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Cristianos postrados

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¿Deseas ser sano, deseas levantarte? 38 años es mucho tiempo para estar tendido en una alfombra, cuando Jesús le hace esta pregunta a este hombre, creo que, nos está haciendo a nosotros la misma pregunta en un sentido espiritual. Permíteme considerar tres cosas que reducen a muchos creyentes a una vida de “postración espiritual”.

Actualmente podemos encontrar un sinnúmero de cristianos, estancados en la duda, el temor, la soledad y el quemeimportismo; éstos son a los que yo llamo los “cristianos postrados en sus alfombras”. En este programa daremos una mirada al poder sanador de Jesucristo, pero antes examinaremos varias señales sobre los “cristianos postrados en sus alfombras” veamos si puedes reconocerlos.

Hemos estado estudiando, un poco más, sobre la vida de Jesús durante su presencia en la tierra, Jesús completamente hombre y completamente Dios nos ha mostrado su gran amor y su profunda obediencia, hacia el Padre.

¿Recuerdas?, hemos visto el poder sobrenatural de Jesucristo a través de varias señales, durante sus tres años de ministerio. Ahora estudiaremos la sanación espiritual que Jesús realizó en un hombre que se encontraba postrado sobre su lecho por más de 38 años. Actualmente es muy común encontrarse con cristianos que a pesar de haber conocido a Jesucristo siguen postrados sobre sus alfombras, veamos algunos de ellos.

La primera es, la alfombra de las excusas personales: para algunas personas es muy difícil reconocer su propia condición espiritual, siempre es la culpa de alguien más, “si no fuera por mi esposa, si no fuera por mi esposo, si no fuera por mi jefe, por mis empleados, si no tuviera este trabajo, si esto no me tomara tanto tiempo, me gustaría aprender más de Dios, pero lastimosamente tengo todo esto encima”; siempre es la culpa de alguien más.

Para algunas personas esto es muy difícil, la vida espiritual es un problema, ¡si ya estoy en el suelo, ¿´Por qué tengo que levantarme?! Filipenses capítulo 4 versos 12 y 13, Pablo dijo: “Sé vivir humildemente, y sé tener abundancia; en todo y por todo estoy enseñado, así para estar saciado como para tener hambre, así para tener abundancia como para padecer necesidad. Todo lo puedo en Cristo que me fortalece”.

Jesús vive dentro de mí a través de su Espíritu Santo, no tengo que permanecer en la alfombra de las excusas personales, tengo que estar al control de mi vida, y si hoy estoy derrotado en mi alfombra; por el poder del Espíritu Santo, puedo levantarme. Para algunas personas es muy difícil admitir que ese es su problema. ¿Qué es lo que tienes que hacer? Sólo debes decir: ¡tengo un problema y debo asumirlo!

En segundo lugar, está la alfombra de los pecados: nuestra condición humana nos lleva constantemente hacia el pecado, yo he sido creyente desde hace muchos años, y aun me cuesta mucho abandonar algunos pecados, el pecar está en nuestra naturaleza, pero si pecamos, y no confesamos nuestros pecados entonces esos pecados nos mantendrán acostados sobre nuestra alfombra de pecaminosidad. Si tú eres un creyente y estás viviendo una vida de pecado y no te responsabilizas por eso, entonces tienes un gran problema, has estado en la alfombra del pecado por tanto tiempo que ni siquiera te importa.

Dos pasos para confesar tu pecado: Primero, sé honesto, “este es mi pecado, me duele este pecado” No sigas haciendo eso, no te quedes en el suelo sobre esta alfombra, Salmo 32 versos 2 al 5 dice, “Bienaventurado el hombre a quien Jehová no culpa de iniquidad, Y en cuyo espíritu no hay engaño. Mientras callé, se envejecieron mis huesos En mi gemir todo el día. Porque de día y de noche se agravó sobre mí tu mano; Se volvió mi verdor en sequedades de verano. Mi pecado te declaré, y no encubrí mi iniquidad. Dije: Confesaré mis transgresiones a Jehová; Y tú perdonaste la maldad de mi pecado”.

Mi pecado te declaré, [confiesa tu pecado] y no encubrí mi iniquidad. Dije: Confesaré mis transgresiones a Jehová; Y tú perdonaste la maldad de mi pecado”. Así que, debes confesar honestamente tu pecado, -“No quiero quedarme allí, me siento culpable, no quiero seguir haciendo eso” ¿puedes sentir el alivio? “Y tú perdonaste la maldad de mi pecado” así que puedes confesar tu pecado, arrepentirte y levantarte de esa alfombra que te tiene en el suelo.

También hay pecados de inclinación, todos tenemos algunas áreas oscuras en nuestras vidas a las que nos sentimos inclinados, todos tenemos estos pecados de inclinación, estas son tentaciones comunes. Ahora, la tentación no es un pecado, Jesús fue tentado, pero no pecó, la tentación puede convertirse en pecado cuando cedes a ella. La tentación es como un dolor de espaldas crónico, que nunca desaparece, esto va desde una lengua afilada que deja gente herida a su paso hasta un temperamento furibundo que golpea todo a su paso. Pecados sexuales, miradas inapropiadas, pornografía, promiscuidad, homosexualidad, y adulterio, faltar a la verdad, mentir, en fin, la lista puede ser interminable.

Cada uno de nosotros tiene áreas débiles con la tentación, y esta es la batalla de cada día. Estas son cosas que suceden dentro de nosotros, atacan nuestra carne y Satanás nos las pone porque, nos conoce, estamos en una batalla constante con nuestros pecados de inclinación, y no podemos permitir que estos pecados se lleven lo mejor de nosotros, no podemos permitir que estos pecados nos mantengan en esa alfombra de inmundicia.

Busca el libro de Colosenses capítulo 3, verso 5, “Haced morir, [tú debes matar a estos pecados] pues, lo terrenal en vosotros: fornicación, impureza, pasiones desordenadas, malos deseos y avaricia, que es idolatría”

Estas cosas antes caracterizaban tu vida, antes de ser un creyente no tenías estas batallas, no tenías problemas con estas cosas ¿verdad? Pero ahora es diferente, debes combatir contra todas estas cosas, Colosenses 3:7-10 dice, “en las cuales vosotros también anduvisteis en otro tiempo cuando vivíais en ellas. Pero ahora dejad también vosotros todas estas cosas: ira, enojo, malicia, blasfemia, palabras deshonestas de vuestra boca. No mintáis los unos a los otros, habiéndonos despojado del viejo hombre con sus hechos, y revestido del nuevo, el cual conforme a la imagen del que lo creó se va renovando hasta el conocimiento pleno”

La batalla contra los pecados de inclinación es una batalla de todos los días, ahora, yo sé que muchos lo han intentado y fracasan muchas veces y se sienten avergonzados de volverle a decir a Dios sobre sus pecados, pero todos hemos estado allí y por eso te digo, que si te quedas allí vas a vivir derrotado por el resto de tu vida.

Es por el poder de Dios y la fuerza del Espíritu Santo, que vive en cada creyente, que tienes que levantarte y decir; “Padre yo sé que he pecado, yo sé que he venido cientos de veces con la misma confesión y aquí estoy una vez más, Tú eres el único que puede perdonarme, eres el único que puede limpiar mi culpa y eres el único que puede ayudarme a vivir en obediencia” Esta batalla es algo que podemos ganar al menos una vez y a veces también podemos perder, pero después de un tiempo son más las veces que ganas que las que pierdes, y el Espíritu Santo es quien te da estas victorias.

Y esta es la última, la alfombra del fracaso, una vez más, nosotros somos los que debemos matar los deseos terrenales, aunque todavía vamos a pecar, 1 Juan 1:8 dice “Si decimos que no tenemos pecado, nos engañamos a nosotros mismos, y la verdad no está en nosotros”. La cuestión es, cómo vamos a enfrentar el fracaso, lo enfrentamos, nos arrepentimos, ¿o vamos a quedarnos derrotados con esto, en el suelo?

Hace algunos años John Piper habló con algunos estudiantes universitarios en una conferencia llamada “pasión” y se refirió a la cuestión de permitir que el pecado y el fracaso nos mantengan derrotados, y del peligro de decir que no vale la pena hacer el esfuerzo por levantarse, escucha lo que dijo John Piper a estos universitarios, “La gran tragedia no es ser derrotados por el pecado, la tragedia es que Satanás utiliza la culpa por estos fracasos para arrancar cada propósito que Dios ha puesto en tu corazón para bendecirte, pero en lugar de eso buscas la seguridad en los placeres superficiales de este mundo hasta terminar arrugado en una mecedora convertido en un inútil y dejando una gran herencia a tus hijos adolescentes para que con esto ellos también se pierdan en su mundanalidad, esta es la verdadera tragedia” ¿no es así? Esta, si que es una tragedia, algunos de nosotros estamos tan cómodos en nuestras que dejamos que el fracaso nos robe cada uno de nuestros propósitos que Dios tiene para nosotros y para causar un verdadero impacto en este mundo.

Entonces, Satanás te ha condenado a esta alfombra del fracaso, esa es la mala noticia, la buena noticia es que, a través del poder del Espíritu Santo no tenemos que quedarnos ahí, tenemos el poder de la resurrección de Jesús viviendo en nosotros. No importa cuántas veces fracases hoy es el día que puedes levantarte tomar tu lecho y seguir hacia adelante. Te desafío para que te levantes y reclames esos propósitos que Dios ha preparado para ti, permíteme terminar con la lectura de Miqueas capítulo 7 versos 8 y 9, “Tú, enemiga mía, no te alegres de mí, porque, aunque caí, me levantaré; aunque more en tinieblas, Jehová será mi luz. La ira de Jehová soportaré, porque pequé contra él, hasta que juzgue mi causa y haga mi justicia; él me sacará a luz; veré su justicia”

Este fue un poderoso mensaje ¿verdad? Así que es hora de levantarse, es hora de que hagas lo que Dios te ha llamada a hacer, así que te voy a decir esto; “Levántate, toma tu lecho, y anda”

Este hombre fue sanado, su curación ha cambiado su semblante, él es una persona nueva, él dijo, no puedo responder a sus preguntas, pero esto es lo que sé, yo era ciego, pero ahora puedo ver.

La transfiguración

Jesús como Salvador