in

El Evangelio, la Soberanía de Dios y el Sufrimiento Pt.2

Durante todo el libro de Job, vemos a este hombre como un hombre que no sólo es respetado, sino que además es visto como juez y sabio consejero. Job fue respetado por su generosidad hacia los pobres y los necesitados, él fue respetado por su hospitalidad. El autor hace todo lo posible por mostrarnos que Job no ha hecho nada para merecer lo que ha sucedido aquí, ese es el punto, el sufrimiento a menudo no se merece.

El sufrimiento a menudo es inesperado. En el versículo 13 de Job 1 dice: «Un día» pudo haber sido el mismo día en que Job ofreció sacrificio temprano en la mañana. “Y un día aconteció que sus hijos e hijas comían y bebían vino en casa de su hermano el primogénito, y vino un mensajero a Job, y le dijo: Estaban arando los bueyes, y las asnas paciendo cerca de ellos, y acometieron los sabeos y los tomaron, y mataron a los criados a filo de espada; solamente escapé yo para darte la noticia”. Ahora escucha esto: el sufrimiento viene uno tras otro, verso 16: “Aún estaba éste hablando, cuando vino otro que dijo: Fuego de Dios cayó del cielo, que quemó las ovejas y a los pastores, y los consumió; solamente escapé yo para darte la noticia. Todavía estaba éste hablando, y vino otro que dijo: Los caldeos hicieron tres escuadrones, y arremetieron contra los camellos y se los llevaron, y mataron a los criados a filo de espada; y solamente escapé yo para darte la noticia”.

Y luego, mientras siguen hablando inesperadamente, uno tras otro, pasa algo aún más fuerte. Estoy seguro que Job no se despertó esa mañana pensando que probablemente sufrirá. Tal como tú o como yo probablemente no nos despertamos esta mañana pensando que hoy va a ser un día en el que sucederá algo inesperadamente trágico.

Las circunstancias en Job 1 son progresivamente más profundas: comenzando con los bueyes, las asnas y los criados, luego yendo a las ovejas y los pastores, luego a los camellos y criados y luego, culminando allí en el versículo 18 vemos la magnitud de su sufrimiento: «Entre tanto que éste hablaba, vino otro que dijo: Tus hijos y tus hijas estaban comiendo y bebiendo vino en casa de su hermano el primogénito; y un gran viento vino del lado del desierto y azotó las cuatro esquinas de la casa, la cual cayó sobre los jóvenes, y murieron; y solamente escapé yo para darte la noticia» (Job 1:18-19).

Siete hijos y tres hijas muertos de repente. Aquí es donde debemos evitar visualizar esta historia en una especie de cuento de hadas. Ponte en los zapatos de Job, como un padre o una madre, imagina escuchar que tus 10 hijos que estaban festejando y celebrando, han muerto. Esta imagen de una familia muy unida desapareció por completo.

Algo más le sucedió a Job, como si eso no fuera suficiente, Satanás dice: “Piel por piel, todo lo que el hombre tiene dará por su vida. Pero extiende ahora tu mano, y toca su hueso y su carne, y verás si no blasfema contra ti en tu misma presencia. Y Jehová dijo a Satanás:  He aquí, él está en tu mano; mas guarda su vida. Entonces salió Satanás de la presencia de Jehová, e hirió a Job con una sarna maligna desde la planta del pie hasta la coronilla de la cabeza” (Job 2:4-7).

Los estudiosos han debatido exactamente con qué tipo de enfermedad fue golpeado, pero estos son algunos de sus síntomas: llagas ulceradas inflamadas, picazón, cambios degenerativos en la piel del rostro, pérdida del apetito, depresión, pérdida de fuerza, lombrices en los forúnculos, úlceras bucales, dificultad para respirar, oscuridad debajo de los ojos, mal aliento, pérdida de peso, dolor crónico y continuo, inquietud, piel ennegrecida, piel descascarada y fiebre constante. Estoy seguro que esa no fue una enfermedad nada fácil.

El versículo 8 en el capítulo 2, vemos a Job, quien solía sentarse como un respetado juez y consejero, sentarse en el basurero entre los mendigos y los desperdicios, mientras toma una pieza rota de cerámica y pica sus llagas supurantes. El verso 8 dice: “Y tomaba Job un tiesto para rascarse con él, y estaba sentado en medio de ceniza”. Estoy seguro que ni en sus peores pesadillas, Job no pudo haber imaginado esta escena. El sufrimiento a menudo es inimaginable y tiene ese sentimiento surrealista.

Hace cuatro años, mi hermano me llamó y me dijo que mi padre acababa de morir de un ataque al corazón, inmediatamente me subí al automóvil y todo el tiempo me pellizcaba diciendo que eso no podía estar pasando. Me decía a mí mismo: “esto no está bien, esto simplemente no es real, es una broma”.

Mira, muchas veces el sufrimiento llega de una forma inesperada, inimaginable e inmerecida, pero siempre es dolorosa, independientemente del grado de sufrimiento que pueda tener. En el centro, el sufrimiento siempre es doloroso.

Quiero que veas esto en Job 1:20. No podemos pasar por alto esto. Cuando Job escucha que sus 10 hijos mueren, quiero que escuches lo que él hace. Verso 20: «Entonces Job se levantó, y rasgó su manto, y rasuró su cabeza, y se postró en tierra y adoró«. Se levantó, se rasgó la bata y se rasuró la cabeza. Estas son imágenes, acciones que vemos en otras partes del Antiguo Testamento que describen el dolor violento y doloroso. Y quiero acampar aquí por un momento porque estamos a punto de mirar la soberanía de Dios. Verdades fundamentales sobre su soberanía, pero no quiero intentar comunicar de ninguna manera que la imagen del dolor en Job no es real, profunda y pesada, y que la pérdida no es dolorosa. No quiero decir que si en algún momento te encuentras pasando momentos de dolor pienses: “Dios es soberano así que pon una sonrisa en tu cara y sigue adelante”. Eso no es lo que las Escrituras enseñan aquí. Dios no quiere ocultar el dolor y pretender que nada sucede, Dios conoce tu dolor.

Ahora, debemos ser cuidadosos en esas expresiones de dolor para no permitir que esas expresiones nos lleven a pecar, tenemos que protegernos de eso. Hablaremos de eso en solo un momento, pero hay un dolor y una pérdida real que muchos de nosotros hemos experimentado y las Escrituras no pasan por alto eso. Entonces ahí está el sufrimiento de Job, sufrimiento desusado, inesperado e inimaginable que siempre es doloroso.

Ahora vemos la soberanía de Dios más de 30 veces en este libro. Y recuerda que a Dios se lo conoce como el Todopoderoso, así que, la imagen de su soberanía y poder está por todo el Libro de Job. Y quiero que vean aquí, en Job 1 y 2, diferentes facetas de su soberanía.

El objetivo de Job 1 hasta el final es que entendamos que Dios es soberano sobre cualquier situación y quiero que vean específicamente lo que eso significa en el contexto de estos dos capítulos.

Número uno, Dios es soberano sobre los ángeles. Ahora recuerda que Dios es soberano sobre todo. Cualquier persona que sea soberana sobre algo significa que tiene autoridad sobre ese algo o alguien. Un rey tiene autoridad gobernante sobre su tierra, la gente y todas las cosas en su tierra. Para Dios ser soberano significa que tiene autoridad, que gobierna sobre algo o alguien. Y Dios tiene soberanía sobre los ángeles. En el versículo 6 del primer capítulo de Job leemos: “Un día vinieron a presentarse delante de Jehová los hijos de Dios” ósea los ángeles.  Esta imagen la tenemos en todas las Escrituras, leamos algunos ejemplos: Salmo capítulo 103, versículo 20 dice: «Bendecid a Jehová, vosotros sus ángeles, Poderosos en fortaleza, que ejecutáis su palabra, Obedeciendo a la voz de su precepto». En este momento, Dios está rodeado por una multitud de ángeles, huestes celestiales que hacen su voluntad constantemente, de día y noche; y Él es soberano sobre cada uno de ellos. Dios es soberano sobre los ángeles.

En segundo lugar, Dios es soberano sobre los demonios y vamos a detenernos aquí por un segundo. En Job 1 y 2 se muestra claramente la soberanía de Dios sobre Satanás, Satanás literalmente significa el acusador. Y aquí es donde se nos recuerda que nuevamente Satanás no es una figura de cuento de hadas, Satanás es una personalidad real. Lo vemos al comienzo de la Biblia en Génesis 3 como el tentador que atrae a las personas al pecado. Esto también lo vemos en Ezequiel capítulo 28, versículo 14 cuando dice: “Tú, querubín grande, protector, yo te puse en el santo monte de Dios, allí estuviste; en medio de las piedras de fuego te paseabas. Perfecto eras en todos tus caminos desde el día que fuiste creado, hasta que se halló en ti maldad. A causa de la multitud de tus contrataciones fuiste lleno de iniquidad, y pecaste; por lo que yo te eché del monte de Dios, y te arrojé de entre las piedras del fuego, oh querubín protector”.

Y la imagen que tenemos aquí es que él es el dios, (en minúsculas) él es el dios de esta época, príncipe de este mundo. Y aquí en Job 1 y 2 vemos que Satanás tiene poder sobrenatural para hacer estas cosas, pero tenemos que detenernos allí y darnos cuenta que el poder sobrenatural no es lo mismo que el poder omnipotente, es decir todo el poder, y lo vemos en Job 1 y 2 donde vemos que el poder de Satanás está claramente limitado por Dios, en otras palabras, no hay nada, absolutamente nada que Satanás pueda hacer sin el permiso de Dios. Para decirlo claramente, Satanás está atado y Dios tiene las riendas. Lo que eso significa es que Satanás está haciendo las cosas en Job 1 y 2 sin dudas. Y él es directamente responsable de estas cosas que están sucediendo en Job. Pero finalmente, ¿Quién tiene poder sobre Satanás? Pues Dios. Entonces, Satanás es la causa directa de lo que está sucediendo aquí, pero hay una causa última en Dios porque Dios es soberano sobre Satanás. Dios es omnipotente, Satanás no lo es. Dios es omnisciente, Satanás no lo es. Dios está omnipresente, Satanás no. Dios es soberano y Satanás no. Dios es soberano, sobre todo. Vamos a hablar de eso un poco más en sólo un minuto, pero la imagen es que Dios finalmente está sobre Satanás y cada cosa que Satanás está haciendo.

La tercera imagen de la soberanía de Dios es que Él es soberano sobre las naciones, estas son las mismas verdades que vemos en Job 12:23 que dice que Dios levanta naciones y Dios destruye naciones, Él es soberano sobre las naciones. Él amplía las naciones y Él las dispersa. El Salmo 22 al 28 habla de cómo Dios tiene el dominio sobre todas las naciones y todos los gobernantes. Todas las naciones están bajo la soberanía de Dios. Dios es soberano sobre cada una de las naciones; es soberano de los Estados Unidos y de China, soberano de Corea del Norte, de Iraq, Irán, Afganistán e Israel. Dios es soberano de cada nación y Dios es soberano sobre cada dignatario de estos países. Él es soberano sobre todos ellos, no Satanás.

No sólo las naciones, sino que Dios es soberano sobre la naturaleza. Las otras dos tragedias evidenciadas en el texto de Job, son naturales. El primero es el fuego de Dios; El siervo dice que el fuego de Dios cayó del cielo, es la misma imagen que tenemos en 1 Reyes 18 cuando Dios trae fuego del cielo para iluminar el altar con los profetas de Baal. 1 Reyes 18:38 dice: “Entonces cayó fuego de Jehová, y consumió el holocausto, la leña, las piedras y el polvo, y aun lamió el agua que estaba en la zanja. Viéndolo todo el pueblo, se postraron y dijeron: ¡Jehová es el Dios, Jehová es el Dios!”. ¿Lo ves? Dios es soberano sobre el fuego del cielo que desciende.

Dios también es soberano sobre el viento. La imagen del viento que viene y entra desde el desierto y golpea las cuatro esquinas de la casa. Acompáñame por un momento a Job 37, permíteme mostrarte algo, quiero que veas la soberanía de Dios en la naturaleza. A lo largo del Antiguo Testamento, nunca ves decir que un día llovió, siempre dice que, un día Dios trajo la lluvia. A Dios se le atribuye todo lo que sucede en la naturaleza porque Él es soberano sobre todo. Mira Job 37, versículo 5. Aquí hay algunas imágenes increíbles: “Truena Dios maravillosamente con su voz; El hace grandes cosas, que nosotros no entendemos. Porque a la nieve dice:  Desciende a la tierra; También a la llovizna, y a los aguaceros torrenciales.  Así hace retirarse a todo hombre, Para que los hombres todos reconozcan su obra. Las bestias entran en su escondrijo, Y se están en sus moradas. Del sur viene el torbellino, Y el frío de los vientos del norte.  Por el soplo de Dios se da el hielo, Y las anchas aguas se congelan. Regando también llega a disipar la densa nube,  Y con su luz esparce la niebla. Asimismo, por sus designios se revuelven las nubes en derredor, Para hacer sobre la faz del mundo, En la tierra, lo que él les mande. Unas veces por azote, otras por causa de su tierra» (Job 37: 6-13). Las nubes no tienen una mente propia. No están operando naturalmente. Están operando al comando de Dios. Dios es soberano sobre cada parte de la naturaleza. Cada mota de polvo está bajo la soberanía de Dios.

Luego, Dios es soberano sobre la enfermedad. Cuando Job está afligido con estas llagas, no es Satanás quien tiene el poder máximo en la salud de Job; es Dios. El Salmo 106, versículo 15 es un claro ejemplo de ello, este Salmo habla de cómo Dios es soberano sobre las enfermedades, incluso de su pueblo. Y este es un buen recordatorio para nosotros. Damas y caballeros, Satanás no es soberano sobre el cáncer, el VIH SIDA,  no es soberano sobre la tuberculosis, Él no es soberano sobre la malaria. Dios es soberano sobre el cáncer, sobre el SIDA, Él es soberano sobre la tuberculosis, la malaria, el resfriado común y todas las demás enfermedades que te puedes imaginar. Dios es soberano, incluso sobre la muerte.

En Job 2, muy probablemente Job piensa que tiene una enfermedad terminal, pero la realidad es que Satanás no determina si Job vive o muere. Dios lo determina; si Dios quiere, nosotros vivimos; si no lo hace, no lo hacemos. Satanás no determina si alguno de nosotros tiene o no aliento en este momento, Dios lo determina. Y Satanás no determina si respiramos o no en media hora, Dios lo determina. Dios es soberano sobre nuestras vidas y nuestra muerte. Dios es soberano sobre los ángeles, los demonios, las naciones, la naturaleza, la enfermedad y la muerte. Y para resumir todo aquí en Job 1 y 2, Dios es soberano sobre nuestra comodidad. Él es soberano sobre la comodidad, todas las bendiciones que Job tiene son porque así lo quiso Dios.

El Evangelio, la Soberanía de Dios y el Sufrimiento Pt.1

El Evangelio, la Soberanía de Dios y el sufrimiento Pt 3