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Bienaventuranza de sufrir por la causa de Cristo

Es motivo de gran gozo para mí, saludarle y darle la bienvenida al estudio bíblico de hoy. Antes de ir a nuestro tema de estudio en esta ocasión, me gustaría agradecer a los amables oyentes que nos están apoyando con sus oraciones. También agradezco a los amables oyentes que además de orar nos están apoyando con sus ofrendas. Que Dios en su gracia les recompense con creces. Prosiguiendo con el estudio de la primera epístola de Pedro vamos a tratar acerca de la bienaventuranza de sufrir por la causa
de Cristo. No se separe de su receptor. Después de la pausa estará nuevamente con usted.

Si tiene una Biblia a la mano, ábrala en 1 Pedro 4:14-19. En este pasaje bíblico encontramos lo que podríamos llamar la bienaventuranza de sufrir por la causa de Cristo. En primer lugar, tenemos la declaración de la bienaventuranza. La primera parte de 1 Pedro 4:14 dice: Si sois vituperados por el nombre de Cristo, sois bienaventurados, Pedro nos está hablando de ser vituperado por el nombre de Cristo. Ser vituperado significa ser objeto del oprobio o de la afrenta o de la maledicencia de otro. Ser vituperado por el nombre de Cristo, significa ser objeto del oprobio o de la afrenta o de la maledicencia de los demás por el solo hecho de ser un discípulo de Cristo. Una persona así, es bienaventurada,
dice Pedro. La palabra bienaventurado significa afortunado, dicho, extremadamente feliz. Esto es muy interesante porque si somos honestos con nosotros mismos,
deberíamos admitir que cuando hemos sido objeto de afrenta de los demás por el solo hecho de ser creyentes, lejos de sentirnos dichosos o muy felices, nos hemos sentido humillados, temerosos, avergonzados. La razón más probable para esto es que no sabíamos que ser vituperados por el nombre de Cristo es motivo más que suficiente para sentirnos dichosos. Es como aquel hombre que recibió como herencia de su abuelo un terreno en un recóndito paraje. Cuando vio lo que le había recibido de herencia, dijo: Bueno, no sé qué hacer con esto, pero después de todo no me ha costado nada, la dejaré; allí, ojalá algún día sirva para algo. Pasó el tiempo y casi se olvidó de esa herencia.
Pero un buen día, se enteró por la prensa que en el sector donde estaba el terreno que había recibido como herencia se estaba proyectando la construcción de un nuevo aeropuerto. Sorprendido indagó el precio de la tierra en ese sector. Para su asombro el terreno que había recibido como herencia valía una fortuna. Ahora se sentía dichoso de haber recibido esa herencia. Lo mismo acontece cuando se es vituperado por el nombre de Cristo. Parece que fuera motivo de vergüenza, pero no hay tal, en la realidad es motivo de sentirse afortunado. En segundo lugar encontramos la razón de la bienaventuranza. El sentirse dichoso por ser vituperado por el nombre de Cristo, no se origina en el intenso dolor o el sufrimiento que produce el vituperio. Se origina más bien en reconocer qué es lo que produce ese vituperio por el nombre de Cristo. La segunda parte de
1 Pedro 4:14 dice: porque el glorioso Espíritu de Dios reposa sobre vosotros.
Ciertamente, de parte de ellos, él es blasfemado, pero por vosotros es glorificado, esta es la fuente de donde parte el sentirse bienaventurado, parte de dos cosas.
Número uno, de saber que el Espíritu Santo con toda su gloria,descansa o reposa sobre la persona que es vituperada por el nombre de Cristo.
Eso es lo que experimentó Esteban. Note lo que dice Hechos 6:15 Entonces todos los que estaban sentados en el concilio, al fijar los ojos en él, vieron su rostro como el rostro de un ángel.
Número dos, de saber que Cristo es glorificado. Por supuesto que la gente que vitupera a alguien por el nombre de Cristo, blasfema contra Cristo, pero lo que verdaderamente cuenta es que Cristo es glorificado por aquel que es vituperado por su nombre. En tercer lugar tenemos la aclaración de la bienaventuranza.
1 Pedro 4:15-16 dice: Así que, ninguno de vosotros padezca como homicida,o ladrón, o malhechor, o por entremeterse en lo ajeno;
1Pe 4:16 pero si alguno padece como cristiano, no se avergüence, sino glorifique a Dios por ello.
Pedro nos ha estado hablando de ser vituperados por el nombre de Cristo, lo cual es muy diferente de ser vituperados como consecuencia de nuestras propias malas acciones. El pecado también trae su vituperio sobre el pecador.
Por eso Pedro dice: Ninguno de vosotros padezca como homicida o ladrón o malhechor o por entremeterse en lo ajeno. Pero si alguien por ser cristiano no es homicida o ladrón o malhechor y no se entremete en lo ajeno, y a pesar de eso padece o sufre afrenta o es vituperado, entonces no se avergüence.
En lugar de avergonzarse debe glorificar a Dios mediante la afrenta por ser seguidor de Cristo. Un hombre que vivió en la práctica esta verdad fue Policarpo, obispo de Esmirna, allá por la mitad del siglo segundo.
A causa de su fe en Cristo fue arrestado y amenazado con ser quemado en la hoguera si no renunciaba a su fe. Un oficial romano le dijo: Te dejaré libre si exclamas: Abajo estos ateos. Al decir ateos, el oficial romano, se estaba refiriendo, por supuesto, a los que no reconocían al emperador romano como dios. El anciano apuntando con su dedo tembloroso a las huestes paganas de Roma exclamó: Abajo éstos ateos. Inmediatamente se prendió la hoguera que consumió el maltrecho cuerpo del anciano. Su sacrificio
trajo gloria al nombre de Cristo Jesús. En cuarto lugar tenemos la implicación de la bienaventuranza. 1 Pedro 4:17-18 dice: Porque es tiempo de que el juicio comience por la casa de Dios; y si primero comienza por nosotros, ¿cuál será el fin de aquellos que no obedecen al evangelio de Dios?
1Pe 4:18 Y: Si el justo con dificultad se salva, ¿En dónde aparecerá el impío y el pecador? El creyente fiel que es vituperado por el nombre de Cristo es bienaventurado,
pero eso tienen también su implicación en lo que le espera a los incrédulos. Mirémoslo así: Dios permite el vituperio del creyentes fiel para de esa manera traer gloria a su propio nombre. El vituperio es la manera como Dios moldea su casa o su pueblo. A través del sufrimiento, el creyente es purificado y de esa manera Dios prepara un pueblo santo para
sí mismo. Pero si Dios trata así, a su casa, a los suyos, a su pueblo, ¿Cómo tratará a los que no son su casa, a los que
no son suyos, a los que no son su pueblo? Pedro se refiere a los incrédulos como los que no obedecen el evangelio de Dios. El evangelio de Dios tiene que ver básicamente con recibir a Cristo como Salvador. Esta es la única manera de llegar a ser salvos. Pero existen millones hoy en día que aun sabiendo que la única manera de ser salvos es por medio de recibir a Cristo como Salvador, se rehúsan a hacerlo. Lo que les espera como consecuencia es un horrendo castigo, en nada comparable a los sufrimientos de los creyentes
que padecen aflicción por causa del nombre de Cristo. Mire lo que dice Juan 3:36 El que cree en el Hijo tiene vida eterna; pero el que rehúsa creer en el Hijo no verá la vida, sino que la ira de Dios está sobre él.
La ira de Dios sobre un incrédulo que sale de este mundo en esas condiciones significa eterna condenación en fuego, amable oyente. El sufrir sin motivo, el ser vituperado por el nombre de Cristo, nos debe hacer pensar en lo horrendo que será el castigo de Dios para los que resisten recibir a Cristo como Salvador. Por eso Pedro cita un pasaje del libro de Proverbios donde dice: Ciertamente el justo será recompensado en la tierra ¡Cuánto más el impío y el pecador! La recompensa se refiere al vituperio por el nombre de Cristo. Si eso es el pan del justo en la tierra, cuánto será el pan que le espera al impío y al pecador no sólo en la tierra sino principalmente fuera de la tierra. En quinto y último lugar, tenemos la aplicación de la bienaventuranza. 1 Pedro 4:19 dice: De modo que los que padecen según la voluntad de Dios, encomienden sus almas al fiel Creador, y hagan el bien. Notamos en este versículo que sufrir vituperio por el nombre de Cristo, no necesariamente es la experiencia de todos los creyentes sin excepción. Sólo Dios sabe quien lo va a padecer, cuándo lo va a padecer y en qué magnitud lo va a padecer. Esto es a lo que Pedro se refiere cuando llama la atención de los que padecen según la voluntad de Dios.
¿Qué es lo que deben hacer estas personas? Pedro da dos instrucciones.
Número uno, encomienden sus almas al fiel Creador. Encomendar es la traducción de un verbo que literalmente significa depositar algo para que sea guardado. Esto es lo que debemos hacer cuando enfrentamos vituperio por el nombre de Cristo. Debemos decir: Dios, deposito mi alma a tu cuidado para que tú la guardes. Note como se designa a la persona de Dios, el fiel Creador. Como tal, él tiene todo el poder para que los que a él se han encomendado no sufran ningún mal. Número dos, hagan el bien. Cuando somos vituperados por el nombre de Cristo, tenemos deseos de pagar al ofensor con la misma moneda, pero no debemos hacerlo. El lugar de ello, debemos hacer el bien sin mirar a
quien. La bienaventuranza de sufrir por la causa de Cristo. Es otra obra de la verdadera gracia de Dios.

Si la resurrección tiene que ver solamente con el alma y no con el cuerpo ¿Para qué hacer resucitar un cuerpo minado por el pecado? Visite nuestra página Web y en la sección PREGUNTA DEL DÍA encontrará la respuesta a esta inquietud. La Biblia Dice… se sostiene mediante la oración y la ofrenda de sus oyentes. Si el Señor ha puesto en su corazón
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La verdadera gracia de Dios nos permite tener gozo en medio de la adversidad

La verdadera gracia de Dios nos capacita para ser humildes