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La verdadera gracia de Dios capacita a los Ancianos o Pastores para cuidar de la grey de Dios

Es un gozo estar nuevamente junto a usted, amable oyente. Sea bienvenida o bienvenido al estudio bíblico de hoy. Antes de ir a nuestro tema de estudio, me gustaría aprovechar esta oportunidad a todos los amables oyentes que nos ha hecho saber que oran frecuentemente por nosotros. Sus oraciones son una bendición para este ministerio. Gracias también a los amables oyentes que además de orar están ofrendándonos. Sin sus ofrendas sería imposible continuar con este ministerio. Estamos estudiando la primera epístola de Pedro, en la cual tenemos una hermosa descripción de la verdadera gracia de Dios. En esta ocasión, veremos que la verdadera gracia de Dios capacita a los Ancianos o Pastores para cuidar de la grey de Dios.

Luego de tratar el tema de lo bienaventurado de ser vituperado por el nombre de Cristo, Pedro da un giro a su epístola, y en la primera porción del capítulo 5, apunta su artillería a los ancianos. Dentro de poco vamos a definir mejor quienes son esos ancianos. Mediante un ruego, Pedro va a decir a los ancianos cosas sumamente importantes. El verbo rogar, que aparece al comienzo de este pasaje bíblico, es la traducción de un verbo que en el idioma que se escribió el Nuevo Testamento, significa llamar a alguien al lado de uno. Es como si Pedro estuviera llamando a cada uno de los ancianos al lado de él para hablarles en forma muy íntima y personal, exactamente como cuando uno llama a alguien muy especial a su lado y poniendo el brazo sobre el hombro le habla en un tono paternal, casi susurrando, acerca de algo trascendental. Veamos por tanto algunas características de este ruego. En primer lugar, tenemos los receptores del ruego. La primera parte de 1 Pedro 5:1 dice: Ruego a los ancianos que están entre vosotros. Los receptores del ruego son un grupo de hermano de la iglesia a quienes se les denomina ancianos. Observe que son más de uno. Siempre que el Nuevo Testamento habla de ancianos, lo hace en plural, es decir que deben ser más de uno en cualquier iglesia local. Estos hermanos son los que hacen la obra pastoral en la iglesia local. El Nuevo Testamento se refiere a ellos también como obispos o pastores. Podemos por tanto decir que anciano, obispo y pastor son tres palabra sinónimas para designar a una misma persona en una iglesia local. Cuando los apóstoles de Cristo o sus delegados personales estaban vivos, fueron ellos quienes establecieron a algunos hermanos de la congregación para que ejerzan el oficio de anciano, obispo o pastor. Pero cuando los apóstoles de Cristo o sus delegados personales dejaron de existir, porque se murieron, las iglesias locales reconocieron a sus ancianos, obispos o pastores por medio de observar quienes tenían por un lado el deseo de ser anciano obispo o pastor y por otro lado quienes cumplían con los requisitos dejados por el apóstol Pablo en 1 Timoteo 3:1-7 y Tito 1:6-9. Un análisis, aún somero de estos dos pasajes bíblicos mostrará que no cualquier creyente puede llegar a ser reconocido como anciano, obispo o pastor. Este oficio está reservado para creyentes maduros cuyo carácter no deja en absoluto ninguna sombra de duda en cuanto a su integridad. El anciano, obispo o pastor debe estar en un punto óptimo en su relación con Dios, en su relación consigo mismo, en su relación con su familia, en su relación con los hermanos de la congregación y aún en su relación con los incrédulos. Note además que Pedro dice que los ancianos están entre la congregación, no sobre la congregación, tampoco debajo de la congregación. Esto significa que los ancianos, obispos o pastores están hombro a hombro junto a la congregación haciendo la obra del Señor. La idea que los ancianos, obispos, o pastores, son como los jefes de una cuadrilla de trabajadores, dando órdenes a diestra y siniestra es totalmente foránea al concepto bíblico de liderazgo. En segundo lugar tenemos al realizador del ruego. La segunda parte de 1 Pedro 5:1 dice: yo anciano también con ellos, y testigo de los padecimientos de Cristo, que soy también participante de la gloria que será revelada:
El realizador del ruego es Pedro, el apóstol de Jesucristo. Es por demás significativo como se describe a sí mismo en relación con los demás ancianos de la iglesia. Dice básicamente que él es uno más como el resto de ancianos. Esto echa por tierra la tan mentada hegemonía del apóstol Pedro en la iglesia. Pedro de ninguna manera es el vicario de Cristo o el primer sumo pontífice, o pero aún la roca sobre la cual se edifica la iglesia. Pedro mismo, por su propia boca, ha dicho que es un anciano como el resto de ancianos. Esto sin lugar a dudas dice mucho de la calidad moral y espiritual de este gran hombre de Dios. En lo que sí se diferenciaba Pedro de os demás ancianos, es en que él fue testigo de los padecimientos de Cristo. Esto puede referirse a que él vio con sus propios ojos lo que sufrió Cristo, o puede referirse a que él también sufrió en su propio cuerpo por el nombre de Cristo. Esto último parece más acertado porque entonces es una realidad que él es participante de la gloria que será revelada. En tercer lugar tenemos la reseña del ruego. 1 Pedro 5:2-3 dice: Apacentad la grey de Dios que está entre vosotros, cuidando de ella, no por fuerza, sino voluntariamente; no por ganancia deshonesta, sino con ánimo pronto;
1Pe 5:3 no como teniendo señorío sobre los que están a vuestro cuidado, sino siendo ejemplos de la grey.
La reseña del ruego tiene que ver con la función de los ancianos, obispos o pastores. La responsabilidad primaria de los ancianos, obispos o pastores es apacentar la grey de Dios. El verbo apacentar denota el trabajo que hace un pastor de ovejas en un rebaño. El pastor de ovejas básicamente hace tres cosas en el rebaño. Número uno, cuida las ovejas de cualquier peligro. Número dos, conduce a las ovejas, bien sea a los pastos verdes o al agua fresca. Número tres, corrige a las ovejas. El pastor tiene que usar su cayado para golpear el costado de la oveja descarriada y traerla de regreso al rebaño. Igual es con los ancianos. Ellos también cual pastores tienen que cuidar la grey de Dios. El peligro son los falsos maestros quienes son lobos rapaces disfrazados de ovejas. Ellos también cual pastores tienen que conducir a la grey de Dios. La meta es conducirles a la madurez espiritual para que ellos mismos se alimenten de la palabra de Dios y ellos mismos puedan discernir entre el bien y el mal. Ellos también cual pastores tienen que corregir a la grey de Dios. A veces los creyentes abren la puerta al pecado y caen en sus garras. Los ancianos están para disciplinar y traer de regreso al creyente extraviado a la seguridad de la grey de Dios. Una vez más, notemos que los ancianos no están ni sobre ni debajo de la congregación, sino entre la congregación. Es un liderazgo entre iguales. Algo muy importante es que la grey pertenece a Dios, no a los ancianos. Fue Dios quien la compró al elevado precio de la sangre de su amado Hijo el Señor Jesucristo. Está muy mal, por tanto que los ancianos o pastores nos refiramos a la congregación como mi congregación o mi iglesia. Lo propio es decir como Pedro, la iglesia de Dios. Muy bien, tenemos entonces que el apacentar la grey de Dios se reduce a cuidar de ella. Eso es lo que encontramos en la mitad del versículo 2. Pedro prosigue dando tres actitudes para cuidar la grey de Dios. Número uno, no por fuerza, sino voluntariamente. El oficio de anciano no es para que alguien lo haga por obligación. Nadie debería obligar a nadie a ser anciano. Lo que se espera es que este oficio sea realizado de forma voluntaria. Número dos, no por ganancia deshonesta, sino con ánimo pronto. La motivación para realizar el oficio de anciano en una iglesia local no debe ser el enriquecimiento fácil. Cuidado con utilizar los fondos del Señor para llenar los bolsillos de los ancianos. Por supuesto que los ancianos que gobiernan bien y trabajan en predicar y enseñar son dignos de una remuneración justa y razonable, pero esto dista mucho de vivir lucrando de las arcas de la iglesia o de las arcas de los ministerios cristianos. Bien se ha dicho que nadie que quiera ser rico debería ejercer el oficio de anciano o pastor. En lugar de lucrar de los fondos de la iglesia, los pastores deben realizar su oficio con ánimo pronto, es decir de buena gana como traduce la versión popular. Número tres, no como teniendo señorío sobre los que están bajo vuestro cuidado, sino siendo ejemplos de la grey. En lugar de ser un dictador que domina a la grey, el anciano se pone como ejemplo para la congregación. Esto es lo que se llama liderazgo por servicio. En la obra de Dios, los líderes no llegan a esa posición sobre la base de su popularidad o sobre la base de su atractivo personal o sobre la base de su poder económico. Llegan a esa posición sobre la base de su fiel servicio al Señor. En cuarto y último lugar tenemos la recompensa del ruego. 1 Pedro 5:4 dice: Y cuando aparezca el Príncipe de los pastores, vosotros recibiréis la corona incorruptible de gloria.
El oficio de anciano es un gran privilegio pero también una gran responsabilidad. No es extraño que la palabra de Dios hable de recompensas para los que ejercen ese oficio en forma adecuada. El momento de la entrega de la recompensa será cuando aparezca el Príncipe de los pastores. Esto es una referencia al Tribunal de Cristo, cuando las obras de los creyentes van a ser examinadas. El Príncipe de los pastores es el Señor Jesucristo en su gloria. La recompensa es lo que Pedro llama, la corona incorruptible de gloria. Este es un premio que una vez recibido será devuelto en adoración a aquel que ha hecho posible ganarlo. Es otro beneficio de la verdadera gracia de Dios.

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