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Lo que enseña la Biblia acerca de hacer tesoros

Cordiales saludos amable oyente. Es una bendición para mí saber que está en nuestra sintonía. Bienvenida, o bienvenido al estudio bíblico de hoy. Nuestro tema de estudio es lo que dice la Biblia acerca del dinero y las posesiones, en la serie que lleva por título: Dinero y Posesiones a la Luz de lo eterno. Dentro de poco nos acompañará David Logacho para guiarnos en lo que enseña la Biblia acerca de hacer tesoros.

Que gozo es compartir este tiempo con usted, amiga, amigo oyente. El hecho que la Biblia condene el materialismo, tanto dentro de la iglesia como fuera de ella, no significa que Dios demande de los que somos suyos que no tengamos que ver nada con el dinero y las posesiones. Tanto el ascetismo como el materialismo son igualmente peligrosos y por eso la Biblia los condena. El equilibrio aparece en muchas partes de la Biblia, pero tomemos uno que para mí es un clásico. Considere lo que dice Mateo 6:19-21 No os hagáis tesoros en la tierra, donde la polilla y el orín corrompen, y donde ladrones minan y hurtan; sino haceos tesoros en el cielo, donde ni la polilla ni el orín corrompen, y donde ladrones no minan ni hurtan. Porque donde esté vuestro tesoro, allí estará también vuestro corazón.
El Señor Jesús no está en contra de que nos hagamos tesoros. Todo lo contrario, está a favor de que nos hagamos tesoros. Hacer tesoros significa reunir y guardar dinero o cosas de valor. El problema no es hacer tesoros para nosotros mismos. El problema es dónde vamos a hacernos esos tesoros. Existen básicamente dos posibilidades, en la tierra, esto es en este mundo, o en el cielo, fuera de este mundo. El Señor Jesús está ordenando o mandando a que no nos hagamos tesoros en la tierra sino en el cielo. Hacernos tesoros en la tierra es sinónimo de acumular riqueza en este mundo, dígase casas, terrenos, joyas, depósitos bancarios, inversiones, acciones en la bolsa de valores, y cosas por el estilo. Hacernos tesoros en el cielo es sinónimo de usar el dinero o los bienes materiales para el avance de la obra de Dios en la tierra. Pero ¿Cuál es la razón para que el Señor Jesucristo ordene el no hacernos tesoros en la tierra? El Señor Jesús responde diciendo que en la tierra, la polilla y el orín corrompen los tesoros y los ladrones minan y hurtan los tesoros. Todos sabemos que esto es así. Hace muchos años atrás tenía un vehículo que en cierto sentido era un tesoro hecho en la tierra. Una noche, lo guardé en el garaje, o en la cochera, de mi casa y cuando me desperté al siguiente día, el vehículo se había esfumado. Los ladrones minaron y hurtaron mi vehículo. Jamás lo he vuelto a ver hasta ahora. Cualquier tesoro que hagamos en la tierra corre algún tipo de riesgo. Si no son los ladrones, es la polilla y el orín, o los sistemas políticos imperantes, o los cambios radicales de la economía. En cualquier caso, los tesoros que nos hagamos en la tierra no son duraderos. Pero en cambio, los tesoros que nos hacemos en el cielo, no corren ningún tipo de riesgo. En el cielo no hay ladrones que minen y hurten, en el cielo no hay polilla ni orín, que destruyan las cosas de valor, en el cielo no hay sistemas políticos que amenacen confiscar los bienes, en el cielo no hay economías que colapsen. A decir verdad no hay mejor razón que esta para que el Señor Jesús haya dicho: no os hagáis tesoros en la tierra, sino haceos tesoros en el cielo. Además, los tesoros en la tierra tienen una característica común: O nos dejan en el momento menos pensado o les dejamos cuando salgamos de este mundo. Nadie puede llevar a la eternidad algo, por más mínimo que sea, de los tesoros que ha hecho en este mundo. Esto se hace patente en la parábola que relató el Señor Jesús en Lucas 12:16-21. La Biblia dice: También les refirió una parábola, diciendo: La heredad de un hombre rico había producido mucho. Y él pensaba dentro de sí, diciendo: ¿Qué haré, porque no tengo dónde guardar mis frutos? Y dijo: Esto haré: derribaré mis graneros, y los edificaré mayores, y allí guardaré todos mis frutos y mis bienes; y diré a mi alma: Alma, muchos bienes tienes guardados para muchos años; repósate, come, bebe, regocíjate. Pero Dios le dijo: Necio, esta noche vienen a pedirte tu alma; y lo que has provisto, ¿de quién será? Así es el que hace para sí tesoro, y no es rico para con Dios.
Este es el caso típico de alguien que hizo tesoros en la tierra. Dios dijo que este hombre era necio. ¿En qué consiste su necedad? En que vivió sólo para hacer tesoros en la tierra y descuidó hacer tesoros en el cielo. Se murió el momento que menos pensaba y todo el tesoro que hizo en la tierra le dejó. Otros lo disfrutaron, no él. El Señor Jesús dijo que este hombre no fue rico para con Dios. En eso consistió su necedad. Cosas como estas deben haber motivado al misionero Jim Elliot, quien murió traspasado por las lanzas de los huaoranis en la selva del Ecuador, a tener como lema para su vida lo siguiente: No es un necio quien entrega lo que no puede guardar para ganar lo que no puede perder. Si usted no quiere ser un necio, es necesario que haga su tesoro no en la tierra sino en el cielo. Algo muy interesante que debemos tomar en cuenta en relación con esto es que si bien es cierto no podemos sacar nada de este mundo cuando muramos, sin embargo, podemos invertir el dinero y las posesiones que Dios nos ha confiado en la tierra, para que rindan jugosos réditos en la eternidad. Esto es lo que hizo el hombre de la parábola en Mateo 13: 44. La Biblia dice: Además, el reino de los cielos es semejante a un tesoro escondido en un campo, el cual un hombre halla, y lo esconde de nuevo; y gozoso por ello va y vende todo lo que tiene, y compra aquel campo.
Este hombre debe haber tenido alguna posesión o dinero guardado. Sin embargo, en algún momento halla enterrado algo mucho más valioso que lo que tiene. No puede simplemente tomarlo porque sería equivalente a robar, y entonces hace algo que toda persona en sus cabales haría. Reúne todo lo que posee, el dinero, las joyas, la casa, los animales y todo lo que tenga algo de valor y lo vende. Con el dinero en la mano va y compra el campo donde había encontrado el tesoro escondido. Ahora el campo es legítimamente suyo y el hombre puede desenterrar el tesoro y disfrutar de él. En esencia el hombre invirtió lo que tenía en la mano para adquirir algo muchísimo más valioso. Pero no deje pasar por alto algo que muy específicamente aparece en la parábola. El hombre no se puso triste al vender todas las cosas de valor que tenía. El texto dice que gozoso por ello va y vende todo lo que tiene. El hombre de la parábola no pensaba que se estaba sacrificando, no tenía necesidad de que le tengan lástima. Lo que estaba por adquirir era tan preciso que jamás perdió el gozo por lo que estaba haciendo. Bueno, lo mismo tendría que estar pasando con nosotros los creyentes. Por decirlo así hemos hallado una manera de hacernos tesoros en un lugar absolutamente seguro, un lugar donde ni la polilla ni el orín corrompen y donde ladrones no minan ni hurtan. Siendo así, con gozo deberíamos invertir todo lo que tenemos ahora, algo que está en peligro de que nos deje o que lo dejemos, para que eso se transforme en ese tesoro grandioso en ese lugar donde no corre ningún riesgo en absoluto. Dios nos está ofreciendo la grandiosa oportunidad de cambiar cosas que tienen valor temporal, que sirven sólo mientras estamos en este mundo, por cosas que tienen valor eterno, cosas que sirven por la eternidad. ¿No le parece maravilloso? Lo que guardamos lo perdemos, lo que damos, lo que compartimos, y lo hacemos en el nombre de Cristo lo estamos guardando en el cielo donde no se puede perder. No tiene sentido aferrarnos a las cosas materiales, lo sensato es poner las cosas materiales en la mano de Dios para que sean nuestras por la eternidad. De modo que no podemos llevar nosotros mismos las cosas materiales al cielo, pero podemos enviarlas con anticipación para que nos esperen allí cuando lleguemos al cielo. Observe lo que dijo Pablo a los creyentes que le ofrendaron dinero para su ministerio. Filipenses 4:17 dice: No es que busque dádivas, sino que busco fruto que abunde en vuestra cuenta. Cada vez que damos algo para la obra del Señor estamos incrementando nuestra cuenta en el cielo. ¡Esto es grandioso! Sólo así podemos asegurar nuestro corazón. Note lo que la Biblia dice en Mateo 6:21 Porque donde esté vuestro tesoro, allí estará también vuestro corazón.
Le gustaría que su corazón esté en el cielo, entonces tiene que hacerse tesoros en el cielo. Donde está el tesoro allí está el corazón. Muchos creyentes añoran que su corazón esté en las misiones, o en la iglesia, o en la obra del Señor en general, pero no invierten nada ni en las misiones, ni en la iglesia, ni en la obra del Señor en general. En resumen, amable oyente, hacernos tesoros en la tierra no solamente es hacer algo contrario a la voluntad del Señor Jesús, sino que además es algo insensato, es una necedad. ¿Quién se resistiría a guardar algo que se puede perder en lugar de cambiarlo por algo que no se puede perder? Nadie en sus cabales.

Evangelio de la prosperidad

Lo inmediato y lo eterno