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El Evangelio, el Poder de Dios y el Sufrimiento Pt. 1

Si tienes una Biblia y espero que la tengas, permíteme invitarte a que la abras conmigo en el capítulo 32 de Job. Bien, hemos visto la soberanía de Dios en el sufrimiento y la suficiencia de Dios en medio del dolor, vimos cómo su presencia, su bondad y su sabiduría, es suficiente para nosotros en el sufrimiento y que eso es suficiente para confiar en Dios.

Ahora, lo que sucede cuando llegamos al capítulo 32 es que obtenemos una imagen completamente nueva, aprendemos que en medio de nuestro sufrimiento Dios tiene un propósito eterno. Esto es probablemente lo más cercano que tenemos en el Libro de Job a una respuesta a la pregunta: ¿por qué? ¿Por qué sufrimos? ¿Cuál es el propósito detrás de nuestro sufrimiento?

Hasta este punto, Job ha tenido muchas conversaciones con sus tres amigos: Elifaz, Bildad y Zofar. Y básicamente los reprendió y les mostró que su doctrina es defectuosa, entonces, llegas al capítulo 32 y un hombre nuevo entra en escena, un hombre llamado Eliú. Eliú causa muchas preguntas entre los eruditos bíblicos. Mucha gente no sabe exactamente qué hacer con Eliú. Este es un tipo que parece ser un tipo muy agudo, al mismo tiempo parece bastante arrogante. Si lees los capítulos 32 a 37 directamente, vas a pensar que este tipo es bastante arrogante y piensa mucho sobre sí mismo, pero lo interesante es cuando llegas al capítulo 38 y Dios habla, Dios reprende a los otros tres amigos de Job, pero no reprende a Elihu y creo que es porque muchas de las cosas que Elihu dice son bastante sólidas y allanan el camino para lo que vamos a ver sobre el carácter de Dios en Job 38 a 42. Y entonces quiero que pensemos en el propósito de Dios y en el sufrimiento en base a lo que Eliú le dice a Job. Job nunca responde verbalmente. Los capítulos 32 al 37 son todos en los que habla Eliú y quiero que vean desde el principio tres fundamentos sobre el propósito de Dios y el sufrimiento.

Entonces, quiero que nos sumerjamos en ellos, vamos a ver los capítulos del 32 al 37 y quiero que vean esta imagen; el porqué de Dios en el sufrimiento según el Libro de Job.

Número uno, Dios tiene un propósito con todo esto, ve conmigo al capítulo 36, versículo 5. El versículo clave en esta sección del Libro de Job. Dios tiene un propósito. Capítulo 36, versículo 5, Eliú le está hablando a Job y él dice: «He aquí que Dios es grande, pero no desestima a nadie«. Escucha la segunda mitad: “Es poderoso en fuerza de sabiduría”. Podría subrayar esa frase, la frase clave: «Dios es firme en su propósito». Job ha estado luchando en todo este libro hasta este punto. ¿El sufrimiento que me está pasando es arbitrario o tiene un propósito? ¿Hay algo detrás de esto o Dios simplemente me está haciendo esto al azar? Y Eliú está diciendo muy claramente que Dios tiene un propósito. Es firme. Esta organizado. No hay nada, absolutamente nada que pase de la mano de Dios que sea fortuito o arbitrario. Es todo útil, Dios tiene un propósito.

Segundo fundamento, el propósito de Dios a veces es diferente. Ahora, ve al capítulo 37 conmigo. No estoy diciendo en este momento que el propósito de Dios está cambiando, que es flexible y está cambiando de acuerdo con los caprichos o estados de ánimo en Dios. Eso no es lo que queremos decir. El propósito de Dios es firme. Pero quiero que vean cómo el trabajo de Dios en situaciones, en circunstancias a menudo tiene diferentes propósitos, propósitos múltiples. Y llegas al capítulo 37 y lo que hace es que Eliú comienza a hablar sobre el trabajo de Dios en la creación. Escucha lo que dice en el versículo 2: “Oíd atentamente el estrépito de su voz, Y el sonido que sale de su boca. Debajo de todos los cielos lo dirige, Y su luz hasta los fines de la tierra. Después de ella brama el sonido, Truena él con voz majestuosa; Y aunque sea oída su voz, no los detiene. Truena Dios maravillosamente con su voz; El hace grandes cosas, que nosotros no entendemos” (Job 37: 2-5). Eliú comienza a hablar de todas las cosas que hace en la naturaleza.

Pero luego, bajas y miras el versículo 13, quiero que escuches este versículo: “Mas los hipócritas de corazón atesoran para sí la ira, Y no clamarán cuando él los atare”. ¿Lo entendiste? Las nubes de tormenta, las trae a veces para castigar; otras veces para regar la tierra y mostrar su amor. Y entonces, la imagen es la misma nube de tormenta con diferentes propósitos. Puede ir a diferentes lugares en el Antiguo Testamento y el Nuevo Testamento para ver a Dios trayendo tormentas de juicio sobre su pueblo, pero también para ver a Dios traer tormentas para bendecir a su pueblo y mostrar su amor por ellos. El mismo tipo de imagen donde la tormenta tiene diferentes propósitos en diferentes momentos y esa es la imagen que vamos a ver. Dios usa el sufrimiento de diferentes maneras en diferentes momentos. Él siempre tendrá un propósito en medio del sufrimiento, y quiero que veamos que hay muchas maneras de como Dios usa el sufrimiento, no siempre es el mismo motivo. De hecho, debemos ser cuidadosos incluso al tratar de identificar el motivo de Dios. Recuerda que Job, por ejemplo, en este libro aún no sabe y nunca se entera: ¿cuál fue el propósito de Dios? O al menos eso es lo que podemos decir sobre la conversación que Dios tuvo con Satanás al comienzo de este libro. Así que sólo recuerda que Dios tiene un propósito y su propósito es diferente para cada uno de nosotros.

Tercero, el propósito de Dios siempre es bueno. Eliú llega a la conclusión, al final de su discurso, en el versículo 23 del capítulo 37 y dice: «Él es Todopoderoso, al cual no alcanzamos, grande en poder; Y en juicio y en multitud de justicia no afligirá.” Escuchen esto: “Lo temerán por tanto los hombres; El no estima a ninguno que cree en su propio corazón ser sabio”. Esa es la clave. Parte del quid del mensaje de Eliú a Job es que el sufrimiento es bueno. Es un buen plan en la mano de Dios. Es un buen propósito. No es un propósito opresivo. Es un buen propósito en las manos de Dios.

Estuve pensando, mientras me preparaba, mirando nuevamente este texto del propósito de Dios en el sufrimiento incluso en mi discurso frente a ustedes sobre el propósito de Dios en el sufrimiento y recordé que fue hace casi tres años el día en que Heather y yo vivíamos en Nueva Orleans y Catrina vino y envió casas bajo el agua, a unos tres metros y medio de agua y nuestra casa no fue la excepción. Entonces nuestro mundo se puso patas para arriba. Recuerdo estar sentado junto a mi esposa, en un refugio en el centro de Louisiana y habíamos instalado un vídeo proyector donde mostramos las noticias en el costado de una pared. Y mientras veíamos un sobrevuelo de helicópteros en la ciudad de Nueva Orleans y aparecían todos los daños que Catrina ocasionó, yo le decía a Heather: «Heather, estoy seguro de que nuestra casa está bien. Todo está bien». Yo trataba de darle toda la seguridad a ella, una seguridad que ni yo mismo tenía. ¿Sabes? En ese momento ni yo mismo entendía el propósito de Dios, fue una situación muy complicada, de un momento a otro nos quedamos sin nada, no teníamos casa, no teníamos seguridad, no teníamos nada y poder entender que Dios tenía un propósito en medio de eso era algo muy complicado.

Entonces la imagen del propósito de Dios no es fácil, pero es perfecta. Hace tres años, mientras estaba sentado en el refugio mirando nuestra casa bajo el agua, no podría haber imaginado estar ahora aquí, hablando contigo sobre el propósito de Dios y el sufrimiento, no tendría autoridad alguna de decirles que Dios tiene siempre un plan mayor, aunque tal vez en este momento pienses que no hay salida o que nada tiene sentido, hoy quiero decirte que no es así, el propósito de Dios es bueno, es perfecto y siempre tendrá un propósito en cada uno de nosotros. El propósito de Dios. Él tiene un propósito que a veces es diferente, pero siempre es bueno, señoras y señores. Dios siempre es bueno, nunca es opresivo.

Ahora, con base en esos fundamentos, quiero que nos sumerjamos en los propósitos de Dios y el sufrimiento. Y nuevamente quiero pedirte que tengamos mucho cuidado cuando estamos caminando por el sufrimiento, ya que en medio del dolor podemos cegarnos o empezar a escuchar voces ajenas a las de Dios y eso puede ser un gran problema. Recuerda que nosotros no tenemos la perspectiva divina del cielo, así que debemos tener cuidado de pensar que nosotros sabemos lo que Dios hace y decir cosas como: “esto es exactamente lo que Dios está haciendo” ten cuidado de tratar de determinar los motivos de Dios en esto o aquello.

Ahora, lo que quiero que vean es que estos diferentes propósitos de Dios y el sufrimiento se desarrollan a medida que Eliú le habla a Job. Y quiero que piensen acerca de cómo estos propósitos se aplican al sufrimiento que puedan estar experimentando ahora o que tal vez hayan experimentado en su pasado. Piensa en el propósito de Dios en nuestro sufrimiento:

Primero, Dios usa el sufrimiento para refinar nuestra fe. Vuelve conmigo a Job capítulo 32, versículo 10. Este es el comienzo de su discurso, y una de las cosas que Eliú intenta hacer desde el principio es separarse de los otros tres amigos de Job. Eliú quiere dejar muy claro que no está diciendo lo mismo que están diciendo los demás. Recuerden su falsa doctrina, el falso evangelio que ellos habían enseñado era que Dios siempre prospera a los justos y que Él siempre aflige a los malvados, por lo tanto, si Job está afligido, él debe ser malo. Entonces, Eliú se apartará de ellos y de algunas de las cosas que Job dijo. Escucha el versículo 10: «Por tanto, yo dije: Escuchadme; Declararé yo también mi sabiduría. He aquí yo he esperado a vuestras razones, He escuchado vuestros argumentos, En tanto que buscabais palabras. Os he prestado atención, Y he aquí que no hay de vosotros quien redarguya a Job, Y responda a sus razones. Para que no digáis: Nosotros hemos hallado sabiduría; Lo vence Dios, no el hombre. Ahora bien, Job no dirigió contra mí sus palabras, Ni yo le responderé con vuestras razones” (Job 32: 10-14).

¿Lo ves? Eliú hace una clara separación. Elihu no va a decir que Job está afligido porque es malvado y, por lo tanto, si se pone bien con Dios, todo estará bien. Eso es lo que vimos la semana pasada, cuando observábamos los consejos de los otros amigos de Job, y vimos que eso no tenía ninguna base. Elihu es claro al hablar y él dice que eso no es lo que está diciendo. Al mismo tiempo, Elihu hablará acerca de cómo el sufrimiento que está experimentando Job está destinado a refinar su fe, aunque no es atribuible, por así decirlo, a un pecado directo en la vida de Job; todavía tiene mucho que ver con la refinación que está sucediendo en su fe.

Pasa al capítulo siguiente, capítulo 33. Mira conmigo el versículo 14 y escucha lo que dice Elihu. Él dice: «Sin embargo, en una o en dos maneras habla Dios; Pero el hombre no entiende” Volveremos sobre eso en sólo un minuto, pero ahora continuemos leyendo, esto dice: “Por sueño, en visión nocturna, Cuando el sueño cae sobre los hombres, Cuando se adormecen sobre el lecho, Entonces revela al oído de los hombres, Y les señala su consejo” (Job 33:15 y 16). Escucha estas cláusulas de propósito: «Para quitar al hombre de su obra, Y apartar del varón la soberbia. Detendrá su alma del sepulcro, Y su vida de que perezca a espada” (Job 33:17 y 18).

¿Ves el propósito allí? Dios puede hablarle a un hombre, Él puede hacer cosas en la vida de un hombre para evitar que actúe mal y lo mantenga alejado del orgullo. No sólo para decir que has hecho algo mal sino para evitar que hagas algo mal. Dios puede traer acciones o circunstancias particulares a tu vida para preservar tu alma del sepulcro, esa palabra es realmente interesante; esta imagen de un sepulcro, un sepulcro de destrucción, se repite una y otra vez en este capítulo. Mira hacia abajo en el versículo 22. Pero antes, leamos nuevamente el versículo 18: «Detendrá su alma del sepulcro«. Ahora leamos el versículo 22: «Su alma se acerca al sepulcro, Y su vida a los que causan la muerte«. Ahora leamos el verso 23: “Si tuviese cerca de él Algún elocuente mediador muy escogido, Que anuncie al hombre su deber; Que le diga que Dios tuvo de él misericordia, Que lo libró de descender al sepulcro, Que halló redención; Su carne será más tierna que la del niño, Volverá a los días de su juventud. Orará a Dios, y éste le amará, Y verá su faz con júbilo; Y restaurará al hombre su justicia” (Job 33: 23-26).

Ahora escucha esto: “Él mira sobre los hombres; y al que dijere: Pequé, y pervertí lo recto, Y no me ha aprovechado, Dios redimirá su alma para que no pase al sepulcro, Y su vida se verá en luz. He aquí, todas estas cosas hace Dios Dos y tres veces con el hombre, Para apartar su alma del sepulcro, Y para iluminarlo con la luz de los vivientes. Escucha, Job, y óyeme; Calla, y yo hablaré. Si tienes razones, respóndeme; Habla, porque yo te quiero justificar. Y si no, óyeme tú a mí; Calla, y te enseñaré sabiduría” (Job 33: 27-30).

Ahí está la imagen. Eliú no dice que estás sufriendo porque eres malo, él está diciendo que si estás sufriendo, es evidencia de que Dios te rescató, te definió, te renovó, te restauró y resguardó tu vida del abismo. Aquí hay un propósito de refinación en medio del sufrimiento y es un buen propósito. Incluso si traes a tu memoria la ilustración que utilicé sobre ir a una sala de emergencias con la muñeca rota, todos sabemos que quien ha estado en circunstancias como esa, muchas veces tendrás que soportar cosas que los doctores harán que son muy dolorosas. Es decir, no es divertido tener un hueso roto. Al pensar en ese proceso, eso no alegra nuestros corazones. Por ejemplo, el médico dice: «Esto va a doler» y la verdad es que él está subestimando lo que está por suceder, porque cuando él devuelve nuestro hueso a su lugar un gran dolor nos invade. Es insoportablemente doloroso, pero ¿es qué?, es bueno, es doloroso, pero es bueno. Es parte de un proceso de refinación y esta es la imagen que Eliú nos está dando aquí y es la misma imagen que está en todas las Escrituras y es justamente de eso de lo que hablaremos en el próximo programa. Que Dios te bendiga.

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