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El Señor Jesús enseñando cosas importantes

Es muy grato saludarle amiga, amigo oyente. Soy David Logacho, dándole también la bienvenida al estudio bíblico de hoy. Continuamos con el estudio del evangelio según Juan. En esta oportunidad veremos al Señor Jesús enseñando cosas importantes que para los discípulos a quienes enseñó estas cosas era algo futuro, pero para nosotros es algo presente.

Abramos nuestras Biblias en Juan 16:16-33. Este pasaje bíblico comienza con una afirmación intrigante que hizo el Señor Jesús a los once apóstoles. Juan 16:16 dice: Todavía un poco, y no me veréis; y de nuevo un poco, y me veréis; porque yo voy al Padre.
Los once apóstoles oyeron las palabras que pronunció el Señor Jesús, pero no podían entender su significado. Veamos cuál fue la reacción de los once. Juan 16:17-18 dice: Entonces se dijeron algunos de sus discípulos unos a otros: ¿Qué es esto que nos dice: Todavía un poco y no me veréis; y de nuevo un poco, y me veréis; y, porque yo voy al Padre?
Joh 16:18  Decían, pues: ¿Qué quiere decir con: Todavía un poco? No entendemos lo que habla.
Al oír la afirmación intrigante del Señor Jesús y no entender su significado, los once comenzaron a hablar entre ellos diciendo: ¿Qué querrá decir el Señor Jesús cuando dice: Todavía un poco y no me veréis; y de nuevo un poco, y me veréis? Además, ¿A qué se referirá el Señor Jesús cuando dice que todo esto es porque se va al Padre? Tal vez esto último lo entendían más o menos, porque en otras ocasiones el Señor Jesús ya les había dicho que estaba por ir a su Padre, pero esto de que todavía un poco, y no me veréis; y de nuevo un poco, y me veréis, esto sí que no lo podían entender. Su conclusión fue: No entendemos lo que habla. Qué triste, amable oyente. Tenían a la mano al Señor Jesús para que les explique, pero en lugar de preguntarle, se dedicaron a compartir ignorancia entre ellos. Les pasó lo mismo que con frecuencia nos suele pasar a nosotros cuando leemos algo en la Biblia y no lo entendemos. Algunas veces simplemente nos quedamos con la duda, pero otras veces, recurrimos a fuentes que no son confiables para buscar una explicación y el resultado es idéntico a lo que les pasó a los once, nos encontramos compartiendo ignorancia. Los once eran tan humanos como nosotros. Fue en estas circunstancias que intervino el Señor Jesús para arrojar luz a las tinieblas en que se encontraban los once. Juan 16:19-20 dice: Jesús conoció que querían preguntarle, y les dijo: ¿Preguntáis entre vosotros acerca de esto que dije: Todavía un poco y no me veréis, y de nuevo un poco y me veréis?
Joh 16:20  De cierto, de cierto os digo, que vosotros lloraréis y lamentaréis, y el mundo se alegrará; pero aunque vosotros estéis tristes, vuestra tristeza se convertirá en gozo.
Aquí tenemos una evidencia más de la deidad del Señor Jesús. Los once no le preguntaron nada, pero el Señor Jesús sabía que querían preguntarle algo. Inclusive, el Señor Jesús sabía la pregunta que querían hacerle. Por eso les dijo: ¿Preguntáis entre vosotros acerca de esto que dije: Todavía un poco y no me veréis, y de nuevo un poco y me veréis? Me imagino yo, que los once habrán asentido con la cabeza, de modo que el Señor Jesús les va a explicar el asunto. Introduce su explicación con la memorable frase: De cierto, de cierto os digo. Frase que el Señor Jesús utilizaba para referirse a algo de capital importancia. El significado de su dicho era que dentro de poco, los once iban a llorar y lamentar, mientras el mundo controlado por Satanás se iba a alegrar; pero eso es sólo parte de la historia. El resto de la historia, es que después de un poco, aunque los once estén tristes, sin embargo, su tristeza se va a convertir en gozo. ¿A qué se refería el Señor Jesús? Pues a su muerte, su resurrección, su ascensión a la gloria de su Padre y al descenso del Espíritu Santo. Mírelo así amable oyente. Cuando el Señor Jesús murió en la cruz, sus discípulos lloraban mientras el mundo reía. Pero este llanto de sus discípulos se convirtió en gozo, cuando el Señor Jesús iba a resucitar de entre los muertos y cuando iba a volver al seno de su Padre, lo cual haría que el Espíritu Santo, el vicario del Señor Jesús, el otro Consolador, descienda sobre los discípulos para estar con ellos para siempre. Esto iba a ser motivo de gozo sin igual para esos apesadumbrados discípulos. La tristeza se iba a convertir en gozo. Para una mejor comprensión, el Señor Jesús utiliza una ilustración apropiada. Juan 16:21 dice: La mujer cuando da a luz, tiene dolor, porque ha llegado su hora; pero después que ha dado a luz un niño, ya no se acuerda de la angustia, por el gozo de que haya nacido un hombre en el mundo.
Así como los dolores de parto de una mujer que da a luz, se transforman en gozo cuando el recién nacido es puesto en los brazos de la mujer, lo mismo va a acontecer con sus discípulos. Note como el Señor Jesús aplica esta ilustración según Juan 16:22 También vosotros ahora tenéis tristeza; pero os volveré a ver, y se gozará vuestro corazón, y nadie os quitará vuestro gozo.
La tristeza que estaban experimentando los discípulos, comparable a los dolores de parto de la mujer que da a luz, se transformará en un gozo que nadie lo puede quitar, cuando el Señor Jesús les vuelva a ver. Esto no se refiere sólo a la resurrección del Señor Jesús, sino principalmente a la venida del Espíritu Santo una vez que el Señor Jesús ascienda a la gloria de su Padre. No olvide amable oyente que el Espíritu Santo, el otro Consolador, es el que hace las veces del Señor Jesús en la vida de cada creyente. En el Espíritu Santo, el Señor Jesús volverá a ver a sus discípulos. Esto será motivo de gozo sin igual y gozo que nadie puede quitarlo. Pero esto no es lo único que sucederá una vez que el Señor Jesús se vaya a su Padre y venga el Espíritu Santo. Además de gozo a raudales, habrá respuesta a las oraciones. Esto es lo que el Señor Jesús dijo a sus discípulos según Juan 16:23-24. La Biblia dice: En aquel día no me preguntaréis nada. De cierto, de cierto os digo, que todo cuanto pidiereis al Padre en mi nombre, os lo dará.
Joh 16:24  Hasta ahora nada habéis pedido en mi nombre; pedid, y recibiréis, para que vuestro gozo sea cumplido.
Cuando el Señor Jesús habla de aquel día, se está refiriendo al momento cuando el Espíritu Santo, el representante de Cristo en la tierra, venga sobre sus discípulos. Esto tuvo lugar en el día de Pentecostés cuando el Espíritu Santo descendió sobre los discípulos que estaban reunidos en el aposento alto en la ciudad de Jerusalén, según lo que leemos en Hechos capítulo 2. A partir de ese momento, los creyentes en general no tendremos necesidad de preguntar nada al Señor Jesús, porque él ya no está en el mundo, pero a cambio tenemos la maravillosa promesa de que todo cuanto pidamos al Padre, en el nombre del Hijo, el Padre nos dará. Esto es algo maravilloso amable oyente. El Señor Jesús lo garantiza con la memorable frase: De cierto, de cierto os digo. Pedir algo al Padre en el nombre del Hijo, no es lo mismo que pedir cualquier cosa que se nos ocurra, sino pedir al Padre aquello que su Hijo también le pediría. Esto garantiza la respuesta positiva del Padre, porque jamás el Hijo pediría algo que no es la voluntad de su Padre. Hasta ese momento, los discípulos nunca habían pedido nada al Padre en el nombre del Hijo, porque el Hijo estaba con ellos, pero una vez que el Hijo se vaya al Padre, entonces los discípulos podrán pedir al Padre en el nombre del Hijo, y lo que pidan lo recibirán. Esto traerá gozo sin igual a los discípulos. El gozo será pleno, o total, o cumplido, como dice el texto. La partida del Señor Jesús y la venida del Espíritu Santo, hará posible que el Señor Jesús ya no hable a sus discípulos en alegorías, sino que claramente anunciará acerca de su Padre. Esto es otro beneficio de la venida del Espíritu Santo. Note lo que dice Juan 16:25-28 dice: Estas cosas os he hablado en alegorías; la hora viene cuando ya no os hablaré por alegorías, sino que claramente os anunciaré acerca del Padre.
Joh 16:26  En aquel día pediréis en mi nombre; y no os digo que yo rogaré al Padre por vosotros,
Joh 16:27  pues el Padre mismo os ama, porque vosotros me habéis amado, y habéis creído que yo salí de Dios.
Salí del Padre, y he venido al mundo; otra vez dejo el mundo, y voy al Padre.

Una alegoría es un dicho que esconde una verdad espiritual. Después de la muerte y resurrección del Señor Jesús y una vez que venga el Espíritu Santo, el Señor Jesús ya no hablará por alegorías, sino que anunciará claramente acerca del Padre. El Espíritu Santo se ocupará de que los creyentes comprendan esa verdad. Además, cuando el Espíritu Santo haya venido, los creyentes pediremos al Padre en el nombre del Hijo, y no es que el Hijo tendrá que rogar al Padre para que responda los pedidos de los creyentes, sino que el Padre responderá por sí mismo, porque el Padre ama a los creyentes debido a que los creyentes aman al Señor Jesús y creen que el Señor Jesús salió de Dios. El Señor Jesús salió del Padre y vino al mundo. Estaba por llegar el momento cuando deje el mundo y vaya al Padre. El Señor termina esta parte de su enseñanza, mostrando que otra ventaja que resulta de la venida del Espíritu Santo es la paz que podemos experimentar los creyentes en medio de la aflicción. Juan 16:29-33 dice: Le dijeron sus discípulos: He aquí ahora hablas claramente, y ninguna alegoría dices.
Joh 16:30  Ahora entendemos que sabes todas las cosas, y no necesitas que nadie te pregunte; por esto creemos que has salido de Dios.
Joh 16:31  Jesús les respondió: ¿Ahora creéis?
Joh 16:32  He aquí la hora viene, y ha venido ya, en que seréis esparcidos cada uno por su lado, y me dejaréis solo; mas no estoy solo, porque el Padre está conmigo.
Joh 16:33  Estas cosas os he hablado para que en mí tengáis paz. En el mundo tendréis aflicción; pero confiad, yo he vencido al mundo.
Los discípulos tenían absoluta certeza en cuanto a que el Señor Jesús había salido de Dios. Muy pronto esta fe estaba por ser puesta a prueba. Dentro de poco tiempo, los once iban a ser esparcidos cada cual por su lado, y el Señor se iba a quedar solo. Solo sin sus discípulos, pero bien acompañado de su Padre. En esos momentos, los discípulos tenían que aferrarse a las palabras que oyeron del Señor Jesús. El Espíritu Santo estará listo para ayudarles en estas circunstancias. El resultado será paz, pero no cualquier paz, sino la paz que sobrepasa todo entendimiento, la paz que proviene del Señor Jesús. El mundo parecerá como enorme gigante, listo a caer sobre los discípulos, pero no hay motivo para temblar ante él, porque tenemos al Señor Jesús de nuestro lado, y él ha vencido al mundo y está listo para compartir su victoria con nosotros. Amén.

La obra del Espíritu Santo

Oración que hace el Señor Jesús a su Padre celestial