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“Encendiendo un corazón decepcionado”

Si realmente estás vivo, tu corazón late con cientos de sueños por cumplir, así que déjame hacerte una pregunta, ¿tienes un sueño que anhelas profundamente? ¿Qué pasa si Dios dice que no?

¿Qué haces cuando tus más grandes sueños se hacen añicos y se deshacen en pedazos a tu alrededor? ¿Los arrojas a los recovecos de tu alma como testimonio de tu desilusión con Dios o le permites que los reforme de acuerdo con su voluntad? Hoy Ron Moore nos dirá cómo hacer esto y cómo avivar el fuego de un corazón entregado.

Quiero que pienses en un gran sueño que tienes. Es algo que anhelas profundamente pase en tu vida, pero ¿qué pasa si Dios dice que no?

Bien, toma tu Biblia y ve al capítulo 7 de 2 Samuel. Estamos involucrados en esta serie de sermones que hemos titulado “Encendiendo”. Nuestra oración es que Dios encienda todos nuestros corazones con una ardiente pasión para seguirlo fielmente. Elegimos a David, el rey del Antiguo Testamento, para guiarnos a través de esta serie porque sabemos que el corazón de David latía con el de Dios. Él era un hombre según el corazón de Dios. Él tenía un deseo ardiente de seguirlo. Sabemos que David siguió muy de cerca a Dios y sabemos que David pasó por momentos extremadamente difíciles en su vida. ¿Podemos relacionarnos con eso?

Mira el capítulo 7 en 2 Samuel versículos 1 y 2: «Aconteció que cuando ya el rey habitaba en su casa, después que Jehová le había dado reposo de todos sus enemigos en derredor, dijo el rey al profeta Natán: Mira ahora, yo habito en casa de cedro, y el arca de Dios está entre cortinas» Vamos a detenernos allí y pensar en esto: David está en uno de esos períodos de su vida en que las cosas están bien. Está tranquilo, las cosas son geniales en su vida, sabemos que no siempre fue así, pero ahora mismo las cosas están bien. David está disfrutando la vida en su palacio y finalmente, él es el rey sobre todo Israel. Recuerda que Samuel lo ungió como rey cuando tenía 15 años y tuvo cinco años de éxito. Pero desde los 20 a los 30 años fue perseguido por Saúl en todo el reino, y finalmente, cuando tiene 30 años, ha sido ungido rey en más de la mitad del reino, entonces él debe esperar otros siete años y medio, y finalmente a los treinta y siete años y medio, él es el rey de todo Israel.

Dios le había dado descanso de todos sus enemigos así que tenía que sentirse bien. Pero, aunque él sabía que no siempre sería así, él estaba experimentando, paz y disfrutaba de un momento de descanso de sus enemigos, pero esto es lo mejor de todo, el arca de la alianza estaba en Jerusalén. El Arca era la caja que Dios les había dicho a los israelitas que construyeran, esa caja representaba a su persona y su presencia. El Arca había sido capturada un par de veces y David había ido a buscarla, pero ahora ha vuelto a Jerusalén. Y entonces David está en este momento de gran paz en su vida y mira a su alrededor y piensa: “Aquí estoy viviendo en este gran palacio. Y el Arca de Dios que representa a Su persona y Su presencia, el Arca de Dios está afuera en una tienda, en el frío. ¡Eso no puede ser! ¿Cómo es que yo estoy viviendo aquí y Dios está viviendo en una tienda de campaña?”

Entonces David tenía en mente construir una gran estructura. Una magnífica estructura para Dios. Él quería construir el templo para que esa Arca se asentara y todos pudieran venir y decir que tu Dios debe ser magnífico. Entonces le dice a Nathan: «Mira ahora, yo habito en casa de cedro, y el arca de Dios está entre cortinas” David comienza a hablar sobre el templo. Ahora vamos al versículo 3: «Y Natán dijo al rey: Anda, y haz todo lo que está en tu corazón, porque Jehová está contigo” Imagina esto:  un gran fuego ardiendo cerca de David y Natán, sentados allí mirando este fuego y ellos soñando con estos grandes sueños para Dios y Nathan no dicen nada durante mucho tiempo, sólo están soñando juntos y, finalmente Nathan se levanta y pone su mano sobre el hombro de David. Todavía no se dice una palabra y luego se va por la puerta y deja a David allí solo soñando grandes sueños para Dios. Ahora mira el versículo 4 «Aconteció aquella noche, que vino palabra de Jehová a Natán, diciendo: Ve y di a mi siervo David: Así ha dicho Jehová: ¿Tú me has de edificar casa en que yo more? » (2 Samuel 7: 4-5)

La misma historia se registra en 1 Crónicas capítulo 17 y allí el autor lo pone mucho más directo. Versículos 3 y 4 «En aquella misma noche vino palabra de Dios a Natán, diciendo: Ve y di a David mi siervo: Así ha dicho Jehová: Tú no me edificarás casa en que habite». David te quiero, estoy contigo. Yo soy tu Dios. Tu corazón late después del mío, me encanta eso de ti David, pero tengo que decirte algo sobre ese sueño, la respuesta es no. En Crónicas, Dios explica su razón y dice: “eres un guerrero, tú no eres un constructor, tienes sangre en tus manos y quiero que la persona que construye mi casa tenga manos puras, de hecho, va a ser tu hijo, Salomón. Entonces David, con respecto a tu sueño, la respuesta es no”.

Ahora la buena noticia es que Dios siempre responderá a nuestra oración, siempre. A veces la respuesta es un “sí” a veces es un “espera” y a veces es un “no” Sabemos que esto podría suceder, sabemos que hay una posibilidad, estamos esperando a Dios y algunas veces la respuesta será un “no” y sabes eso no es tan malo, eso quiere decir que la espera ha terminado, Dios dice que no.

David, no eres la persona para construir el templo. Esta no es la persona con la que quiero que te cases. Esta no es la universidad a la que quiero que asistas. Esta no es la posición que quiero que tengas. Con respecto a esa inversión que quieres hacer, nunca va a suceder. La respuesta es no, y muchas veces será decepcionante, desgarrador y muy frustrante, pero Dios dice: ¿puedes confiar en mí? Esa no es mi voluntad para ti, no es mi plan, no es mi propósito, o es mi momento. Algunas veces la respuesta a nuestra oración más ferviente, consistente, sincera y suplicante será un “no”.

Tú puedes decir: bueno, no logro creer que eso sea del todo cierto. Apuesto a que hay más en esta historia, apuesto a que David no preguntó con los motivos correctos pues de otra forma no logro entender ¿por qué Dios no quiere siempre darnos el deseo de nuestro corazón? Quiero decir, ¿no es para eso para lo que Él está, para hacernos felices? Apuesto a que hay algo más en la historia. Apuesto a que David estaba un poco retorcido y tenía algo detrás de eso. Bueno, veamos que pasó en realidad. Vamos a 1 Reyes capítulo 8 verso 17. El tiempo ya pasó. David se fue, Salomón está hablando del templo y dice: «Y David mi padre tuvo en su corazón edificar casa al nombre de Jehová Dios de Israel» Es por eso que quiso construirlo. «Pero Jehová dijo a David mi padre: Cuanto a haber tenido en tu corazón edificar casa a mi nombre, bien has hecho en tener tal deseo» (1 Reyes 8:18). No hubo un motivo retorcido, las razones de David para construir el templo fueron puras. Dios dice: Querías construirlo para glorificar mi nombre, lo hiciste bien, todo fue sincero, gran sueño, David.

«Pero tú no edificarás la casa, sino tu hijo que saldrá de tus lomos, él edificará casa a mi nombre.» (1 Reyes 8:19) gran sueño David, pero “no”. Creo que durante esos momentos tienes un par de opciones: puedes enojarte mucho con Dios por no darte lo que quieres, puedes sentirte muy amargado con Dios por no darte la felicidad que mereces, puedes huir de Dios diciendo que si así es como va a jugar contigo, no quieres jugar más, o puede usar eso para tener un tiempo de crecimiento profundo en su confianza y eso es lo que Dios le está pidiendo que haga a David.

Dios enciende un corazón desilusionado con confianza. Entonces las preguntas deberían ser: ¿Se puede confiar en Dios? ¿Acaso es Él confiable? Y todos diríamos: -oh sí. Sí seguro, Dios puede ser confiable, Él es confiable. Ahora esta es la segunda pregunta, ¿puedes confiar en Dios? Yo puedo estar parado aquí todo el día, y hablar de cuán confiable es Dios, Él es un Dios confiable, basta con que miremos su Palabra, pero cuando no estoy aquí y las cosas pasan, y vienen problemas a mi vida, entonces ¿puedo confiar en Dios? Tú ¿puedes confiar en Dios cuando los problemas llegan a tu vida? Ese es el desafío, ¿cierto?

Al final de la guerra civil, algunos de los hombres que tenían la espantosa tarea de ir y recoger los cuerpos se encontraron con un soldado confederado que había muerto en la batalla. Y mientras miraban a través de sus pertenencias para descubrir quién era, se encontraron con una oración, esto es lo que decía: «Pido la fortaleza que pueda lograr. Fui debilitado para poder obedecer humildemente. Le pido a mi salud que haga cosas más importantes y le pido a mi enfermedad que pueda hacer cosas mejores. Pedí riquezas para ser feliz. Me dieron pobreza para que yo pudiera ser sabio. Pedí poder para poder elogiar a los hombres. Me dieron debilidad para poder sentir la necesidad de Dios. Pedí todo lo que podría disfrutar la vida. Me dieron la vida para que pudiera disfrutar de todas las cosas» Y luego escucha lo que sigue: «No obtuve nada de lo que pedí, sino todo lo que esperaba. Casi a pesar mío, mis oraciones no dichas fueron respondidas. Estoy entre los hombres más ricamente bendecidos.»

Puede que no obtengas nada de lo que pides, pero cuando estás siguiendo a Dios, obtendrás todo lo que esperabas. Dios no nos dará todo lo que queremos, pero nos dará todo lo que necesitamos.

Ahora quiero que veas la respuesta de David a esta noticia devastadora. David, no eres el hombre para construir el templo. Observe cómo responde David. Capítulo 7 versículo 18: «Y entró el rey David y se puso delante de Jehová». Él no entró erguido y alto de orgullo, diciendo: “Dios, ¿cómo te atreves? Soy un hombre según tu corazón. Pasé 10 años huyendo de Saul por ti, yo era el rey de más de la mitad del reino. Yo solo era un pastorcillo, no quería esto en mi vida. ¿Cómo te atreves a no hacer lo que quiero hacer?” No, David no dijo eso, ¿verdad? David va y se pone delante del Señor. Es como si esta conversación íntima tuviera lugar.

Escucha lo que dice de Jehová, y dijo: “Señor Jehová, ¿quién soy yo, y qué es mi casa, para que tú me hayas traído hasta aquí? Y aun te ha parecido poco esto, Señor Jehová, pues también has hablado de la casa de tu siervo en lo por venir. ¿Es así como procede el hombre, Señor Jehová? ¿Y qué más puede añadir David hablando contigo? Pues tú conoces a tu siervo, Señor Jehová.» (2 Samuel 7: 18-20). “Todas estas grandezas has hecho por tu palabra y conforme a tu corazón, haciéndolas saber a tu siervo. Por tanto, tú te has engrandecido, Jehová Dios; por cuanto no hay como tú, ni hay Dios fuera de ti, conforme a todo lo que hemos oído con nuestros oídos.» (2 Samuel 7: 21-22).

¿Cuántas veces crees que David dice eso en su oración? Hoy quiero dejarte una tarea, ¿Qué tal si le das un tiempo a leer y estudiar la palabra de Dios? Regresa a leer este capítulo y subraya y subraya cuantas veces David declara el sobrenatural poder de Dios.

 

“Encendiendo un corazón ciego”

“Encendiendo un corazón decepcionado 2”