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Uno de los problemas que había en Corinto era pensar que para servir al Señor se debe ser soltero

Es grato estar nuevamente con usted, amiga, amigo oyente. Bienvenida, bienvenido al estudio bíblico de hoy. Estamos estudiando la primera epístola de Pablo a los Corintios, en la serie que lleva por título: Un mensaje oportuno para una iglesia en crisis. Uno de los problemas que había en Corinto era pensar que para servir al Señor se debe ser soltero. Inclusive se pensaba que los solteros están en un plano de mayor espiritualidad que los casados. Pablo va a corregir esta distorsionada manera de pensar y sobre eso nos hablará David Logacho en el estudio bíblico de hoy.

El celibato es una de las prácticas que ha causado mucha división en la iglesia de Cristo. Celibato es sinónimo de soltería. Una persona célibe es aquella que no ha tomado estado de matrimonio. Se ha pensado que un requisito indispensable para servir al Señor es ser célibe.

Por esta causa, muchos hermanos que sinceramente desean servir al Señor se han visto forzados a vivir en celibato con graves consecuencias espirituales, morales y físicas.

Mal se puede demandar que un creyente permanezca en estado de celibato si ese creyente no tiene el don de continencia o el poder sobrenatural para refrenar sus impulsos sexuales.

En el pasaje bíblico que nos corresponde estudiar el día de hoy, el celibato es presentado como deseable, aunque no como indispensable. Abramos nuestras Biblias en 1 Corintios 7:25-40. Lo que primero notamos es una introducción oportuna. 1 Corintios 7:25 dice: «En cuanto a las vírgenes no tengo mandamiento del Señor; mas doy mi parecer, como quien ha alcanzado misericordia del Señor para ser fiel.»

Dos cosas importantes en esta introducción.

Número uno, Pablo va a hablar en cuanto a las vírgenes. Esto no se refiere solamente a doncellas o mujeres vírgenes, sino a toda persona, hombre o mujer, que jamás ha tenido una relación sexual.

Número dos, cuando Pablo dice que no tiene mandamiento del Señor, se está refiriendo a que mientras el Señor estaba físicamente en este mundo, no se pronunció sobre este asunto.

Por ese, Pablo dice que va a dar su parecer sobre este asunto. Esto no atenta en lo más mínimo contra el peso o la autoridad de lo que Pablo está por decir. No olvide que Pablo escribió estas palabras bajo la inspiración del Espíritu Santo, por tanto, sus palabras tienen el mismo peso y autoridad que si hubieran sido dichas por el Señor.

A esto se refiere Pablo cuando dice que ha alcanzado misericordia del Señor para ser fiel.

Luego de esta introducción oportuna, Pablo pasa a dar su parecer sobre las vírgenes. 1 Corintios 7:26-27 dice: «Tengo, pues, esto por bueno a causa de la necesidad que apremia; que hará bien el hombre en quedarse como está. ¿Estás ligado a mujer? No procures soltarte. ¿Estás libre de mujer? No procures casarte.»

Cuando Pablo escribió la primera epístola a los Corintios estaba ya presente la implacable persecución en contra de los cristianos. Los soldados romanos podían irrumpir cualquier momento en el hogar de los cristianos y llevarse al padre o a la madre o a los hijos, o a todos por igual. Es a este peligro que se cernía sobre los cristianos, a lo que Pablo se refiere cuando habla de la necesidad que apremia.

Teniendo esto en mente, Pablo propone algo que incuestionablemente es bueno en esas circunstancias. Que hará bien el hombre en quedarse como está. Note que Pablo no está abogando ni por el celibato ni por el matrimonio. Simplemente dice que haría bien el hombre en quedarse como está.

Para que no queden dudas sobre lo que tiene en mente, Pablo dice que el hombre que está ligado a mujer, no procure soltarse de ella y que el hombre que está libre de mujer, no procure casarse. Todo esto se inscribe en lo que vimos en nuestro estudio bíblico último: 1 Corintios 7:24 dice: «Cada uno, hermanos, en el estado en que fue llamado, así permanezca para con Dios.»

No es sino cuando llegamos al versículo 28 de 1 Corintios 7 cuando Pablo se refiere al celibato. Note lo que dice: «Mas también si te casas, no pecas; y si la doncella se casa, no peca; pero los tales tendrán aflicción de la carne, y yo os la quisiera evitar.»

Hablando del célibe, tanto hombre como mujer, Pablo ya dijo que no procure casarse, a causa de la necesidad que apremia. Pero si el célibe se casa, no está haciendo algo contrario a la Biblia de ninguna manera.

Si te casas, no pecas, dice Pablo y también a la doncella, si se casa no peca. Es decir que no se trata de que todo el que desea servir al Señor debe vivir en celibato. De ninguna manera. Un creyente casado también puede perfectamente servir al Señor, pero tiene una desventaja en relación con el creyente célibe que también sirve al Señor.

La desventaja, según Pablo es la aflicción de la carne. Los casados no deber cuidar solamente de ellos mismos, sino de sus esposas y de sus hijos. En medio de la persecución imperante, esto podría tornarse bastante complicado. Esta es la aflicción de la carne en los casados que Pablo quería evitar aconsejando que sería mejor que los que están libres de mujer procuren no casarse.

En este punto, Pablo introduce otro elemento que se debe tomar en cuenta para tomar la decisión de vivir en celibato o casarse. Es el tema del poco tiempo que tenemos en este mundo para servir al Señor. 1 Corintios 7:29-31 dice: «Pero esto digo, hermanos: que el tiempo es corto; resta pues, que los que tienen esposa sean como si no la tuviesen; y los que lloran, como si no llorasen; y los que se alegran, como si no se alegrasen; y los que compran, como si no poseyesen; y los que disfrutan de este mundo, como si no lo disfrutasen; porque la apariencia de este mundo se pasa.»

Ante el hecho que no tenemos mucho tiempo para hacer la obra del Señor, por cuanto la vida sobre este mundo es demasiado corta, es necesario sacar el máximo provecho del poco tiempo que tenemos. Pablo no está diciendo que para aprovechar el poco tiempo en el servicio al Señor, los casados debemos abandonar a nuestras esposas, y no llorar, no alegrarnos, no comprar y no disfrutar de este mundo.

Lo que está diciendo es que debemos tener nuestras prioridades en orden. Primero es la devoción a Dios y después viene todo lo demás que es parte de la vida de los casados y ciertamente también en alguna medida de los solteros. Si invertimos las prioridades estaremos dando más importancia al mundo, pero el mundo es pasajero, pronto pasa. No tiene sentido gastar la vida en algo que no trasciende a la eternidad.

Por lo que ha dicho hasta aquí, Pablo llega a una conclusión. 1 Corintios 7:32-34 dice: «Quisiera, pues, que estuvieseis sin congoja. El soltero tiene cuidado de las cosas del Señor, de cómo agradar al Señor; pero el casado tiene cuidado de las cosas del mundo, de cómo agradar a su mujer. Hay asimismo diferencia entre la casada y la doncella. La doncella tiene cuidado de las cosas del Señor, para ser santa así en cuerpo como en espíritu; pero la casada tiene cuidado de las cosas del mundo, de cómo agradar a su marido.»

La motivación de Pablo para afirmar que sería bueno que los solteros no se casen es para que los solteros se ahorren congojas. La palabra congojas se refiere a las responsabilidades de los casados en el matrimonio. El matrimonio tiene sus privilegios, pero también sus responsabilidades. El soltero no tiene por qué preocuparse de esto. Los solteros por tanto, tanto hombres como mujeres, pueden dedicarse por entero al Señor, mientras que los casados, tanto hombres como mujeres, deben tener un equilibrio en el tiempo que dedican al Señor y el tiempo que dedican a su cónyuge y a sus hijos.

Pablo abre su corazón para afirmar que lo que ha dicho hasta aquí, no es para hacer la vida difícil a nadie sino para el bienestar de todos. 1 Corintios 7:35 dice: «Eso lo digo para vuestro provecho, no para tenderos lazo, sino para lo honesto y decente, y para que sin impedimento os acerquéis al Señor.»

Lo que viene a continuación demanda tomar en cuenta que en la cultura del primer siglo en la ciudad de Corinto era normal que los padres tengan la última palabra en cuanto a si sus hijas se casaban o no se casaban y cuándo se casaban. Algunos creyentes de Corinto estaban pensando que harían mal al permitir que sus hijas se casen. Pablo va a corregir este distorsionado punto de vista. 1 Corintios 7:36-38 dice: «Pero si alguno piensa que es impropio para su hija virgen que pase ya de edad, y es necesario que así sea, haga lo que quiera, no peca; que se case. Pero el que está firme en su corazón, sin tener necesidad, sino que es dueño de su propia voluntad, y ha resuelto en su corazón guardar a su hija virgen, bien hace. De manera que el que la da en casamiento hace bien, y el que no la da en casamiento hace mejor»

Esto es consistente con la enseñanza general de Pablo en cuanto al celibato. Es algo deseable, pero no indispensable para el servicio al Señor.

Finalmente, Pablo expresa su opinión sobre los viudos y las viudas. 1 Corintios 7:39-40 dice: «La mujer casada está ligada por la ley mientras su marido vive; pero si su marido muere, libre es para casarse con quien quiera, con tal que sea en el Señor. Pero a mi juicio, más dichosa será si se quedare así; y pienso que también yo tengo el Espíritu de Dios.»

La ley de Dios en cuanto al matrimonio es que éste dura hasta que la muerte los separe. Cuando uno de los cónyuges muere, el viudo o la viuda está libre de la ley del matrimonio y en consecuencia está en libertad de casarse, siempre y cuando sea en el Señor, es decir en la voluntad del Señor. Será el Señor quien guíe, el con quién, cuándo y cómo.

Sin embargo, Pablo es fiel a su opinión de que sería mejor el viudo o la viuda no se case para que pueda entregarse al Señor sin reservas, sin tantas cosas que los casados deben dar la debida atención. Lo dicho por Pablo es palabra de Dios, porque lo escribió bajo la inspiración del Espíritu Santo.

En esencia entonces amable oyente: El celibato no es requisito indispensable para servir al Señor, tiene sus ventajas, pero también sus desventajas. Los casados de ninguna manera están impedidos de servir al Señor aunque ellos deben también ocuparse de atender a sus esposas y a sus hijos. Esto es lo que enseña la palabra de Dios.

Antes de concluir nuestra edición de hoy, le invito a visitar nuestra página Web y conocer la respuesta a la PREGUNTA DEL DÍA Según el relato en Lucas 10:25-28 en una conversación entre un intérprete de la ley y Jesús, el intérprete de la ley citó la ley, Pero según el relato en Mateo 22:35-37 fue Jesús quien citó la ley. ¿Quién fue que la citó El intérprete de la ley o Jesús? Nuestra dirección es: labibliadice.org Además puede hacernos llegar sus consultas y sugerencias y por supuesto escuchar nuevamente el programa de hoy. Le recuerdo nuestra dirección: labibliadice.org Hasta la próxima y que Dios le bendiga grandemente.

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