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Un buen ministro de Jesucristo debería enseñar a los que son empleados en relación con sus jefes

Es un placer saludarle, amable oyente. Bienvenida, bienvenido al estudio bíblico de hoy. Estamos estudiando la primera epístola de Pablo a Timoteo, en la serie titulada: Claves para ser un buen ministro de Jesucristo. En esta oportunidad vamos a ver lo que un buen ministro de Jesucristo debería enseñar a los que son empleados en relación con sus jefes.

Si tiene una Biblia a la mano, ábrala en 1 Timoteo 6 a partir del versículo 1. En los primeros dos versículos encontramos lo que Timoteo debía enseñar a los que están bajo el yugo de esclavitud en lo que tiene que ver con sus amos. Antes de proseguir, es necesario hacer notar que en el tiempo cuando se escribió el Nuevo Testamento en general, existía una institución de manufactura humana que perduró por siglos, llamada la esclavitud. Esta institución, como es natural por ser humana, adolecía de serias falencias, las cuales eventualmente ocasionaron su abolición pero en épocas relativamente modernas. El propósito del cristianismo no fue abolir la esclavitud, pero en todo lugar donde el cristianismo echó fuertes raíces, la esclavitud terminó por abolirse. Reconociendo la presencia de la esclavitud, el Nuevo Testamento contiene enseñanza tanto para los esclavos como para los amos. Pasajes bíblicos como 1 Corintios 7:21, Efesios 6:5-9, Colosenses 3:22 a 4:1, Tito 2:9-10, Filemón 10-17, hablan de lo que Dios espera tanto de los esclavos creyentes como de los amos creyentes, de modo que, a pesar de los vicios reconocidos de esta institución humana, se pueda lograr una relativa armonía por lo menos entre amos creyentes y esclavos creyentes. Gracias a Dios, en casi todo el mundo, al menos en teoría, no existe esclavitud, pero los principios que aparecen en el Nuevo Testamento para esclavos y amos se aplican muy bien a los empleados, o a los que trabajan en relación de dependencia, y a sus empleadores o sus patronos. Con esto en mente miremos en detalle qué es lo que un buen ministro de Jesucristo debería enseñar a los creyentes que trabajan en relación de dependencia con patronos no creyentes. 1 Timoteo 6:1 dice: Todos los que están bajo el yugo de esclavitud,  tengan a sus amos por dignos de todo honor,  para que no sea blasfemado el nombre de Dios y la doctrina.
Por la gracia de Dios, algunos esclavos pudieron escuchar las buenas nuevas de salvación en Cristo y respondieron al mensaje recibiendo a Cristo como su Salvador personal. Dios no hace acepción de personas a la hora de administrar su gracia sobre el pecador. Por este motivo, su gracia salvadora se hace efectiva en todo tipo de personas sin importar su sexo, su condición social, su condición económica, su raza, su condición intelectual. Todos somos pecadores y todos necesitamos la salvación en Cristo. Los que habían recibido a Cristo como Salvador siendo esclavos, debían tener a sus amos incrédulos por dignos de todo honor. Esto es digno de notar por cuanto no todos los amos incrédulos deben haber sido buenos amos y de seguro habrá habido algunos que eran terribles en todo sentido, pero aun así, la voluntad de Dios era que esos esclavos creyentes tengan a sus amos por dignos de todo honor. ¿Qué se lograba con esto? El texto dice: Para que no sea blasfemado el nombre de Dios y la doctrina. El propósito era doble. En primer lugar para que el amo incrédulo o cualquier otra persona no hable mal de Dios al ver la conducta rebelde o irrespetuosa de un esclavo que afirma ser creyente. En segundo lugar, para que el amo incrédulo o cualquier persona no hable mal de la doctrina cristiana. Dios siempre ha querido que todo creyente sea un adorno de la doctrina cristiana. Tito 2:10 dice: no defraudando,  sino mostrándose fieles en todo,  para que en todo adornen la doctrina de Dios nuestro Salvador.
La conducta de un creyente es algo que adorna la doctrina cristiana o algo que afea la doctrina cristiana. Si usted es creyente, ¿Cómo es su conducta? ¿Está adornando la doctrina cristiana de manera que los incrédulos deseen llegar a ser creyentes? O está afeando la doctrina cristiana de manera que los incrédulos no deseen saber nada de Dios y de su amado Hijo el Señor Jesucristo. De modo que, amable oyente, los esclavos creyentes debían honrar en todo a sus amos para que su conducta hable bien de Dios y del cristianismo. Lo mismo se aplica a un creyente que trabaja en relación de dependencia, ya sea en una oficina, en una empresa, en una fábrica, en el gobierno, o en cualquier otra parte. Su responsabilidad como creyente, después de honrar a Dios, es honrar en todo a su patrono o a su jefe. Es muy posible que su jefe deje mucho que desear en el trato a usted que es creyente, pero eso no le faculta para que usted se rebele e irrespete a su jefe. Solamente si su jefe demanda de usted algo expresamente prohibido para un creyente en la Biblia, usted podría decir: Siento mucho, pero lo que usted me está pidiendo está expresamente prohibido para un creyente en la Biblia y por eso yo no lo puedo hacer. Es probable que pierda su trabajo por adoptar esta conducta, pero habrá honrado al Señor y el Señor mismo se ocupará de usted. Dios honra a los que le honran. Tal vez esta situación extrema nunca llegue a darse y por tanto su responsabilidad como creyente que trabaja en relación de dependencia es honrar en todo a su jefe, a pesar que éste no merezca ser honrado. Llegue a tiempo a su trabajo, cumpla a cabalidad con lo que tiene que hacer, no desperdicie el tiempo en cosas que no tienen que ver con su trabajo, no hable mal de su jefe con los compañeros de trabajo. En cosas como estas se manifiesta la honra que debe a su jefe. Pablo prosigue instruyendo a Timoteo en cuanto a lo que debía enseñar a los esclavos que tenían amos creyentes. 1 Timoteo 6:2 dice: Y los que tienen amos creyentes,  no los tengan en menos por ser hermanos,  sino sírvanles mejor,  por cuanto son creyentes y amados los que se benefician de su buen servicio.  Esto enseña y exhorta.
Así como algunos esclavos se convirtieron al Señor, había algunos amos que se habían convertido al Señor. Por el hecho de ser creyentes, no tenían por qué dejar de ser amos, pero obviamente debían ser amos buenos. ¿Cuál debía ser la actitud de un esclavo creyente ante un amo también creyente? El texto responde con una doble responsabilidad. En primer lugar, no debían tenerlos en menos por ser hermanos. Esto significa que los esclavos creyentes no debían comparar a sus amos creyentes con los amos incrédulos y llegar a la conclusión que por ser hermanos, los amos creyentes eran menos que los amos incrédulos. Todo lo contrario, y esto nos conduce a la segunda responsabilidad de los esclavos creyentes antes los amos también creyentes. Debían servirles mejor. La razón para esto es por cuanto al ser hermanos, estos amos deben recibir un mejor trato, lo cual resultará en que sean beneficiarios de un buen servicio. Aplicando a nuestro mundo actual, un empleado creyente que tiene la bendición de tener un jefe creyente, no debe abusar de eso y hacer lo que quiera, razonando que como su jefe es creyente le va a tolerar cualquier mala conducta. El otro día estaba hablando con un empresario creyente. Por ayudar a un hermano en la fe de la iglesia donde él se congregaba, que estaban sin trabajo, lo había contratado en su empresa. Sin embargo, los problemas comenzaron casi desde el primer día que este hermano comenzó a trabajar porque este hermano tenía la pésima costumbre de llegar tarde al trabajo, siempre con una buena razón, quien sabe si era inventada o verídica. En todo caso el jefe habló con él acerca de su impuntualidad, y el hermano se enojó mucho y le dijo: Usted es mi hermano, y debe soportar mis debilidades por amor, porque eso es lo que enseña la palabra de Dios. El jefe se quedó mudo. No sabía qué decir. Lo único en lo que pensaba es en que había cometido un gran error al haber contratado en su empresa a un hermano en la fe. Esto es un ejemplo de lo que Timoteo no debía permitir a los empleados creyentes que tienen jefes creyentes. Si usted siendo creyente tiene un jefe creyente, sírvale mejor, no se atrase, cumpla su función a cabalidad, no desperdicie el tiempo, no critique a su jefe. Si su jefe se congrega en su misma iglesia, no hable mal de él en la iglesia. Aprenda a diferenciar su relación espiritual con su jefe de su relación laboral con su jefe. Claro que espiritualmente su jefe es su hermano, pero laboralmente es su jefe y usted le debe respeto y sumisión. Pablo termina exhortando a Timoteo en el sentido que esto debe enseñar y exhortar. Y si usted desea ser un buen ministro de Jesucristo, también debe enseñar y exhortar a los creyentes que trabajan en relación de dependencia a honrar en todo a sus jefes incrédulos y si sus jefes son creyentes a servirles mejor, por el sólo hecho que son hermanos.

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