se oyó la voz del Señor Jesús diciendo: Quitad de aquí esto, y no hagáis de la casa de mi Padre casa de mercado. En el relato de un episodio similar que recogen Mateo, Marcos, y Lucas en sus respectivos evangelios, el Señor Jesús dijo: Mi casa, casa de oración será llamada; mas vosotros la habéis convertido en cueva de ladrones. La cueva de ladrones es el lugar donde los ladrones llevan el botín para repartírselo. A esto fue reducido el templo en Jerusalén. Lo que acaba de hacer el Señor Jesús es otra prueba de que él es el Cristo, el Hijo de Dios, por cuanto el Antiguo Testamento dice que cuando venga el Cristo iba a limpiar su templo. Note lo que dice Juan 2:17 Entonces se acordaron sus discípulos que está escrito: El celo de tu casa me consume.
Esto es justamente lo que dice Salmo 69:9 donde dice: Porque me consumió el celo de tu casa;(B)
Y los denuestos de los que te vituperaban cayeron sobre mí
A todo esto, ¿Qué hicieron los judíos, o el famoso sanedrín, o los líderes de los judíos? Juan lo recoge en Juan 2:18. La Biblia dice: Y los judíos respondieron y le dijeron: ¿Qué señal nos muestras, ya que haces esto?
Es la flor y nata del Israel de aquel tiempo, confrontando al Señor Jesús con lo que acababa de hacer. Si hiciste algo tan osado en el templo ¿Qué autoridad tienes? A esto apuntaba la pregunta que hicieron ¿Qué señal nos muestras? Se supone que los líderes judíos eran los que tenían la última palabra en el templo, al menos eso es lo que pensaban, pero de pronto viene alguien a quien ellos no conocen a hacer algo que ellos no habían autorizado. ¿Cómo puede ser esto? ¿Qué señal nos muestras para que nosotros sepamos que tienes autoridad? ¿Cómo respondió el Señor Jesús? Juan 2:19 dice: Respondió Jesús y les dijo: Destruid este templo, y en tres días lo levantaré.(
En respuesta, el Señor Jesús hace una asombrosa referencia a su muerte y resurrección. Les dice en esencia: Ustedes van a destruir un día mi cuerpo, este templo, pero en tres días lo levantaré. Esta declaración del Señor Jesús también comprueba su deidad. Solamente alguien como Dios podría decir: En tres días lo levantaré. Los judíos oyeron las palabras, pero estaban ciegos a su significado. Esto se hace obvio por la respuesta que dieron a Jesús. Se encuentra en Juan 12:20. La Biblia dice: Dijeron luego los judíos: En cuarenta y seis años fue edificado este templo, ¿y tú en tres días lo levantarás?
Los judíos pensaron que el Señor Jesús estaba hablando del templo que en ese momento se levantaba en Jerusalén, templo que fue planificado y construido en gran parte por Herodes el grande. Era una edificación impresionante que había tomado cuarenta y seis años en construirse. ¿Cómo es que el Señor Jesús lo iba a levantar en tres días? El Señor Jesús no estaba hablando del templo construido por Herodes sino de otra cosa. Juan nos muestra de qué. Juan 2:21 dice: Mas él hablaba del templo de su cuerpo.
El Señor Jesús se estaba refiriendo a su cuerpo, el cual iba a ser entregado a muerte por los judíos, pero que iba a resucitar al tercer día. Juan pone cuidado al mencionar que tampoco los discípulos entendieron muy bien lo que el Señor Jesús dijo a los judíos en ese momento, sino después que el Señor Jesús murió y resucitó al tercer día. Esto registra Juan en el versículo 22. La Biblia dice: Por tanto, cuando resucitó de entre los muertos, sus discípulos se acordaron que había dicho esto; y creyeron la Escritura y la palabra que Jesús había dicho.
Algunas cosas que sucedieron durante el ministerio del Señor Jesús en la tierra no fueron comprendidas sino hasta después de su muerte y resurrección. Esta es una. Juan dice que cuando el Señor Jesús murió y resucitó al tercer día, los discípulos se acordaron de lo que el Señor dijo a los judíos, y todo llegó a tener sentido. Esto permitió que los discípulos crean la Escritura y crean la palabra que el Señor Jesús había dicho. El pasaje bíblico termina mostrando la reacción de la gente que estaba en ese lugar en esas circunstancias. Juan 2:23-25 dice: Estando en Jerusalén en la fiesta de la pascua, muchos creyeron en su nombre, viendo las señales que hacía.
Joh 2:24  Pero Jesús mismo no se fiaba de ellos, porque conocía a todos,
Joh 2:25  y no tenía necesidad de que nadie le diese testimonio del hombre, pues él sabía lo que había en el hombre.
Después de todo lo que pasó, el Señor Jesús y sus discípulos se ocuparon en lo que normalmente se hacía en la fiesta de la pascua. Además, el Señor Jesús hizo varias señales, todas ellas para confirmar que es el Cristo, el Mesías, el Hijo de Dios, Dios mismo. Muchos manifestaron creer en él viendo las señales que hacía, pero el Señor Jesús conocía los corazones de todos los que decían que creían en él y sabía que algunos en realidad no creían en él a pesar de ver las señales que hacía, aunque de labios para afuera decían creer en él. Esto es otra evidencia de la deidad del Señor Jesús. Él no tenía necesidad de que nadie le diese testimonio del hombre. Él no necesitaba cartas de recomendación porque sabía a la perfección lo que había en cada hombre. Sólo Dios puede hacer esto. El Señor Jesús es Dios.

El milagro de Caná

El diálogo entre el Señor Jesús y Nicodemo