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Oración

Saludos cordiales amigo oyente. Nos da mucho gozo el saber que Ud. nos escucha en cualquier lugar que Ud. se encuentre. Bienvenido a nuestro estudio bíblico. El tema de nuestros estudios en esta serie, responde a la pregunta: ¿Qué hago ahora que soy de Cristo? La respuesta ha sido publicada en un librito titulado Diez Primeros Pasos para el Nuevo Creyente, escrito por el Dr. Woodrow Kroll, Presidente de Back to the Bible. David Logacho está haciendo una adaptación del contenido de este librito, con la finalidad de que Ud. amigo oyente, tenga una idea más cabal acerca de lo que todo nuevo creyente debería estar haciendo. En lo que hemos cubierto ya de este material hemos analizado los tres primeros pasos. Número uno, asegúrese de que es salvo. Número dos, dígaselo a alguien. Número tres, establezca un tiempo devocional. En el estudio bíblico de hoy, David Logacho nos va a hablar del cuarto paso.

El cuarto paso para todo nuevo creyente es: Ore. La mejor manera de conocer a fondo a una persona es pasando tiempo con ella en conversación amena. Lo mismo acontece en el plano espiritual. Si queremos conocer más a fondo a nuestro Padre celestial, es vital que estemos dispuestos a pasar tiempo con él, en amena conversación. La oración no es otra cosa sino conversar con Dios. Quizá esto parezca algo extraño a un nuevo creyente. Uno de ellos, dijo: No sé… me siento fuera de lugar cuando sin haber nadie alrededor, cierro mis ojos y empiezo a hablar como si hubiera alguien. De lo que este nuevo creyente no estaba consciente es de que jamás está solo, porque siempre está muy cerca el Padre celestial y por tanto podemos hablarle ya sea con palabras audibles o solamente en nuestro pensamiento. En un creyente, no debe haber jamás el más mínimo temor de acercarse a Dios. Es un hecho real que Dios escucha y contesta las oraciones. Ud. no se imagina amigo oyente cuanto poder hay en ese acto tan sencillo de orar. La oración mueve el brazo de Dios. Si en el cielo hubiera lágrimas, éstas quizá serían derramadas al reconocer lo mucho que pudimos haber hecho con la oración pero que por nuestra negligencia no lo hicimos. Muy bien, La pregunta ahora es: ¿Cuándo se debe hablar con Dios? Bueno, la Biblia dice: Orad sin cesar. Esto significa que todo tiempo es buen tiempo para orar. Toda ocasión es buena ocasión para orar. La oración debería ser algo tan natural a la vida espiritual del creyente, como la respiración es a la vida física del creyente. Si alguien me demuestra que puede vivir sin respirar, me demostrará también que puede vivir sin orar. Así es amigo oyente. Ud. debe orar cada vez que desee. No obstante, tener un tiempo específico para orar es tan importante como tener un tiempo específico para leer la Biblia. Recuerde que cuando ora, Ud. habla con Dios y cuando lee la Biblia, Dios le habla a Ud. Tomás Fuller ha dicho: «La oración debe ser la llave que abre el día a la mañana y lo cierra por la noche. Salmo 55:17 dice: «Tarde y mañana y a medio día oraré y clamaré, Y él oirá mi voz» Este es un buen modelo, pero de ninguna manera se trata de una fórmula mágica. La realidad es que todo creyente, no importa si es o no nuevo, necesita orar más que esto y definitivamente no vale la pena orar menos que esto. La mañana es un excelente tiempo para acercarse a Dios en oración, y adorar su nombre, para decirle lo mucho que significa para Ud., y lo mucho que Ud. le ama. Por la mañana es una ocasión ideal para alabarle por lo que él es y lo que él ha hecho. David, el rey de Israel, tenía esta costumbre. Salmo 5:3 dice: «OH Jehová, de mañana oirás mi voz; De mañana me presentaré delante de ti y esperare» Es de gran beneficio el dedicar algo de tiempo a la mañana en oración. Si fuéramos más conscientes de nuestra fragilidad como humanos y más de conscientes de la grandeza de nuestro Dios, no nos atreveríamos jamás a comenzar un día sin oración. Luego viene el medio día, y esto provee de una oportunidad para acercarse nuevamente a Dios en oración. Pregúntele a Dios si lo que ha hecho en la mañana le ha agradado. Si es así, dé gracias y pida que el resto del día sea igualmente bueno. Si no es así, será un buen momento para reconocer las faltas cometidas en la mañana, confesarlas a Dios y pedir a Dios que le dé sabiduría para agradar a Dios con su vida durante el resto del día. Quizá Ud. me dirá: Pero con mi horario tan agitado no me es posible apartar un tiempo para la oración a medio día. Es probable que tenga mucha razón, pero recuerde que la oración no necesariamente se hace en un lugar solitario y diseñado específicamente para orar. Ud. quizá podría orar en su pensamiento mientras camina, o mientras conduce su auto, siempre y cuando no cierre sus ojos, por supuesto, mientras espera por que le sirvan los alimentos, etc. Siempre es posible hallar instantes de recogimiento espiritual aún en medio de un día muy agitado. A decir verdad, mientras más agitado es el día, más necesario se hace orar para que el afán de este mundo no nos prive de la frescura de una relación dinámica con Dios. Después vendrá la noche. Claro, la noche se ha hecho para descansar, pero qué bueno es encomendarnos a Dios para el descanso de la noche. El anochecer puede llegar a ser un tiempo muy especial de acción de gracias y comunión con Dios. Es el momento para agradecer a Dios por todo lo que sucedió en el día. Es el momento para agradecer a Dios por la salvación. Es el momento para agradecer a Dios por su preciosa palabra. Es el momento para clamar a Dios por protección y provisión. Este tiempo de oración tal vez no sea tan largo como el de la mañana, porque es posible que sus ojos estén cargados de sueño. C. S. Lewis ha dicho lo siguiente sobre esto: Nadie en sus cabales, asumiendo que tiene el poder para ordenar su día de actividades, reservaría sus principales oraciones para el momento antes de irse a la cama, porque obviamente ese es la peor hora posible para cualquier acción que demanda una alta dosis de concentración. Podríamos decir: Amen a la opinión de este connotado filósofo cristiano. Hablemos ahora de cómo es esto de hablar con Dios. Quizá Ud., como nuevo creyente, en realidad desea hablar con Dios, pero no sabe como hacerlo, no sabe qué decirle, no sabe cómo tratarle, no sabe si puede tutearlo o tratarlo de Ud. Si Ud. ya es maduro en la fe, pensará que estas son trivialidades, pero para un nuevo creyente no son trivialidades sino cosas importantes. Pero viéndolo bien, no hay de qué preocuparse amigo oyente, porque recuerde que la oración es como hablar con el mejor de sus amigos. Por tanto, Ud. no necesita un vocabulario especial, tampoco necesita ser ceremonioso y elocuente. Hable a Dios como si se tratara de su confidente. Dios no se va ofender si le tutea, pero tampoco se va a ofender si le trata de Ud. Diríjase a él como Ud. se sienta más cómodo. Nunca piense que algo que Ud. diga a Dios va a ser considerado como sin importancia por Dios. Él está presto para oír todo lo que Ud. quiera decirle. Al inicio quizá Ud. se sienta algo receloso, pero ya verá como poco a poco va tomando confianza y muy pronto estará hablando con Él con entera libertad. No se preocupe si inicialmente sus oraciones son cortas. Martín Lutero dijo una vez: Mientras menos palabras, mejor la oración. Lutero no estaba sugiriendo que todas las oraciones deben ser cortas. Lo que estaba diciendo es que una oración sincera que usa solamente pocas palabras es mejor que una oración insincera que usa muchas palabras. No se preocupe si Ud. no eleva una oración pulida. Dios prefiere la sinceridad sobre el pulimento. Si Ud., no puede orar como quisiera hacerlo, ore como pueda. Dios conoce su corazón y él sabe lo que Ud. quiere decir. A lo mejor Ud. pregunta si hay alguien que le pueda ayudar a orar. Debemos decir que sí. Cuando Ud. ora, no está solo. Jesús el Hijo de Dios y el mismo Espíritu Santo están a su lado para ayudar. ¿Por qué cosas debe orar? Cuando se ora, muy rara vez se pide un cambio en el carácter, sino que se pide mucho por un cambio en las circunstancias. Esto es un grave error. Dios controla nuestras circunstancias para mejorar nuestro carácter. De modo que no se deje ganar por el hábito de implorar en oración por un cambio en sus condiciones financieras o físicas. Permita que sus oraciones sean un vehículo para que Dios moldee su carácter para llegar a ser lo que Dios quiere que Ud. sea. Tan pronto como Ud. ha aceptado a Cristo como Salvador, aprenda a acudir al Padre en oración. Es como hablar con un gran amigo. No permita que pase ni un día sin hablar con Dios. El se interesa profundamente en Ud. y quiere que Ud. le conozca más. Pase a solas con Dios todos los días.

Lo que resta del tercer paso para el nuevo creyente

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