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Una alabanza sin igual

Nos da mucho gozo saber que Usted nos está escuchando. Reciba una cordial bienvenida al estudio bíblico de hoy. En esta ocasión, y siguiendo con nuestro estudio del libro de Apocalipsis, seremos testigos de una alabanza sin igual que recibe la persona de Dios en el cielo.

El pasaje bíblico para hoy se encuentra en el libro de Apocalipsis capítulo 4 versículos 8 a 11. Como antecedente, recuerde amable oyente que Juan fue invitado a subir al cielo para recibir de Jesucristo la información sobre las cosas que van a suceder una vez que la iglesia sea arrebatada al cielo. Tan pronto Juan se encontró en el Espíritu en el cielo, vio un trono establecido, lo cual significa un sitio de autoridad, de gobierno, de dominio. Quien estaba sentado en este trono establecido en el cielo, no tenía rasgos humanos. Juan lo describe como una luz refulgente parecida a la que irradia un diamante y un rubí. Alrededor del trono en el plano vertical había un halo también brillante que Juan lo describió como un arco iris semejante en aspecto a la esmeralda. La esmeralda es una piedra preciosa de un tono verdoso. El trono despedía relámpagos, truenos y voces. Alrededor del trono, en el plano horizontal había veinticuatro tronos en los cuales se sentaban veinticuatro ancianos vestidos de ropas blancas, con coronas de oro en sus cabezas. Estos veinticuatro ancianos representan a la iglesia glorificada en su ropaje de justicia lo cual es el resultado de haber confiado en Cristo como Salvador. Las coronas representan las recompensas que recibirán los creyentes como fruto de sus buenas obras. El hecho que los ancianos que representan a la iglesia glorificada estén sentados sobre tronos significa que la iglesia comparte el reino con Dios. Delante del trono ardían siete lámparas de fuego que representan la plenitud del Espíritu Santo y su disposición para ejecutar la voluntad de Dios. Delante del trono había como un mar de vidrio, semejante al cristal. Moisés en su tiempo, lo comparó con un embaldosado de zafiro semejante al cielo cuando está sereno. Es la gloria magnífica de la morada de Dios. Junto al trono y alrededor había cuatro seres vivientes llenos de ojos, delante, atrás, alrededor y por dentro. Estos seres vivientes eran querubines, una orden angélica cuyo propósito es guardar la santidad de Dios. Uno era semejante al león, indicando su poderío y fortaleza. Otro era semejante a un becerro, indicando su disposición humilde para servir. Otro tenía rostro como de hombre, indicando su personalidad. Tenían intelecto, voluntad y emociones. Otro era semejante a un águila volando, indicando agilidad para cumplir con la voluntad de Dios a quien sirven. Cada uno tenía seis alas. Todo esto lo hemos estudiado ya. La pregunta que debemos hacernos ahora es la siguiente: ¿Qué es lo que hacían en el cielo los cuatro seres vivientes y los veinticuatro ancianos? El pasaje bíblico que tenemos para nuestro estudio de hoy nos muestra que estaban dedicados a una actividad en extremo importante. Estaban dedicados a la alabanza a Dios. Veamos los detalles. Primero la alabanza de los cuatro seres vivientes. Apocalipsis 4:8 en su segunda parte dice: “y no cesaban día y noche de decir: Santo, santo, santo es el Señor Dios todopoderoso, el que era, el que es, y el que ha de venir” Esta es la alabanza de los cuatro seres vivientes. ¿Con qué frecuencia alababan a Dios? El texto dice que no cesaban día y noche” Los querubines amigo oyente, tenían un claro concepto de quien es Dios y quienes son ellos. Eso explica que sin cesar, de día y de noche estén dedicados a alabar a Dios. Nosotros, aunque redimidos por la sangre de Cristo, somos inferiores a los querubines en muchos sentidos. Siendo así, ¿No le parece que con mayor razón deberíamos también dedicarnos a la alabanza a Dios, sin cesar, día y noche? Si tuviéramos un mejor concepto de la grandeza y magnificencia de Dios y de la bajeza de nosotros como pecadores, aunque redimidos, estoy seguro que dedicaríamos más tiempo a la alabanza a Dios. No estoy hablando de pasar cantando himnos 24 horas al día siete días a la semana. Estoy hablando más bien de una constante noción de la grandeza y cercanía de Dios y una constante alabanza a su nombre en espíritu y en verdad, mientras desarrollamos las actividades que nos han sido encomendadas. No esperemos solo estar en el templo para alabar a Dios. Hágalo mientras lava los platos o la ropa o limpia la casa si Usted es una madre de familia, o mientras está en su oficina o en el negocio o en la fábrica si Usted es un trabajador, o en su colegio o universidad, si Usted es un estudiante. Mentalmente haga una pausa a sus labores y en la quietud de su corazón exprese una alabanza a Dios. También encontramos el tema de la alabanza. Es sencillo. Santo, santo, santo es el Señor Dios Todopoderoso, el que era, el que es, y el que ha de venir. Varias cosas triples aparecen en el tema de alabanza. Tres veces santo, tres nombres diferentes: Señor, Dios y Todopoderoso y tres aseveraciones sobre su eternidad e imutabilidad. El que era, el que es y el que ha de venir. Hermoso, ¿No le parece? Dios es un ser trino. Es uno solo, pero existe en tres personas. No es extraño que en la alabanza aparezcan sus nombres o sus atributos en grupos de tres. Un viejo y popular himno que desgraciadamente se canta muy poco en nuestras iglesias ante la avalancha de las canciones contemporáneas lleva por título: Santo, Santo, Santo. Su autor es Reginald Heber y la primera estrofa sintetiza muy bien lo que estamos tratando. Dice así: Santo, Santo, Santo, Señor Omnipotente. Siempre el labio mío loores te dará. Santo, Santo, Santo, te adoro reverente. Dios en tres personas, bendita trinidad. El autor debe haberse haber estado pensando en lo que estamos estudiando cuando compuso este hermoso himno. Hemos considerado entonces la ocupación de los cuatro seres vivientes que rodean el trono de Dios. Pero ellos no estaban solos en la alabanza. Consideremos en segundo lugar la alabanza de los ancianos. Apocalipsis 4:9-11 dice: “Y siempre que aquellos seres vivientes dan gloria y honra y acción de gracias a que está sentado en el trono, al que vive por los siglos de los siglos, los veinticuatro ancianos se postran delante del que está sentado en el trono, y adoran al que vive por los siglos de los siglos, y echan sus coronas delante del trono, diciendo: Señor, digno eres de recibir la gloria y la honra y el poder; porque tú creaste todas las cosas, y por tu voluntad existen y fueron creadas” Esto deberá ser algo espectacular. Tan pronto los cuatro seres vivientes reconocen en alabanza la magnificencia y eternidad de Dios y además expresan sus acciones de gracias al que está sentado en el trono, los veinticuatro ancianos comienzan por descender de sus tronos, luego se postran delante del que está sentado en el trono, acto seguido toman las coronas de oro de sobre sus cabezas y las echan delante del trono mientras cantan este himno: Señor, digno eres de recibir la gloria, y la honra y el poder; porque tú creaste todas las cosas, y por tu voluntad existen y fueron creadas. Esto se repite sin cesar, porque los cuatro seres vivientes, de noche y de día, sin cesar rinden alabanza a Dios. Recuerde amable oyente, que los veinticuatro ancianos representan a la iglesia en su estado glorificado en el cielo. Podemos por tanto decir que es la iglesia toda quien día y noche, sin cesar rendirá alabanza a Dios de la manera que ha sido descrita. Ahora observemos el cántico de los veinticuatro ancianos. Reconoce la magnificencia de Dios cuando dice: Señor, digno eres de recibir la gloria y la honra y el poder. Pero aquí viene algo novedoso. El cántico pone énfasis en Dios como creador. Porque tú creaste todas las cosas, y por tu voluntad existen y fueron creadas. ¿Por qué pensar en un Dios creador en la alabanza celestial por parte de la iglesia? Ah… amable oyente, la razón es porque está próximo el instante cuando Dios recupere para sí la creación, hecha con sus propias manos, pero que sin embargo, por la entrada del pecado en el mundo, pasó a ser dominio de Satanás. La obra de la redención de Dios en la cual Cristo tuvo un papel fundamental, logró que la creación regrese a su legítimo dueño. Ha llegado el momento de tomar dominio de lo creado. Por eso la iglesia estará alabando a Dios como creador. Terminando ya, amable oyente. Si Usted es un hijo de Dios, Usted estará algún día, alabando a Dios sin cesar, noche y día. Más vale que desde ahora comience entonces a deleitarse en la alabanza a Dios.

La experiencia del apóstol Juan

La primera parte del capítulo 5