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La manera como Pablo logró sobreponerse a las aflicciones de la vida

Cordiales saludos amable oyente. Bienvenida, bienvenido al estudio bíblico de hoy. Estamos estudiando la segunda epístola de Pablo a los Corintios, en la serie titulada: El legado de un siervo de Jesucristo. En esta oportunidad vamos a estudiar la manera como Pablo logró sobreponerse a las aflicciones de la vida. ¿No le gustaría vivir por encima de las aflicciones de la vida? Entonces manténgase en nuestra sintonía.

Las aflicciones de la vida no están reservadas solamente para la gente mala. La gente buena también sufre aflicciones. Un caso típico es el apóstol Pablo, quien según sus propias palabras, dice que fue abrumado sobremanera más allá de sus fuerzas, de tal modo que aun perdió la esperanza de conservar la vida. ¿Qué le parece? ¿Qué dirán los seguidores del evangelio de la prosperidad al leer estas palabras en la Biblia? Porque según ellos, los creyentes no tienen por qué sufrir aflicción. Pero Pablo tenía un secreto para sobreponerse sobre las aflicciones de la vida. ¿Sabe cuál es ese secreto? Dios. Cuando esté padeciendo aflicciones, quite su mirada de las aflicciones y póngala en Dios, y verá como logra sobreponerse a las aflicciones. Eso justamente es lo que hizo Pablo. Si tiene una Biblia, ábrala en 2 Corintios 1:3. La Biblia dice: Bendito sea el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo,  Padre de misericordias y Dios de toda consolación,
Cuando Pablo escribió su segunda epístola estaba muy angustiado por saber cuál habrá sido la reacción de la iglesia en Corinto a la primera carta que les escribió, pero en medio de su aflicción, Pablo hizo lo que usted y yo necesitamos hacer para sobrellevar cualquier aflicción. Pablo quitó su mirada de la aflicción y la puso sobre Dios. En esencia, Pablo bendijo a Dios por varias razones. En primer lugar, por lo Dios es. Pablo dijo: Bendito sea Dios. Cuando un ser humano bendice a Dios está hablando bien de Dios. Cuando Dios bendice a un ser humano, Dios no puede hablar bien del hombre, porque no puede haber nada en el hombre que impresione a Dios. Por eso, cuando Dios bendice al hombre significa que está descargando un cúmulo de beneficios sobre él. A pesar de su aflicción, Pablo no está quejándose contra Dios. No está diciendo: ¿Por qué a mí? ¿Qué de malo he hecho para que Dios me trate así? ¿Si Dios es amor, por qué permite que me esté pasando estas cosas? Nada de esto. Al decir: Bendito sea Dios, Pablo está hablando bien de Dios. Si usted está sufriendo por la causa que fuere, ¿está hablando bien de Dios? O está quejándose contra Él. En segundo lugar, Pablo está bendiciendo a Dios, porque Dios es el Padre de nuestro Señor Jesucristo. Nuestro Señor Jesucristo es tan maravilloso, tan excelso, que su Padre es Dios. Al estar en Cristo Jesús, por haberle recibido como Salvador, nosotros los creyentes también podemos llamar Padre a Dios. Es un privilegio que va más allá de nuestra imaginación. Si Dios es Padre de nuestro Señor Jesucristo, y Padre de nosotros los creyentes, jamás va a permitir que nos suceda algo que sea para nuestro mal. Si estamos atravesando por alguna situación que causa sufrimiento y dolor, es porque de alguna manera, Dios lo va a transformar en algo beneficioso para nosotros. Cuanta certero es lo que dice Romanos 8:28 Y sabemos que a los que aman a Dios,  todas las cosas les ayudan a bien,  esto es,  a los que conforme a su propósito son llamados.
En tercer lugar, Pablo bendice a Dios porque es el Padre de misericordias. Para la mentalidad judía, ser padre de algo significa que es el origen de eso. Por eso dice la Biblia que Satanás es el padre de mentira. Pablo reconoce que toda misericordia se origina en Dios. En su gracia, Dios nos da lo que no merecemos y en su misericordia Dios no nos da lo que merecemos. Si no fuera por las misericordias de Dios, ninguno de nosotros creyentes estaríamos en pie. Lamentaciones 3:22 dice: Por la misericordia de Jehová no hemos sido consumidos,  porque nunca decayeron sus misericordias.
Usted está sufriendo o en aflicción, pero aún en medio de esas circunstancias está la persona de Dios tratándole con misericordia, porque Dios es Padre de misericordias. En cuarto lugar, Pablo bendice a Dios porque él es Dios de toda consolación. La palabra consolación, está relacionada con la palabra “consolador” la cual, en el idioma en que se escribió el Nuevo Testamento, es la palabra “paracletos” que literalmente significa uno llamado al lado para ayudar. Esta es justamente una de las funciones del Espíritu Santo en la vida de todo creyente. Qué maravilloso es pensar que los creyentes tenemos en la persona de Dios a alguien que ha sido llamado a nuestro lado para ayudar en medio de cualquier dificultad en la que nos encontremos. A veces pensamos que estamos solos en medio de ese problema que nos trae aflicción. Pero la idea de Dios jamás ha sido que enfrentemos solos los problemas de la vida, porque Él mismo es el llamado al lado para ayudar, al punto que Él está dispuesto a tomar nuestra carga para llevarla en lugar de nosotros. Cuando nos enfocamos en un Dios como el que tenemos, no hay aflicción que nos pueda derrotar. Pero Pablo no se detiene allí bendiciendo o hablando bien de Dios. Note lo que dice 2 Corintios 1:4  el cual nos consuela en todas nuestras tribulaciones,  para que podamos también nosotros consolar a los que están en cualquier tribulación,  por medio de la consolación con que nosotros somos consolados por Dios.
Pablo sigue bendiciendo a Dios porque Dios tiene un propósito no sólo para la tribulación, sino también para el consuelo que nos da en la tribulación. Esto es hermoso. Las aflicciones, la tribulación que todo creyente experimenta, no suceden jamás por accidente, sino que son situaciones diseñadas por Dios tanto para mostrar su capacidad de ayudar como Consolador y para capacitarnos para que nosotros también podamos consolar a los que están en cualquier tribulación. Hace algunos años atrás falleció en un accidente automovilístico, el esposo de una joven hermana en la fe. Gracias a Dios, el esposo también era creyente. Como es natural, la joven viuda quedó destrozada emocionalmente. Con el pasar del tiempo y con el consejo de hermanos y hermanas en la fe, esta joven viuda logró sobreponerse al dolor por la partida de su amado esposo. No fue un proceso fácil, pero finalmente logró superarlo. En su aflicción fue consolada por el Señor. Años después, el esposo de otra hermana en la fe pereció en un accidente de aviación. Muchos hermanos y hermanas en la fe hicieron todo lo humanamente posible para consolar a la viuda, pero parecía que nada lograba aliviar el profundo dolor que sentía. En eso, se acercó la hermana que había perdido a su esposo en el accidente automovilístico, puso su brazo sobre la hermana que acaba de enviudar, le dijo algo al oído, y casi inmediatamente la hermana se tranquilizó. Yo quedé admirado y no pude evitar preguntar a esa viuda todavía joven, qué es lo que le había dicho. Yo me imaginé que tal vez le citó algún texto bíblico muy efectivo para consolar a alguien, pero la respuesta que me dio fue muy sencilla: Lo único que le dije al oído es que yo comprendía muy bien el dolor que estaba sintiendo, porque yo también había pasado por algo parecido, y que lo único que me había traído consuelo es reconocer que Dios es el Dios de toda consolación. Para mí fue el perfecto ejemplo de alguien que había sido consolado en su tribulación, para que ella también pueda consolar a otros en sus tribulaciones, por medio de la consolación con que ella fue consolada por Dios. Los pesares, las aflicciones, el sufrimiento, aún si son la consecuencia de algún pecado cometido, son utilizados por Dios como oportunidades para mostrar lo efectivo que es para ayudarnos, para consolarnos, para que no seamos aplastados por alguna situación adversa. Lo que el hombre llama prueba, Dios lo llama oportunidad para manifestar su habilidad para consolar. De modo que, amable oyente, ¿quiere vivir por encima de las aflicciones que son inevitables para todos lo seres humanos, inclusive para los creyentes? Entonces hoy mismo comience a bendecir a Dios, esto es a hablar bien de Dios, entre sus familiares, entre los hermanos de la iglesia, entre sus compañeros de trabajo, en fin entre todos con quienes tenga contacto. Bendiga a Dios por lo que Él es, por ser el Padre de nuestro Señor Jesucristo, por ser padre de misericordias, por ser Dios de toda consolación y porque si permite que pasemos por tribulaciones es porque Él quiere que experimentemos la eficacia de su consuelo, de modo que nosotros que hemos sido consolados por Él podamos también consolar a otros con el consuelo que nosotros hemos recibido de Dios. Que el Señor le bendiga.

Antes de despedirnos queremos agradecerle su sintonía y además le invitamos a que visite nuestra página en Internet y nos haga llegar sus comentarios acerca del programa y por supuesto conozca la respuesta a la PREGUNTA DEL DÍA que hoy nos dice: ¿Puede el Señor salvar o perdonar a una persona que ha cometido un grave pecado de inmoralidad? Nuestra dirección en Internet es: triple w.labibliadice.org. Hasta la próxima y que Dios le bendiga ricamente.

La segunda epístola de Pablo a los Corintios

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