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La sexta trompeta

Reciba cordiales saludos amable oyente. Es un gozo compartir con Usted el estudio bíblico de hoy. El 6 de Agosto de 1945, a las 8:15 de la mañana, Hiroshima se despertaba de una noche de mucha tensión por las incesantes alarmas de bombardeo. En ese momento a 9.000 metros de altura, el bombardero B-29 que llevaba por nombre Enola Gay soltó una bomba apodada Fat Boy, la cual se precipitó a tierra a través de un cielo libre de nubes. 43 segundos más tarde, se producía un destello violáceo al chocar la bomba contra el suelo. Inmediatamente se formó un globo de fuego de 150 metros de diámetro que engulló el centro, enviando ondas de calor a 9.000 grados centígrados a lo largo y ancho de la ciudad, a una velocidad de 4 kilómetros por segundo, seguido de ondas expansivas como de una explosión de 20.000 toneladas de TNT. Después se elevó el típico hongo atómico a kilómetros de altura sobre la ciudad que para entonces ya era solo escombros. El fuego devoró la ciudad, el viento comenzó a soplar con furia y una lluvia negra comenzó a caer. Los pocos sobrevivientes tiritaban de frío. El número estimado de fallecidos estaba entre los 100.000 y 200.000 en Hiroshima y entre 30.000 y 70.000 en Nagasaki. Esto sucedió décadas atrás, hoy en día las armas atómicas son mucho más destructoras que esta primera bomba atómica. Pero nada será más destructor que lo que está por venir sobre el mundo durante la tribulación cuando dejará de existir una tercera parte de la población mundial.

El pasaje bíblico para hoy, se encuentra en Apocalipsis 9:13-21. Corresponde a lo que se llama el juicio de la sexta trompeta, o también el segundo ay. Como antecedente, recuerde amigo oyente, que luego de los juicios anunciados por las cuatro primeras trompetas, la naturaleza quedó devastada. Inmediatamente, un ángel pregonó en medio del cielo diciendo: Ay, ay, ay de los que moran en la tierra, a causa de los otros toques de trompeta que están para sonar los tres ángeles. El quinto ángel hizo sonar su trompeta, y Satanás entró a la tierra como una estrella. Recibió las llaves del pozo del abismo y tan pronto abrió el pozo, salieron tantos demonios que parecían humo de un horno. Del humo salieron unas criaturas infernales como langostas, pero tenían el poder de los escorpiones. Estas criaturas recibieron órdenes de no matar a la gente, sino solamente atormentarlas por cinco meses, y el tormento era como cuando el escorpión hiere al hombre. La gente sufría tanto que deseaba la muerte, pero la muerte huía de ellos. Es el primer ay que pronunció el ángel. Al final de los cinco meses de este suplicio, la gente habrá estado esperando un alivio, pero en lugar de ello, viene el segundo ay, precedido por el sonido de la sexta trompeta. Veamos de qué se trata. Apocalipsis 9:13-14 dice: “El sexto ángel tocó la trompeta, y oí una voz de entre los cuatro cuernos del altar de oro que estaba delante de Dios, diciendo al sexto ángel que tenía la trompeta: Desata a los cuatro ángeles que están atados junto al gran río Eufrates”. Tan pronto el sexto ángel hizo sonar su trompeta, Juan oyó una voz que salió de entre los cuatro cuernos del altar de oro que estaba delante de Dios. No se identifica quien emitió esa voz. Pudo haber sido un ángel o uno de los cuatro seres vivientes, o el Cordero como inmolado, o Dios mismo. En todo caso, es importante notar la mención de los cuatro cuernos del altar de oro que estaba delante de Dios. Recuerde amigo oyente, que sobre este altar de oro se quemaba el incienso que representa las oraciones de los santos. Los cuatro cuernos del altar es el lugar desde donde Dios hace misericordia a los que se acercan a él. Según Apocalipsis 6:10, durante la tribulación, se elevarán oraciones a Dios por parte de los creyentes, diciendo: ¿Hasta cuándo, Señor, santo y verdadero, no juzgas y vengas nuestra sangre en los que moran en la tierra? La voz que se oye de entre los cuernos del altar es la respuesta de Dios a este pedido de oración de los santos de la tribulación. Ha llegado el momento para que Dios tome venganza contra los moradores de la tierra, por lo que los moradores de la tierra han hecho contra los santos de la tribulación. La voz ordenó al sexto ángel que acabó de hacer sonar su trompeta, diciendo: Desata a los cuatro ángeles que están atados junto al gran río Eufrates. Estos cuatro ángeles, son ángeles caídos o ángeles de Satanás, o demonios, porque los ángeles de Dios o los ángeles santos no aparecen nunca atados. El Eufrates es un río muy importante desde el punto de vista bíblico y desde el punto de vista geográfico. El Eufrates es el límite natural entre lo que se considera el Este y el Oeste. El Eufrates es uno de los ríos que bañaba el huerto de Edén, según Génesis 2:14. El ángel obedece la orden dada y mire lo que sucede: Apocalipsis 9:15-16 dice: “Y fueron desatados los cuatro ángeles que estaban preparados para la hora, día, mes y año, a fin de matar a la tercera parte de los hombres. Y el número de los ejércitos de los jinetes era doscientos millones. Yo oí su número” Probablemente desde su rebelión junto con Satanás, estos ángeles fueron atados por Dios para ser desatados la hora, el día, el mes y el año establecido de antemano por el Señor. Dios es soberano, amable oyente. Satanás y sus demonios son solo instrumentos en sus manos. Una vez sueltos, estos cuatro demonios, se aprestan para cumplir con su propósito. Este propósito es en extremo macabro. Tienen la misión de matar a la tercera parte de los habitantes de la tierra. No se sabe exactamente cuánta gente habitará la tierra en ese tiempo, porque miles de millones ya habrán muerto como resultado de los juicios precedentes, pero deben quedar varios miles de millones. Pues la tercera parte de este número morirán como obra de estos cuatro ángeles malignos. Estamos hablando entonces de la muerte de miles de millones en un periodo relativamente corto de tiempo. Los muertos en Hiroshima y Nagasaki, en la hecatombe nuclear será solo un pequeño incidente en comparación con lo que sucederá como resultado de la acción de estos cuatro seres siniestros. Quizá Usted estará pensando que solo cuatro ángeles no podrían causar tanto daño, bueno, lo que pasa es que estos cuatro demonios tienen a su disposición un gran ejército. Son nada más y nada menos que 200 millones de combatientes. ¿Quiénes son? No existe uniformidad entre los intérpretes bíblicos en cuanto a la identidad de estos guerreros. Para algunos son ejércitos de naciones orientales, equipados con sofisticado armamento. Para otros son demonios equipados con armas letales. Para otros son seres humanos poseídos por demonios y equipados con armas para exterminación masiva. En todo caso, cualquier interpretación que adoptemos, se trata de fuerzas del mal en acción. Acto seguido, Juan describe las características de estos guerreros. Apocalipsis 9:17-19 dice: “Así vi en visión los caballos y a sus jinetes, los cuales tenían corazas de fuego, de zafiro y de azufre. Y las cabezas de los caballos eran como cabezas de leones y de su boca salían fuego, humo y azufre. Por estas tres plagas fue muerta la tercera parte de los hombres; por el fuego, el humo y el azufre que salían de su boca. Pues el poder de los caballos estaba en su boca y en sus colas, porque sus colas, semejantes a serpientes, tenían cabezas, y con ellas dañaban” Note que el poder destructor no estaba en los jinetes sino en los caballos. Juan los vio sumamente protegidos contra cualquier ataque enemigo con sus corazas de fuego, zafiro y azufre. Las cabezas de los caballos eran como cabezas de leones y tenían colas semejantes a serpientes con cabezas. De las bocas y de las colas salían tres elementos que Juan los describe como fuego, humo  azufre. Estos tres elementos fueron los que acabaron con la tercera parte de la población mundial. Queda para la imaginación lo que en realidad estaba contemplando Juan en visión. Finalmente Juan nos abre una ventana para mirar al corazón de la gente que sobrevivirá al terrible ataque de este macabro ejército. Apocalipsis 9:20-21 dice: “Y los otros hombres que no fueron muertos con estas plagas, ni aun así se arrepintieron de las obras de sus manos, ni dejaron de adorar a los demonios, y a las imágenes de oro, de plata, de bronce, de piedra y de madera, las cuales no pueden ver, ni oír, ni andar; y no se arrepintieron de sus homicidios, ni de sus hechicerías, ni de su fornicación, ni de sus hurtos.” Luego de tanto sufrimiento, sería de esperarse que los hombres se sensibilicen y pongan su mirada en Dios. Pero no es así. Los hombres persistieron en las obras de sus manos. Juan señala sus pecados. Primero, idolatría. Juan es claro al mostrar que al inclinarse ante cualquier imagen, los hombres están adorando a los demonios. Detrás de cualquier imagen están los demonios amable oyente. Segundo, homicidios. Los hombres no tenían ningún empacho en quitar la vida a sus semejantes para obtener lo que querían. El aborto cae dentro de los homicidios. Tercero, hechicerías. La palabra griega que se ha traducido como hechicerías es farmácon, de donde viene nuestra palabra farmacia, el lugar donde se expenden drogas medicinales. Es decir que las artes mágicas hacían uso de las drogas para engañar a la gente. Me imagino yo que estaba en boga el horóscopo, la lectura de las cartas, la tabla ouija, etc. Cuarto, fornicación. La palabra griega que se ha traducido como fornicación es porneia, de donde vienen palabras como porno o pornografía. Tiene que ver con cualquier uso incorrecto del sexo. Dentro de eso está el sexo prematrimonial, el adulterio, la prostitución, el homosexualismo, el lesbianismo, la pornografía, etc. Quinto, hurto. Es el apropiarse de cosas que no nos pertenecen. A todo esto estará dedicado el mundo durante la tribulación. Pero no olvide amigo oyente que por ahora está abierta la puerta de escape para evitar los horrores de la tribulación. Esa puerta es Cristo. Recíbalo como su Salvador personal hoy mismo.

Escorpiones y su picadura

Los juicios de las trompetas