in

La verdadera gracia de Dios nos permite tener gozo en medio de la adversidad

Es motivo de mucho gozo para mí saludarle amable oyente. Bienvenida, bienvenido al estudio bíblico de hoy. Quiero agradecer a los amables oyentes que nos han informado que están orando por nosotros. Necesitamos mucho de esas oraciones. Gracias también a los amables oyentes que sensibles a la guía del Seños nos han ayudado con sus ofrendas. Que el Señor les recompense grandemente. Estamos estudiando la primera epístola de Pedro, en la cual encontramos una descripción precisa de lo que es la verdadera gracia de Dios. En esta ocasión vamos a ver que la verdadera gracia de Dios nos permite tener gozo en medio de la adversidad.

Gozo en medio de la tristeza. Parece una paradoja. Porque cuando viene la adversidad, normalmente trae tristeza, abatimiento, dolor, desesperación, desánimo, frustración, angustia y todos los demás sentimientos que se les parezcan, pero que haya gozo en medio de la adversidad, es realmente extraño. Pero justamente eso es lo que dice la Biblia y todo es por gracia o favor no merecido. Veamos qué es lo que tenemos. Se encuentra en 1 Pedro 4:12-13. El versículo 12 dice: Amados,  no os sorprendáis del fuego de prueba que os ha sobrevenido,  como si alguna cosa extraña os aconteciese, Pedro se está dirigiendo a los creyentes y por eso les trata de esa manera tan tierna. Amados. Los creyentes somos amados de Dios y consecuentemente, amados también de Pedro. El experimentar gozo en medio de la adversidad es privativo de los creyentes únicamente. Los incrédulos no pueden hacerlo porque no están capacitados para ello. Luego encontramos un mandato. No os sorprendáis del fuego de prueba que os ha sobrevenido. Pedro utiliza un lenguaje muy descriptivo para referirse a la adversidad que estaban sufriendo los creyentes. Dice que es fuego de prueba. Esto no hace pensar en el joyero que somete al fuego el crisol con el precioso metal adentro. El fuego derretirá el precioso metal y como resultado ascenderá a la superficie toda la impureza para que pueda ser retirada por el joyero. El precioso metal así probado por fuego será más puro que antes. Lo mismo acontece con el creyente. La adversidad es el fuego de prueba que derrite, por así decirlo, la fe del creyente. El creyente puede entonces ver las impurezas de su fe. Una vez identificadas esas impurezas, el creyente puede dar los pasos necesarios para retirarlas de su vida. Note además que Pedro dice que ese fuego de prueba ha sobrevenido. Esto significa que no es algo que el creyente lo buscó, sino algo con lo cual el creyente se encontró sin haberlo buscado. En otras palabras, la adversidad de la cual estamos hablando, no es la consecuencia de algún pecado que hemos cometido. Cuando sufrimos las consecuencias de un pecado cometido, no podemos decir que es una adversidad que ha sobrevenido, sino una adversidad que la hemos buscado. Todo pecado tiene su consecuencia funesta, amable oyente. El otro día hablé con una hermana en la fe que en desobediencia a la palabra de Dios se casó con un hombre incrédulo. La vida de esta hermana era poco menos que un infierno en su matrimonio con este hombre incrédulo. Toda compungida vino y me dijo: Ah… hermano… no se imagina la adversidad que me ha sobrevenido. Para mis adentros yo me estaba diciendo: No es algo que le sobrevino, hermana, es algo que usted se lo buscó cuando sabiendo desobedeció lo que dice la palabra de Dios. Luego Pedro dice que un creyente fiel a quien le sobreviene la adversidad, no debe pensar que le está aconteciendo alguna cosa extraña. Esto es interesante, amable oyente. Significa que los creyentes fieles deben esperar adversidad. Hoy en día existe un pseudo evangelio conocido como el evangelio de la prosperidad, según el cual, si somos fieles al Señor, debemos esperar prosperidad absoluta, es decir, nada de sufrimiento, nada de enfermedad, nada de pobreza. Pero la Biblia no dice esto. La Biblia dice que los creyentes debemos esperar adversidad algún momento en nuestra vida, aun cuando seamos de lo más fieles al Señor. Piense en Job, quien padeció tanto aún a pesar de ser hombre perfecto y recto, temerosos de Dios y apartado del mal. Piense en Pablo, quien tuvo que vivir con el aguijón en su carne, a pesar de ser un fiel apóstol de Jesucristo. Piense en todos los mártires del cristianismo, quienes ofrendaron sus vidas a pesar de ser íntegros en su vida cristiana. Sí, amable oyente, la adversidad no la experimenta solamente el creyente débil que coquetea con el pecado. La adversidad la experimentan también los creyentes fieles porque Dios ha dicho que no debemos pensar que alguna cosa extraña nos está aconteciendo cuando nos sobreviene la adversidad. Por eso Pedro dice: No os sorprendáis del fuego de prueba. En lugar de sorprendernos, ¿Sabe lo que debemos hacer? Escuche lo que tenemos en 1 Pedro 4:13. La Biblia dice: sino gozaos por cuanto sois participantes de los padecimientos de Cristo,  para que también en la revelación de su gloria os gocéis con gran alegría.

Aquí lo tiene amble oyente: Gozo en medio de la adversidad. Si estamos viviendo en el temor de Dios y a pesar de ello nos sobreviene la adversidad, en lugar de desanimarnos o pensar que alguna cosa extraña nos está pasando, debemos gozarnos. Observe que el verbo gozarse está conjugado en modo imperativo, esto denota por un lado un mandato. Dios no quiere que sus hijos anden con cara de pocos amigos cuando enfrentan adversidades a pesar de ser fieles al Señor. Pero por otro lado, significa que el creyente tiene la capacidad de transformar la tristeza que normalmente acompaña la adversidad, en gozo inefable. Dios está diciendo que en su gracia, él ha hecho posible que el creyente tenga la capacidad de transformar la tristeza en gozo. ¿No le parece algo grandioso? Por supuesto que sí. Si uno indaga un poco más sobre el gozo en la vida del creyente, muy pronto encontrará que este gozo es fruto del Espíritu Santo. Gálatas 5:22-23 dice: Mas el fruto del Espíritu es amor,  gozo,  paz,  paciencia,  benignidad,  bondad,  fe,
Gal 5:23  mansedumbre,  templanza;  contra tales cosas no hay ley.
Esto significa que esa capacidad del creyente para transformar tristeza en gozo es obra del Espíritu Santo en el creyente que se somete a él, porque solamente en los creyentes sometidos al control del Espíritu Santo se manifiesta el fruto del Espíritu Santo. Si usted no está controlado por el Espíritu Santo o lo que es lo mismo, si usted no está lleno del Espíritu Santo es imposible que pueda transformar tristeza en gozo cuando le sobrevenga la adversidad. Ahora bien, esto de transformar tristeza en gozo en medio de la adversidad no es cuestión de esconder la cabeza en la arena como el avestruz para ignorar lo que pasa alrededor. En realidad es cuestión de ver claramente el propósito de la adversidad en al vida del creyente. Pedro nos da dos razones poderosas. Primero, porque sufrir adversidad a pesar de ser creyentes fieles es equivalente a participar de los padecimientos de Cristo. Como usted bien sabe amable oyente, Jesucristo nunca hizo mal ni se halló engaño en su boca. Sin embargo, la Biblia nos relata como Jesucristo sufrió la adversidad desde que tomó forma humana y nació en un pesebre hasta que murió en la cruz el Calvario. Para el creyente fiel es un honor y un privilegio sufrir con Cristo y ser tratado por el mundo como Cristo fue tratado. No todo creyente llega a este punto, es decir al punto cuando Dios le concede el privilegio de participar de los padecimientos de Cristo. Por tanto cuando ello sucede, la reacción lógica del creyente debe ser experimentar gozo. Eso es lo que aconteció con los apóstoles según el libro de Hechos. Después de haber sido azotados por ser seguidores de Cristo, mire lo que dice Hechos 5:41. Y ellos salieron de la presencia del concilio,  gozosos de haber sido tenidos por dignos de padecer afrenta por causa del Nombre.
Sin lugar a dudas que es un gran privilegio encontrar adversidad por la causa de Cristo. Sólo así se explica que Pablo y Silas estuvieran cantando himnos mientras estaban con sus pies en el cepo en la oscura noche en la cárcel de Filipos. Sólo así se explica que algunos de los mártires alababan al Señor mientras las llamas de la hoguera consumían sus cuerpos. La segunda razón que da Pedro es porque sufrir adversidad a pesar de ser creyentes fieles es para recibir gloria cuando Cristo se manifieste en gloria. El camino a la gloria se llama sufrimiento. Eso lo vemos en la vida de Jesucristo y por gracia, también lo vemos en la vida del creyente fiel que enfrenta adversidad. Note que Dios no está prometiendo reemplazar el sufrimiento en gloria sin transformar el sufrimiento en gloria. Eso fue lo que pasó con Jesucristo. Él tuvo  que soportar el sufrimiento de ser colgado de un madero, pero ese sufrimiento se transformó en gloria cuando resucitó y fue ascendido al cielo. El creyente fiel que a pesar de su fidelidad al Señor sufre adversidad debe saber que en algún momento ese sufrimiento causado por la adversidad se va a transformar en gloria. Cuando ello acontezca, y sabemos que eso será cuando Jesucristo regrese por segunda vez, entonces habrá motivo m’as que suficiente para gozarse con gran alegría. Puede ser amable oyente, que usted este momento esté bajo el fuego de prueba de la adversidad a pesar de ser un creyente fiel al Señor. No se desanime. No se sorprenda. Gócese porque está participando del padecimiento de Cristo. Gócese porque le espera gloria en el futuro. Todo esto es posible gracias a los beneficios de la verdadera gracia de Dios.

Y así estamos llegando nuevamente al término de una edición más de nuestro programa LA BIBLIA DICE… Si este programa radial ha sido de bendición a su vida, ¿qué tal si nos ofrenda? Para ello escríbanos a la siguiente dirección: La Biblia Dice… casilla 1708-8208 Quito, Ecuador. Y antes de despedirnos quiero dejar con ustedes la PREGUNTA DEL DÍA Según algunos, somos todos dioses al igual que Dios ¿Es cierto esto? Busque la respuesta en nuestra página Web triple w.labibliadice.org. Bendiciones y le esperamos en nuestra próxima edición.

Esperar confiadamente nuestro encuentro con Cristo

Bienaventuranza de sufrir por la causa de Cristo