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Táctica de los falsos maestros para ganar adeptos a su falsa enseñanza

Gracias por el privilegio que nos brinda al estar junto a nosotros a través de las ondas de esta emisora amiga. Bienvenida o bienvenido al estudio bíblico de hoy. Continuando con nuestra serie que lleva por título: Gálatas, la carta magna de emancipación de la iglesia, hoy nos corresponde incursionar en la táctica de los falsos maestros para ganar adeptos a su falsa enseñanza. En instantes más estará con nosotros David Logacho para hablarnos sobre este asunto.

Una de las tácticas predilectas de los falsos maestros es sembrar cizaña en los trigales. Con esto quiero decir que normalmente los falsos maestros no ganan adeptos a sus falsas doctrinas entre la gente que no tiene ningún conocimiento de la palabra de Dios. Ganan adeptos entre la gente que conoce un poco de la palabra de Dios, pero no mucho como para detectar los errores de su falsa enseñanza. Si Usted hace una investigación de los antecedentes de los miembros de las sectas falsas de hoy en día encontrará que un buen porcentaje de ellos estaban bien encaminados doctrinalmente hablando cuando fueron abordados por algún falso maestro quien les arrastró a la secta falsa. Cuando digo que estaban bien encaminados doctrinalmente hablando, no digo que necesariamente ya eran creyentes, pero aparentaban estar dando pasos en esa dirección. Otros probablemente ya eran creyentes pero al igual que los Gálatas de antaño se dejaron fascinar por alguna falsa doctrina y fueron arrastrados en el error. Esto se hace muy evidente en el pasaje bíblico que tenemos para el estudio de hoy. Se encuentra en el libro de Gálatas capítulo 4 versículos 12 a 20. Allí tenemos el ruego del apóstol, el relato del apóstol, el reclamo del apóstol, la reflexión del apóstol y el reto del apóstol. Consideremos el primer punto, el ruego del apóstol. Gálatas 4:12 en su primera parte dice: “Os ruego, hermanos, que os hagáis como yo, porque yo también me hice como vosotros” Note que Pablo está hablando a los hermanos. Los creyentes Gálatas. Antes de ser creyente, Pablo era un connotado fariseo, celoso cumplidor de la ley de Moisés, pero cuando recibió a Cristo en su corazón como Salvador, Pablo comprendió que estaba libre de la ley de Moisés, y dejó de ser cumplidor de la ley de Moisés. Pablo está rogando a los hermanos de Galacia que imiten su ejemplo. Los creyentes judíos de Galacia no deberían por tanto volver a esclavizarse a la ley de Moisés. Los creyentes gentiles de Galacia tampoco deberían comenzar a esclavizarse a la ley de Moisés. Esto es lo que está rogando Pablo. Antes de salir de este punto, quiero dejar muy en claro que estar libre de la ley de Moisés no significa que los creyentes podemos romper todos los mandamientos del decálogo y que nada va a pasar. Recuerde que el creyente está libre de la ley de Moisés, pero está sujeto a la ley de Cristo. Esta sujeción no es por obligación como demandaba la ley de Moisés, sino que es una sujeción por amor, en respuesta a quien nos amó primero. En la ley de Cristo se repiten, por ejemplo, 9 de los diez mandamientos de la ley de Moisés. El único mandamiento de la ley de Moisés que no se repite en la ley de Cristo es el cuarto. Aquel que tiene que ver con guardar el séptimo día como día de reposo. En segundo lugar tenemos el relato del apóstol. Gálatas 4:12 en su segunda parte hasta el versículo 14 dice: “Ningún agravio me habéis hecho. Pues vosotros sabéis que a causa de una enfermedad del cuerpo os anuncié el evangelio al principio; y no me despreciasteis ni desechasteis por la prueba que tenían en mi cuerpo, antes bien me recibisteis como a un ángel de Dios, como a Cristo Jesús.” Presintiendo que a lo mejor los creyentes Gálatas podrían estar pensando que Pablo estaba molesto con ellos y que por eso les escribe esta carta severa, Pablo afirma que los creyentes Gálatas no le han causado ningún agravio. La severidad de la carta no tiene nada que ver con agravios que los creyentes Gálatas podrían haber causado a Pablo. Todo lo contrario, la experiencia de Pablo entre los Gálatas fue muy grata. Pablo hace reminiscencia del tiempo entre los Gálatas. Pablo llegó a ellos a causa de una enfermedad del cuerpo. Observe como Dios usa las circunstancias para cumplir con su voluntad. Pablo no tenía entre sus planes visitar Galacia, pero durante su primer viaje misionero, cuando estaban en Perge de Panfilia, se enfermó y eso le hizo alterar su plan yendo a Antioquia de Pisidia, la primera ciudad de la región de Galacia. Una vez allí, Pablo aprovechó de su estadía por enfermedad para predicar el evangelio. Si Usted está ocupado en la obra del Señor y sucede algo fuera de su control, no se alarme. Es Dios quien está guiando sus pasos para cumplir con su voluntad soberana. No resista a Dios, sométase a lo que la circunstancia determina y hallará gran bendición como sucedió con Pablo. A pesar de su enfermedad en el cuerpo, los Gálatas recibieron a Pablo de lo mejor. Muchos llegaron a recibir a Cristo como Salvador. La presencia de Pablo entre los Gálatas fue considerada por ellos como la presencia de un ángel de Dios, como si Cristo Jesús mismo hubiera estado entre ellos. Así que los creyentes Gálatas no habían dado motivo alguno a Pablo para que se sintiera ofendido o agraviado. En tercer lugar, tenemos el reclamo del apóstol. Gálatas 4:15-16 dice: “¿Dónde, pues, está esa satisfacción que experimentabais? Porque os doy testimonio de que si hubieseis podido, os hubierais sacado vuestros propios ojos para dármelos. ¿Me he hecho, pues, vuestro enemigo, por deciros la verdad?” Algo lamentable había pasado con los creyentes Gálatas. Pablo está haciendo un reclamo. Antes estaban tan bien con Pablo que estaban dispuestos a todo con tal que Pablo se sienta bien entre ellos. Estaban dispuestos inclusive a sacarse los ojos para dárselos. Esto significa que estaban dispuestos a cualquier cosa. La referencia a los ojos en esta frase ha llevado a algunos a concluir que la enfermedad que padecía Pablo tenía que ver con los ojos. Bien podría ser, aunque también podría haber sido cualquier otra enfermedad. Pero ahora, Pablo reconoció que los Gálatas le estaban viendo a como a un enemigo. Por eso es que preguntó a los Gálatas: El haberles dicho la verdad, ¿es motivo para que Ustedes me vean como si fuera su enemigo? Los Gálatas estaban siendo ingratos y desleales con aquel que les trajo la luz admirable de la salvación en Cristo. Cuidado con imitar esta conducta amigo oyente. ¿Quién le trajo a Usted el mensaje de Salvación? ¿Ha sido Usted grato con él? O se ha vuelto enemigo de él, o simplemente le ha ignorado. No repita el error de los Gálatas en su propia experiencia cristiana. Pero queda flotando en el ambiente una pregunta. ¿Qué es lo que les hizo cambiar tanto a los Gálatas? Ah… amigo oyente. Fue la mano malévola de los falsos maestros llamados judaizantes. Estos individuos que enseñaban que para ser verdaderamente salvos, los creyentes Gálatas, además de recibir a Cristo por la fe como su Salvador, necesitaban circuncidarse y guardar la ley de Moisés. Veamos qué es lo que dice Pablo sobre estos caballeros. Consideremos por tanto, en cuarto lugar la reflexión del apóstol. Gálatas 4:17-18 dice: “Tienen celo por vosotros, pero no para bien, sino que quieren apartaros de nosotros para que vosotros tengáis celo por ellos. Bueno es mostrar celo en lo bueno siempre, y no solamente cuando estoy presente con vosotros.” Pablo está desenmascarando a los falsos maestros judaizantes. Cuando estos falsos maestros llegaron a Galacia mostraron gran amor por los creyentes Gálatas, pero no eran un amor sincero. Era un amor interesado. Era un amor que pretendía que los Gálatas se alejen de Pablo y comiencen a amar a los judaizantes. Así es como actúan siempre los falsos maestros. Tratan de causar división para llevarse a los más débiles con ellos. Tenga mucho cuidado cuando se encuentra en su iglesia con un hermanito entre comillas, que muestra tanto amor por Usted, pero que habla mal de los pastores o líderes de la iglesia. Probablemente se trate de un falso maestro que quiere arrastrarle hacia una falsa doctrina. Pablo dice a los Gálatas que está bien tener siempre amor por lo que es bueno, pero está muy mal que muestren amor a Pablo solo cuando estaba allí y cuando no estaba allí le traten como si fuera enemigo. Finalmente, tenemos el reto del apóstol. Gálatas 4:19-20 dice: “Hijitos míos, por quienes vuelvo a sufrir dolores de parto, hasta que Cristo sea formado en vosotros, quisiera estar con vosotros ahora mismo y cambiar de tono, pues estoy perplejo en cuanto a vosotros.” Trabajar en vidas de personas para llevarles hacia la madurez espiritual no es cosa sencilla. Pablo lo compara con los dolores de parto. Pero es un gran reto para todo hombre de Dios. Pablo trata con cariño y ternura a los creyente Gálatas. Les dice: Hijitos míos. A pesar de lo mal que estaban actuando, Pablo les trata bien. Gran ejemplo de cómo combinar el amor al pecador y el odio al pecado. Pablo experimentó ya esos dolores de parto cuando llevó el evangelio a los Gálatas, Hechos 13 y 14 relata todo lo que tuvo que padecer. No fue fácil predicar el evangelio a los Gálatas, sin embargo, ahora está volviendo a sufrir esos terribles dolores al ver el peligro en que se encontraban los Gálatas. La máxima meta de Pablo era que Cristo sea formado en cada creyente de Galacia. Pero esto demanda arduo trabajo, el cual no está libre de muchos dolores. Pablo añoraba estar presente entre los Gálatas para hablarles de otra manera, pues en realidad no sabía qué pensar de lo que estaban haciendo los Gálatas. Termino con esta reflexión. ¿No será que nosotros también, al igual que los Gálatas, estamos haciendo sufrir dolores como de parto a quien nos guió a los pies de Cristo? ¿Cómo? Pues con nuestra vida de pecado, con nuestra frialdad hacia las cosas de Dios, con nuestra resistencia a que Cristo se manifieste en nuestras vidas. Quiera Dios que nuestra conducta y doctrina no sea motivo para que nadie sufra de dolores de parto.

Lo absurdo de que un creyente bajo la gracia, intente volver a someterse a la ley como pretendían los judaizantes

Lección espiritual de una historia muy conocida del Antiguo Testamento