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El Evangelio, la Suficiencia de Dios y Sufrimiento Pt. 4

En programas anteriores hemos visto la desesperación y el dolor de Job en medio de todas sus pérdidas. Y hoy quiero pedirte que continuemos viendo esta imagen cada vez más desesperada en la vida de Job. Así que, si tienes una Biblia a la mano, te invito a que la abras en Job capítulo 19, ahí Job llega a su clímax de dolor. Mira el capítulo 19, versículo 13. Aquí es donde él lo lleva todo a un punto, Job dice: “Hizo alejar de mí a mis hermanos, Y mis conocidos como extraños se apartaron de mí. Mis parientes se detuvieron, Y mis conocidos se olvidaron de mí.  Los moradores de mi casa y mis criadas me tuvieron por extraño; Forastero fui yo a sus ojos. Llamé a mi siervo, y no respondió; De mi propia boca le suplicaba. Mi aliento vino a ser extraño a mi mujer, Aunque por los hijos de mis entrañas le rogaba. Aun los muchachos me menospreciaron; Al levantarme, hablaban contra mí. Todos mis íntimos amigos me aborrecieron, Y los que yo amaba se volvieron contra mí.  Mi piel y mi carne se pegaron a mis huesos, Y he escapado con sólo la piel de mis dientes. ¡Oh, vosotros mis amigos, tened compasión de mí, tened compasión de mí! Porque la mano de Dios me ha tocado. ¿Por qué me perseguís como Dios, Y ni aun de mi carne os saciáis?” (Job 19: 13-22).

Esta es una clara imagen de la profundidad de la desesperación. ¿Sientes el peso de esto?, Job es honesto en esto, él dice: “no puedo continuar, no quiero continuar con este dolor”. Job, está clamando por la esperanza en la profundidad de su desesperación y la lleva a un punto muy extremo, leamos lo que sucede después. Escucha el versículo 23: “¡¡Quién diese ahora que mis palabras fuesen escritas! ¡Quién diese que se escribiesen en un libro; Que con cincel de hierro y con plomo Fuesen esculpidas en piedra para siempre!  Yo sé que mi Redentor vive, Y al fin se levantará sobre el polvo; Y después de deshecha esta mi piel, En mi carne he de ver a Dios; Al cual veré por mí mismo, Y mis ojos lo verán, y no otro, Aunque mi corazón desfallece dentro de mí. Mas debierais decir: ¿Por qué le perseguimos? Ya que la raíz del asunto se halla en mí” (Job 19:23-28).

¡Sorprendente! Job alcanza su lenguaje y saca esta palabra: “redentor”, la misma palabra del Libro de Rut que describe al campeón de los oprimidos. La misma palabra en Proverbios que describe al defensor de los débiles. Y la misma palabra en Éxodo que describe al libertador de cautivos y Job dice: “tengo un redentor, un defensor que vive” Y al final, ¿no es esa una gran frase? Job dice que este no es el final, él dice: “al final lo veré” ¿Lo veré en qué? En mi carne veré a Dios, después de que mi piel ha sido destruida. ¡Qué gran imagen!

No más dolor, enfermedad, sufrimiento, no más. Al final, después de que mi piel ha sido destruida en mi carne, veré a Dios, yo mismo lo veré, no otro, lo veré yo con mis propios ojos tal y como mi corazón lo anhela. Esta es la foto. Esta es la esperanza a la que Job se aferra en la profundidad de su desesperación. Y quiero que esa sea la esperanza a la que tú también te aferres.

Ahora, hay dos esperanzas a las que Job se aferra: número uno, Él sanará; Dios sanará nuestros cuerpos y Job se aferra a esto. Job creía que Él tendría un nuevo cuerpo algún día. Y nosotros también debemos creer esto, este es el verdadero evangelio. Este es Jesús, Él murió en la cruz, se levantó de la tumba y resucitó en cuerpo físico. Leamos Romanos capítulo 8, versículos del 18 al 23, esto dice: “Pues tengo por cierto que las aflicciones del tiempo presente no son comparables con la gloria venidera que en nosotros ha de manifestarse. Porque el anhelo ardiente de la creación es el aguardar la manifestación de los hijos de Dios. Porque la creación fue sujetada a vanidad, no por su propia voluntad, sino por causa del que la sujetó en esperanza; porque también la creación misma será libertada de la esclavitud de corrupción, a la libertad gloriosa de los hijos de Dios. Porque sabemos que toda la creación gime a una, y a una está con dolores de parto hasta ahora; y no sólo ella, sino que también nosotros mismos, que tenemos las primicias del Espíritu, nosotros también gemimos dentro de nosotros mismos, esperando la adopción, la redención de nuestro cuerpo”. ¿Esperamos qué? La redención de nuestros cuerpos.

¿Lo ves? Romanos capítulo 8 dice que Dios traerá redención a nuestros cuerpos. Ahora hay mucha discusión, mucho debate en nuestros días sobre si Dios sana o no a las personas de cáncer, SIDA u otra enfermedad. La gente pregunta: ¿Dios realmente puede sanar a las personas con cáncer u otra enfermedad mortal? Y ¿cuál es la respuesta a eso? Claro que sí; no hay cáncer que Dios no pueda superar, no hay enfermedad que sea demasiado grande para Dios. Entonces, ¿está bien orar por sanidad? Claro que sí. Ora a Dios para que muestre su poder de esa manera. Pero cuando ores así, no olvides las otras verdades que hemos visto en el libro de Job. No ores porque Elifaz, Bildad y Zofar te piden que ores pensando que, si tienes suficiente fe, si crees lo suficiente, si haces lo suficiente en tu vida, entonces sucederá, no hagas eso, esto es falso evangelio.

Creer que sólo necesitas confiar para que suceda, no siempre es lo correcto, lo hemos visto en el Libro de Job; puedes ser sincero y completamente fiel en tu obediencia a Dios y aun así puedes tener el peor cáncer o enfermedad conocido en esta vida y, tal vez nunca podrás librarte de eso. Voy a decir eso una vez más, puedes ser sincero y completamente fiel en tu obediencia a Dios, a tu esposo, esposa o hijos, honrándolos y actuando íntegramente y, aun así, puedes ser golpeado con la peor forma de cáncer o enfermedad y de la cual tal vez no puedas ser liberado en esta vida.  Ahora, ¿significa esto que Dios estaría eligiendo no mostrar su poder en tu vida? Eso definitivamente no es lo que eso significa.

La realidad que estamos viendo aquí de Job 3 a 31 es que incluso cuando el dolor y el sufrimiento persisten, incluso cuando la profundidad de la desesperación es oscura, todavía tienes esperanza y hay un poder de Dios que superan cualquier poder de sanar temporalmente en esta vida. Un poder de Dios para sostener y hacernos decir en medio del dolor: «que a pesar de que Él me mate aún voy a confiar en Él».

Hay un término en nuestros días que se ha vuelto común. El término es: “sobreviviente de cáncer”, y la idea es que, si tienes cáncer y eres sanado, entonces eres un “sobreviviente”, has vencido al cáncer. Aparentemente, si tienes cáncer y no lo superas, entonces no eres un sobreviviente, has perdido el cáncer. Y, damas y caballeros, eso no es verdad. He aquí por qué bíblicamente no es verdad, a la luz de lo que hemos visto, si tienes cáncer y lo vives, no significa que hayas ganado nada. De hecho, si tienes cáncer y lo vences, pero aún no atesoras a Dios, entonces has perdido.

El hecho de que hayas superado esta enfermedad no significa que hayas ganado, de hecho, si pasaste por un cáncer y llevas tu vida, de la misma manera en que la llevabas antes de tener esta enfermedad, entonces quien realmente ganó fue el cáncer, porque estás tan convencido de que puedes vivir esta vida por tu cuenta aparte del tesoro que es Dios, pero cuando te enfrentas al cáncer eso te lleva a atesorar a Dios más que a la vida misma, más que nada en esta vida, independientemente de si vives o mueres. Eres un sobreviviente de cáncer, tú ganas.

Esto, damas y caballeros, es un verdadero triunfo, unos amigos que fallecieron hace poco de cáncer, son el perfecto ejemplo del triunfo que tuvieron sobre la enfermedad, ellos triunfaron porque cuando ambos descubrieron que tenían formas mortales de cáncer, dijeron: “mi esperanza está en Dios” Y aun cuando les dijeron las probabilidades que estaban en contra de ellos, todavía dijeron: “mi esperanza está en Dios” porque la comodidad y el cáncer vienen de Dios. Cuando pasaron por una cirugía, ellos aun decían: “mi esperanza está en Dios”. Y aun cuando pasaron por una extenuante quimioterapia semana tras semana, todavía decían: “mi esperanza está en Dios”. Cuando recibieron más diagnósticos malos y más malos informes médicos y más malas noticias de días o meses de vida, dijeron: “mi esperanza está en Dios”. Y cuando visité a cada uno de ellos junto a su cama la semana antes de que fallecieran, susurraron en su dolor: “mi esperanza está en Dios”. Y cuando respiraron por última vez, ¿sabes lo que respiraron? Ellos respiraron: “mi esperanza está en Dios”. Eso es sobrevivir al cáncer, y lo digo porque cuando respiraron eso y dijeron: “mi esperanza está en Dios” y exhalaron su último aliento, inmediatamente se transformaron en la presencia de Jesucristo y dijeron: “sé que mi Redentor vive y que al final me levantaré sobre el polvo con Él y después de que mi piel haya sido destruida en mi carne, veré a Dios. Yo mismo lo veré con mis propios ojos. No será otro. Mi corazón está anhelado dentro de mí por esto. Eso es sobrevivir al cáncer. Eso es caminar en medio del sufrimiento y ver la suficiencia de Dios.

Él sana eternamente, Él es nuestro sanador, Él sanará nuestros cuerpos, alabado sea Dios. Esta es nuestra esperanza, Él sanará nuestros cuerpos y veremos su rostro. Leamos Apocalipsis capítulo 22, versículo 4 y quiero invitarte a que, si aún no lo tienes, lo subrayes. Esto dice: “y verán su rostro, y su nombre estará en sus frentes”.

«Verán su rostro». Esta es la esperanza que nos despierta en la mañana, es la esperanza que está con nosotros cuando nos acostamos por la noche, eso es lo que nos reconforta cuando estamos en la cama del hospital, eso es con nosotros cuando estamos caminando a través de esta batalla tan dolorosa; llegará un día en que veré su cara, vislumbraré su grandeza en toda su plenitud. Esto vale la pena en medio de la profundidad de nuestra desesperación. Él es nuestra esperanza.

Y entonces, lo que quiero hacer es que aprendamos como la vislumbre de la grandeza de Dios es más clara no en los tiempos más fáciles, sino en los momentos más difíciles. Quiero darles la oportunidad de que sean ustedes mismos quienes cuenten a los demás como han visto la grandeza de Dios.

Ahora, sé que, a través de este programa, muchas de las personas que me escuchan tendrán historias que se multiplican en una variedad de diferentes tipos de sufrimiento y lucha, tal vez es cáncer o  algo completamente diferente. Tal vez sea una lucha emocional. Tal vez sea incluso la depresión, la soledad, el aislamiento que hemos visto aquí en Job. O tal vez sea una lucha relacional o en sus familias, matrimonios u hogares. No sé qué es lo que hay en su vida, pero hoy quiero darnos la oportunidad en respuesta a esta palabra de rodearnos mutuamente y orar el uno por el otro en medio de todas nuestras luchas. Y en un momento, te invitaré si quisieras si dijeras que hay áreas de sufrimiento y lucha en tu vida en este momento. Voy a invitarlos a arrodillarse y orar al Señor.

Pero antes de orar, quiero pedirles que no sólo oren por ustedes, sino que oren por los demás. Oren por la lucha y el sufrimiento que sus hermanos están atravesando, para que el Señor los llene de Su amor, Su presencia y Su soberanía. Y quiero invitarte a que por un momento dejes de pensar únicamente en tus problemas y mires a tu alrededor, no importa si tú problema es más grande como el de otra persona, no es una cuestión de comparación porque supongo que, independientemente de cómo se vea en tu vida esta mañana, hay hombres y mujeres, niños, adolescentes y ancianos que probablemente estén luchando para ver la suficiencia de Dios en medio de la oscuridad o el dolor, así que hoy te invito a que levantes una oración por ellos.

Así que te invito a que te dispongas a orar y le digas a tu Padre: “Padre hoy me acerco a ti con un corazón humillado y rendido, me acerco a ti lleno de dolor, sufrimiento y desesperación, pero Padre hoy entiendo que en medio de esto Tú tienes el control, es por eso que hoy te pido que me enseñes a confiar en ti, que pueda descansar en tu santa presencia y hoy Padre, te pido porque tu dulce presencia acompañe a mis hermanos en la fe. Se tú Dios dando el descanso que ellos necesitas, permite que puedan fortalecerse en ti en medio de sus pruebas y dolores. Gracias Padre, porque eres tu quien nos permites seguir confiando, gracias por tu amor inigualable y tu preciosa presencia. Amén.

Antes de finalizar el estudio de hoy, quiero pedirte que hagas algo. Es algo que algunos de ustedes ya han estado haciendo. En las últimas semanas he recibido algunos correos electrónicos de algunos de ustedes hablando de cómo han visto las verdades que hemos estado viendo en Job cobrar vida en su vida y su familia, ya que han caminado por el sufrimiento en el pasado o tal vez en el presente. Y lo que quiero pedirte que hagas es evitar que vuelvas a eso. De hecho, quiero dar un paso más profundo y quiero invitarlos a enviarme un correo electrónico esta semana a [email protected] en forma de vídeo y contarnos cómo han visto las verdades sobre Dios y su Palabra cobrando vida en su vida, lo que queremos como ministerio es ser un instrumento del testimonio vivo de la Palabra de Dios actuando a través de su sufrimiento.

Los próximos capítulos vamos a cerrar esta serie y vamos a mirar la imagen triunfante de Dios que está en Job 38 al 42 y vamos a celebrar la grandeza de Dios en nuestro sufrimiento, es por eso que creo que sería bueno para nosotros celebrar con las historias de los demás. Si nos envías un correo electrónico, no usaremos tu nombre, pero usaremos tu testimonio para compartir al mundo cómo Dios muestra su grandeza en medio del sufrimiento. Así que te invito a que hagas eso en algún momento de esta semana, eso nos ayudaría en nuestra adoración para la próxima semana.

El Evangelio, el Poder de Dios y el Sufrimiento Pt. 2

El Evangelio, la Suficiencia de Dios y Sufrimiento Pt. 3