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Un siervo de Jesucristo debe ser compasivo con los que cometen errores en su vida cristiana

Doy gracias a Dios por el privilegio de compartir este tiempo con usted, amable oyente. Bienvenida, bienvenido al estudio bíblico de hoy. Estamos estudiando la segunda carta de Pablo a los Corintios, en la serie titulada: El legado de un siervo de Jesucristo. En esta oportunidad vamos a aprender que un siervo de Jesucristo debe ser compasivo con los que cometen errores en su vida cristiana.

Si tiene una Biblia a la mano, ábrala en 2 Corintios capítulo 2. En este capítulo vemos un rasgo importante en la vida del apóstol Pablo como siervo de Jesucristo. Se trata de su corazón compasivo hacia aquellos que habían tropezado en su vida cristiana. Para entender mejor la porción bíblica que vamos a estudiar, es necesario hacer un poco de historia en cuanto a las circunstancias en las que Pablo escribió 2 Corintios. La primera vez que Pablo llegó a Corinto fue durante su segundo viaje misionero, ocasión en la cual se quedó 18 meses. Cuando salió de Corinto hacia Efeso, Pablo oyó de problemas de índole moral en la naciente iglesia de Corinto y les escribió una carta, a la cual hace referencia en 1 Corintios 5:9. Esta carta se ha perdido. Estando en Efeso Pablo recibió información preocupante sobre varios problemas en la iglesia en Corinto. Además, los mismos creyentes corintios le escribieron una carta pidiendo consejo. Ante esto, Pablo les escribió lo que conocemos como la 1 Corintios. Pensando quedarse más tiempo en Efeso, Pablo envió a Timoteo a Corinto. Mientras Timoteo estaba en Corinto, Pablo recibió noticias perturbadoras sobre lo que estaba pasando allí, debido a la presencia de falsos apóstoles. Dejando temporalmente la obra en Efeso, Pablo visitó brevemente Corinto. A esta visita se le conoce la visita dolorosa, de la cual se habla en 2 Corintios 2:1. Esta visita no dio el resultado que Pablo esperaba, y con mucha tristeza, Pablo volvió a Efeso. Estando en Efeso, Pablo escribió otra carta a Corinto. A esta carta se le conoce como la carta severa, de la cual habla 2 Corintios 2:4 y se la envió por medio de Tito. Esta carta también se ha perdido. Saliendo de Efeso a raíz de la revuelta de los plateros, Pablo salió hacia Troas en donde esperaba encontrarse con Tito para saber la reacción que había producido su carta severa a los Corintios. A pesar de las oportunidades para anunciar el Evangelio en Troas, Pablo estaba muy inquieto por la situación en Corinto y saliendo de Troas fue hacia Macedonia, en donde pudo encontrarse con Tito. Tito trajo buenas y malas noticias. Las buenas noticias eran que algunos de los problemas se habían resuelto y las malas noticias eran que otros problemas estaban todavía sin resolverse. Esto fue justamente lo que motivó a Pablo a escribir lo que conocemos como la 2 Corintios. Todo esto nos lleva a pensar en el profundo amor que tenía Pablo hacia los creyentes en general y hacia los corintios en particular, a pesar de las fallas y fracasos de estos creyentes. La idea de Pablo fue siempre restaurar al creyente caído, no como muchos hacen hoy en día, me refiero a acabar o enterrar al creyente caído. Su compasión por los creyentes de Corinto, fue muy mal interpretada por sus enemigos para acusar a Pablo de falto de palabra, de debilidad y aun para poner en tela de duda su apostolado. Pablo por tanto se defiende de estas acusaciones y en su defensa nos deja un hermoso legado de compasión de un siervo de Jesucristo. Lo primero que vamos a notar es la determinación de Pablo de no ser causa de tristeza para los corintios. 2 Corintios 2:1 dice: Esto,  pues,  determiné para conmigo,  no ir otra vez a vosotros con tristeza.
De acuerdo con las circunstancias históricas en las que se escribió 2 Corintios, Pablo había hecho ya un viaje no muy grato para él con la finalidad de corregir graves problemas que había en la iglesia en Corinto. Como apóstol y siervo de Jesucristo, Pablo era tierno como una nodriza y también firme como un padre. Los que somos padres sabemos que no es sencillo corregir a los hijos. El dolor es tanto para el que corrige como para el que es corregido. Cuantas veces los que somos padres no habremos llorado corrigiendo a un hijo. Por la compasión que tenía hacia los creyentes en Corinto que habían fallado en la vida cristiana, Pablo había adoptado la firme determinación de no ir a Corinto para enderezar lo que estaba torcido, sino más bien esperar a que el Espíritu Santo de Dios obre en la vida de los creyentes que habían caído, de modo que ellos mismos reconozcan su pecado, lo confiesen y se aparten, sin necesidad que Pablo intervenga. Pablo no quería ganarse la fama de que cada vez que iba a Corinto iba con garrote en mano para garrotear a los creyentes en pecado. Esto ilustra la compasión de Pablo por los creyentes en error en Corinto. Pablo era muy cauto en cuanto a no ir otra vez a Corinto con tristeza. Así debemos ser los siervos de Jesucristo. A veces somos muy prestos y muy severos para corregir al creyente caído y dejamos fuera este elemento tan necesario llamado compasión. En segundo lugar, tenemos a Pablo mostrando que él también necesita de compasión. 2 Corintios 2:2 dice: Porque si yo os contristo,  ¿quién será luego el que me alegre,  sino aquel a quien yo contristé?
Pablo estaba consciente de una dificultad si iba a otra vez a Corinto con mano fuerte, o como él dice, con tristeza. La dificultad era que si Pablo era el motivo para que todos estén tristes en Corinto, no habría nadie quien esté de buen ánimo para alegrarlo o para mostrarle compasión. Todos necesitamos de compasión y por tanto debemos ser compasivos los unos para con los otros. En no pocas ocasiones, la congregación piensa que sus líderes, llámense ancianos, obispos o pastores, son una especie de super hombres, que nunca están tristes, nunca están preocupados, nunca enferman, nunca se deprimen, nunca se enojan, y tantas otras cosas más, pero no hay tal. Ellos también son seres humanos comunes y corrientes y por tanto necesitan ser tratados con compasión, necesitan ser animados, necesitan ser visitados, necesitan también ser exhortados, por supuesto. Pablo necesitaba ser alegrado por los creyentes de Corinto y por eso debía ser muy cauto en cuanto a no crear un ambiente sombrío entre ellos. Pablo tuvo que escribir esa carta severa, para propiciar los cambios necesarios entre los creyentes corintios, de modo que cuando vaya personalmente su presencia no sea para causarles tristeza a causa de su mala conducta. Esto se desprende de lo que tenemos en 2 Corintios 2:3. La Biblia dice: Y esto mismo os escribí,  para que cuando llegue no tenga tristeza de parte de aquellos de quienes me debiera gozar;  confiando en vosotros todos que mi gozo es el de todos vosotros.
Es admirable el tino que Pablo utilizó en su trato con los creyentes que estaban en error en Corinto. Les escribió esa carta severa, para que por medio de la obra del Espíritu Santo, produzca arrepentimiento entre los corintios. Esto garantizaría que cuando Pablo llegue a Corinto no estén embargados de tristeza aquellos que debido a su arrepentimiento deberían estar trayendo gozo al corazón de Pablo. No es que Pablo era un tipo egocéntrico que buscaba hallar gozo para su propio provecho solamente, sino que Pablo sabía que si él se gozaba, ese gozo sería compartido por todos los creyentes en la iglesia de Corinto. En tercer lugar, tenemos la motivación de Pablo para tratar con compasión a los creyentes en Corinto. 2 Corintios 2:4 dice: Porque por la mucha tribulación y angustia del corazón os escribí con muchas lágrimas,  no para que fueseis contristados,  sino para que supieseis cuán grande es el amor que os tengo.
El pecado que había anidado en la iglesia en Corinto era una fuente constante de tribulación y angustia al corazón de Pablo. Pablo derramaba lágrimas por esta situación. ¿Ha llorado alguna vez al ver a creyentes viviendo en pecado? Pablo lo hizo. Fue en estas condiciones que Pablo escribió esa carta severa, carta que se ha perdido. No es que Pablo pretendía lastimar o causar tristeza entre los creyentes de Corinto mediante la carta que les escribió. Pablo tenía una motivación totalmente diferente. Pablo les escribió esta carta severa para que los creyentes corintios sepan lo mucho que les amaba. El amor es lo que motivó a Pablo a tratar a los creyentes corintios con compasión. Este es un legado importante de un siervo de Jesucristo. La falta de amor hace que un siervo de Jesucristo se vuelva demasiadamente áspero, severo, hasta prepotente, confrontando el pecado de otros. Cuidado amable oyente con esta conducta. No olvide que Pablo, como siervo de Jesucristo, nos deja ese importante legado llamado compasión.

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