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La verdadera gracia de Dios nos ayuda a resistir al diablo

Reciba cordiales saludos amable oyente. Bienvenida, bienvenido al estudio bíblico de hoy. Muchas gracias por su sintonía. Muchas gracias por sus oraciones. Muchas gracias por sus ofrendas para este ministerio. Estamos estudiando la primera epístola de Pedro, en la cual tenemos una de las descripciones más hermosas de la verdadera gracia de Dios. En esta ocasión veremos como la verdadera gracia de Dios nos ayuda a resistir al diablo.

Si tiene una Biblia, ábrala en 1 Pedro 5:8-11. Pedro comienza su exposición con un mandato. El mandato está en la primera parte del versículo 5, donde dice: Sed sobrios, y velad;
Esto en esencia significa: Tenga cuidado, esté alerta. No se distraiga, no se duerma. Bueno, con un llamado de atención de esta naturaleza, es lógico preguntarse: ¿Por qué? Pedro por tanto, nos habla del peligro que se cierne sobre todo creyente. La segunda parte de 1 Pedro 5:8 dice: porque vuestro adversario el diablo, como león rugiente, anda alrededor buscando a quien devorar;
El peligro tiene que ver con Satanás. Este nombre significa adversario. Además, Satanás es diablo. Esto significa acusador, calumniador. Como adversario y acusador, Satanás es una constante amenaza para la paz del creyente. Por eso el texto dice que Satanás, como león rugiente, anda alrededor buscando a quien devorar. Satanás es como león que entre rugidos analiza a su presa antes de caer sobre ella. Cuando un león hambriento se encuentra con un rebaño de gacelas, por ejemplo, nunca ataca inmediatamente. Primero estudia la situación, para ver cuál de las gacelas sería una presa fácil. A lo mejor será una gacela débil, o una gacela enferma, o una gacela herida o una gacela que se ha alejado del rebaño. Cuando identifica a su presa, entonces allí ataca para devorar. Satanás hace lo mismo con los creyentes. Antes de atacar a cualquier creyente, primero analiza la situación. En algún momento se encontrará con un creyente débil en la fe, porque no se ha alimentado de la palabra de Dios, o algún creyente enfermo espiritualmente porque ha jugado con el pecado, o un creyente alejado de la comunión con los hermanos, porque no quiere congregarse. Estas son las presas fáciles para Satanás. Cuando encuentra a alguien así, caerá sobre su presa para devorar. Pero los creyentes no debemos tener temor de Satanás, por más fuerte que sea su rugido. ¿Sabe por qué amable oyente? Pues porque Satanás es un enemigo derrotado. Satanás fue derrotado por Cristo Jesús en la cruz del Calvario. Por eso, alguien ha dicho muy bien: Satanás es un león rugiente, pero no tiene dientes. Por supuesto que ruge con mucha fuerza, pero en realidad no tiene como devorar a un creyente, porque no tiene dientes. Podrá lastimar en alguna medida, como cuando un creyente sufre por el nombre de Cristo, pero no logrará destruir a un creyente. Lo que sí logrará con sus rugidos es atemorizar al creyente y ciertamente perturbar su paz. ¿Qué debemos hacer frente a este ruidoso enemigo? 1 Pedro 5:9-10 dice: al cual resistid firmes en la fe, sabiendo que los mismos padecimientos se van cumpliendo en vuestros hermanos en todo el mundo.
1Pe 5:10 Mas el Dios de toda gracia, que nos llamó a su gloria eterna en Jesucristo, después que hayáis padecido un poco de tiempo, él mismo os perfeccione, afirme, fortalezca y establezca.
Pedro nos ordena hacer tres cosas para no ser lastimados por Satanás. Primero, resistirle estando firmes en la fe. Estar firmes en la fe significa por un lado conocer lo que Dios dice en su palabra y cumplir con lo que ella dice. Así de sencillo. Un creyente es fácil presa de Satanás cuando conoce poco o nada de la palabra de Dios o cuando conociendo la palabra de Dios, hace lo opuesto a lo que ella dice. Un joven con algunos años como creyente conocía mucho de la palabra de Dios. Sabía por ejemplo que no debía unirse en yugo desigual con una incrédula. A pesar de su conocimiento, se casó con una incrédula, esperando que algún día ella se entregue al Señor. Ahora este joven ha caído en las garras de Satanás. Su vida es un desastre, su hogar es un infierno. Este joven no supo mantenerse firme en la fe y como consecuencia quedó como un juguete de ese león sin dientes llamado Satanás. Si conocemos lo que dice la Biblia y vivimos en la práctica lo que conocemos, no tendremos ningún problema para resistir al león sin dientes que ruge como si quisiera tragarnos enteros. Segundo, saber que los mismos padecimientos que estamos soportando por el nombre de Cristo, lo están soportando también otros hermanos en todo el mundo. En otras palabras, no debemos sentirnos como las víctimas preferidas de Satanás o como si Satanás se hubiera ensañado contra nosotros. No hay tal amable oyente. Lo mismo que usted y yo hemos sufrido o estamos sufriendo por la causa de Cristo lo sufren todos los que quieren ser fieles al Señor en todo el mundo. Quizá usted habrá conocido creyentes que se sienten como si fueran una especie de blanco favorito de Satanás. Echan la culpa a Satanás de todo lo malo que acontece en sus vidas. Si les duele la cabeza es culpa de Satanás, si pierden el trabajo es culpa de Satanás, si se les descompone el auto es culpa de Satanás. Ven a Satanás o a sus demonios hasta en la sopa. Jamás se detienen a pensar que a lo mejor es Dios quien les está probando para fortalecer su fe. Pedro nos dice que Satanás no tiene favoritos a la hora de rugir con fuerza para perturbar al creyente. Lo hace con todos por igual. Tercero, saber que Dios está en control de todo lo que nos pasa y lo va a usar para nuestro bien, aún las magulladuras que nos causan los ataques de Satanás. Pedro dice que aquel que está con nosotros es el Dios de toda gracia. Esto es una hermosa descripción de nuestro Padre celestial. En su gracia él nos ha dado lo mejor de él, nos ha dado a su amado y unigénito Hijo el Señor Jesucristo, para que por medio de él podamos pasar de muerte a vida. Por eso continúa el texto diciendo que Dios nos llamó a su gloria eterna en Jesucristo. Nosotros los creyentes somos privilegiados porque hemos sido llamados por el Dios de toda gracia a su gloria eterna. No está muy lejano el día para que todos los que hemos confiado en Cristo como Salvador nos hallemos con Dios en su gloria eterna. Todo esto es posible por medio de Cristo. En nosotros no hay mérito alguno para estar en la gloria de Dios, pero cuando por fe recibimos a Cristo como nuestro Salvador, llegamos a estar en Cristo. Es decir que Dios nos mira a través de Cristo. Todo nuestro pecado fue puesto sobre él y él lo pagó con creces en la cruz del Calvario. A cambio Cristo nos dio toda su justicia. Con esa justicia podemos estar en la gloria eterna de Dios sin sentirnos intrusos. Será este Dios de toda gracia quien, después que hayamos sufrido un poco de tiempo, él mismo nos perfeccione, nos afirme, nos fortalezca y nos establezca. Esto es muy interesante amable oyente. El padecimiento por el nombre de Cristo es sólo por un poco de tiempo. Podrán ser años inclusive, pero ¿qué son esos años, por más numerosos que sean, comparados con la eternidad de gloria que nos espera? El padecer por el nombre de Cristo es visto aquí como el medio para que el Dios de toda gracia haga ciertas cosas con nosotros. Número uno, nos perfecciona. Esto significa que nos hace completos, íntegros, sin que nos falte cosa alguna. La prueba de sufrir por el nombre de Cristo es como el fuego que ha purificado nuestro carácter para quitar las impurezas. Número dos, nos afirma. Sufrir por el nombre de Cristo hace que nos afirmemos en la fe. Una vez así afirmados no seremos arrastrados de aquí para allá por todo viento de doctrina. Número tres, nos fortalece. Satanás pretende debilitarnos con sus ataques, pero el Dios de toda gracia transforma los ataques de Satanás en herramientas para fortalecer nuestro carácter como creyentes. Número cuatro, nos establece. Esto significa que nos pone sobre un cimiento firme, sobre una roca fuerte. No hay manera de ser movidos de ese fundamento. El Dios de toda gracia es capaz de hacer todo esto, después que hayamos padecido por un poco de tiempo por el nombre de Cristo. Con razón que Pedro termina esta sección con una doxología dirigida a Dios. 1 Pedro 5:11 dice: A él sea la gloria y el imperio por los siglos de los siglos. Amén.
Todo esto que hemos visto, es obra del Dios de toda gracia. Por tanto a él debe ir todo el crédito. Él es el único que merece toda la gloria, él es el único que merece el imperio, y todo esto por toda la eternidad. Así sea. Lo que resta de la epístola es el epílogo, y eso será el tema de nuestro próximo estudio bíblico.

Y así estamos llegando nuevamente al término de una edición más de nuestro programa LA BIBLIA DICE… Si este programa radial ha sido de bendición a su vida, ¿qué tal si nos ofrenda? Para ello escríbanos a la siguiente dirección: La Biblia Dice… casilla 1708-8208 Quito, Ecuador. Y antes de terminar quiero dejar con ustedes la PREGUNTA DEL DÍA. ¿Hay evidencia bíblica para afirmar que el Anticristo será el mismo Satanás en forma humana? Busque la respuesta en nuestra página Web la dirección es: labibliadice.org. Bendiciones y le esperamos en nuestra próxima edición.

La verdadera gracia de Dios capacita a los Ancianos o Pastores para cuidar de la grey de Dios

El epílogo de la epístola