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Pablo confronta lo que estaba pasando

Con mucho gozo le damos la bienvenida, amiga, amigo oyente. David Logacho está listo para compartir con nosotros un nuevo estudio bíblico en la primera epístola de Pablo a los Corintios, dentro de la serie que lleva por título: Un mensaje oportuno para una iglesia en crisis. Uno de los problemas en la iglesia de Corinto era los desórdenes en la cena del Señor. Pablo ya se encargó de sacar a la luz lo que estaba pasando y en el pasaje bíblico que tenemos para el día de hoy va a confrontar esta situación.

Si tiene una Biblia a la mano, ábrala en 1 Corintios capítulo 11, versículos 23-34. En nuestro estudio bíblico anterior, Pablo habló sobre la fatal condición en la iglesia en Corinto. Los creyentes estaban divididos y peleados entre ellos pero sin embargo se sentaban para celebrar la cena del Señor, con sus caras de santos como si nada estuviera pasando. Además, antes de participar de los elementos de la cena del Señor, los creyentes corintios tenían la costumbre de participar en una fiesta de amor, conocida como ágape, en la cual se esperaba que se manifieste el amor fraterno y la comunión unos con otros. Pero lo que estaba sucediendo en la práctica, es que las familias ricas traían sus exquisiteces, y licores finos mientras que las familias pobres apenas podían traer lo elemental para comer. Había algunos que no se molestaban por esperar que llegue la hora de comer, sino que simplemente tendían su mantel, sacaban su comida y comenzaban a comer sin tomar en cuenta a nadie, como si estuvieran solos. Peor todavía, las familias ricas comían sus manjares y bebían sus finos licores y no compartían en absoluto con las familias pobres que no podían traer mucho para comer. Al terminar la hora de la comida, los que pertenecían a las familias ricas se levantaban con el estómago hinchado por haber comido tanto y tambaleándose por haber bebido tanto. Mientras los que pertenecían a las familias pobres se levantaban con hambre y sobre todo lastimados porque nadie se interesó en ellos. Pablo estaba tan frustrado por lo que estaba pasando que se preguntó: ¿Qué os diré? Lo único que atinó a decir fue: ¿Os alabaré? En esto no os alabo. Con este antecedente, Pablo va a ha hacer una frontal confrontación. Lo hace mostrando lo que es la cena del Señor. 1 Corintios 11:23-25 dice: «Porque yo recibí del Señor lo que también os he enseñado: Que el Señor Jesús, la noche que fue entregado, tomó pan; y habiendo dado gracias, lo partió, y dijo: Tomad, comed; esto es mi cuerpo que por vosotros es partido; haced esto en memoria de mí. Asimismo tomó también la copa, después de haber cenado, diciendo: Esta copa es el nuevo pacto en mi sangre; haced esto todas las veces que la bebiereis, en memoria de mí.» La auténtica iglesia cristiana reconoce nada más que dos ordenanzas establecidas por el Señor Jesucristo. El bautismo y la cena del Señor. Jesucristo usó elementos comunes y corrientes de su tiempo, el pan y la copa, como símbolos de lo que estaba por hacer a favor del pecador. Sin embargo, el valor de esta experiencia depende de la condición de los corazones de los que participan, y este justamente era el problema en Corinto. Es algo muy serio participar en la cena del Señor con el corazón no preparado para ello. También es algo muy serio participar en la cena del Señor de una manera descuidada. Dios disciplinó severamente a los creyentes corintios que cometieron este error. 1 Corintios 11:30 dice: «Por lo cual hay muchos enfermos y debilitados entre vosotros, y muchos duermen.» La cena del Señor nos da una oportunidad para el crecimiento espiritual y bendición, siempre y cuando lo hagamos como la Biblia lo ordena. El pan es para hacer memoria del cuerpo de Cristo, que fue entregado por nosotros, y la copa es para hacer memoria de su sangre derramada en la cruz del calvario. Es interesante que el Señor desea que sus seguidores hagan memoria de su muerte. La mayoría de nosotros tratamos de olvidar como fue la muerte de un ser querido, pero el Señor quiere que hagamos memoria de como fue su muerte. ¿Por qué? Porque todo lo que tenemos los creyentes se fundamenta en la muerte de Cristo. Debemos hacer memoria que él murió, porque esto es parte del Evangelio. No es la vida de nuestro Señor, ni sus enseñanzas lo que salva al pecador, sino su muerte. Por eso, debemos hacer memoria de por qué murió. Cristo murió por nuestros pecados. Él fue nuestro sustituto, quien pagó la deuda que no podíamos pagar. También debemos hacer memoria de como murió. Voluntariamente, como un manso cordero llevado al matadero, demostrando su amor por nosotros. El Señor entregó su cuerpo en manos de impíos y llevó sobre sí nuestros pecados. Sin embargo, hacer memoria no implica solamente el traer los hechos a la mente, sino que es la participación de realidades espirituales. En la cena del Señor manifestamos la comunión absoluta con aquel que es nuestro Salvador. La sencillez de esta hermosa recordación no debe estar empañada por asuntos secundarios como qué tipo de pan se debe usar o cuantas copas se deben usar, o cuál debe ser el contenido de la copa, o con cuánta frecuencia se la debe observar. Cada iglesia local debe adoptar su propio estilo en estos asuntos secundarios. Nada debe opacar la realidad de que los elementos son nada más que símbolos para hacer memoria de la persona y obra del Señor Jesucristo. Pero la cena del Señor no es solamente para mirar hacia atrás al momento cuando Cristo murió por nosotros. En la cena del Señor se debe también mirar hacia delante, hacia el momento cuando Cristo venga por segunda vez. 1 Corintios 11:26 dice: «Así, pues, todas las veces que comiereis este pan, y bebiereis esta copa, la muerte del Señor anunciáis hasta que él venga.» Cada vez que los creyentes participamos en la cena del Señor, hacemos memoria de que Jesucristo murió en lugar del pecador, pero además que Jesucristo no quedó en una tumba, porque resucitó de entre los muertos y más tarde fue ascendido a la gloria de su Padre en donde está en la actualidad, esperando el momento indicado para volver otra vez a la tierra. Los creyentes reunidos en el nombre de Cristo, alrededor de la mesa sobre la cual están los símbolos de la cena del Señor, es un permanente anuncio al mundo en general y a los creyentes en particular que Cristo está por venir por segunda vez. La cena del Señor no estará vigente para siempre, sino solamente hasta que venga Jesucristo por segunda vez. Pero además de mirar hacia atrás en el tiempo y hacia delante en el tiempo, en la cena del Señor debemos mirar hacia adentro, hacia nosotros mismos para ver como está nuestro corazón. 1 Corintios 11:27-32 dice: «De manera que cualquiera que comiere este pan o bebiere esta copa del Señor indignamente, será culpado del cuerpo y de la sangre del Señor. Por tanto, pruébese cada uno a sí mismo, y coma así del pan, y beba de la copa. Porque el que come y bebe indignamente, sin discernir el cuerpo del Señor, juicio come y bebe para sí. Por lo cual hay muchos enfermos y debilitados entre vosotros, y muchos duermen. Si, pues, nos examinásemos a nosotros mismos, no seríamos juzgados, mas siendo juzgados, somos castigados por el Señor, para que no seamos condenados con el mundo.» Pablo no está diciendo que debemos ser dignos para poder participar en la cena del Señor, sino que no debemos participar en la cena del Señor de una manera indigna. Para no participar en la cena del Señor indignamente, debemos mirar cómo está nuestro corazón, de modo que podamos reconocer y confesar a Dios nuestro pecado. Participar en la cena del Señor sabiendo que tenemos pecado no confesado en el corazón es equivalente a ser culpable del cuerpo y de la sangre del Señor, porque en realidad fue por el pecado que Cristo tuvo que ser clavado en la cruz. Si no juzgamos nuestro pecado por nosotros mismos, entonces seremos juzgados y castigados por Dios. Los creyentes de Corinto fallaron en juzgar el pecado en su propio corazón y al participar en esas condiciones en la cena del Señor fueron culpables del cuerpo y de la sangre del Señor y en esencia comieron y bebieron juicio del Señor. Por eso Dios les castigó ya sea con enfermedad, o con debilidad, e inclusive hasta con la muerte física. La idea no es que como tengo pecado en el corazón no debo participar en la cena del Señor. La idea es que como tengo pecado en el corazón, lo reconozco, lo confieso al Señor y si es necesario lo confieso a la persona que afectó mi pecado, y una vez hecho esto participo en la cena del Señor. Cuidado amable oyente con participar en la cena del Señor sabiendo que hay pecado oculto en su corazón. No le estoy aconsejando que si ese el caso no vaya a la cena del Señor. Le estoy aconsejando que arregle el problema de pecado y vaya gozoso a la cena del Señor. Luego de mirar hacia atrás en el tiempo, hacia delante en el tiempo, hacia adentro al corazón, el creyente debe mirar alrededor para no ignorar a los hermanos. 1 Corintios 11:33-34 dice: «Así que, hermanos míos, cuando os reunís a comer, esperaos unos a otros. Si alguno tuviere hambre, coma en su casa, para que no os reunáis para juicio. Las demás cosas las pondré en orden cuando yo fuere.» En la cena del Señor, no solamente debemos pensar en el Señor y en nuestra propia condición espiritual, sino también en los hermanos que están acompañándonos. Cuando Pablo habla de esperarse unos a otros, está hablando de considerar a los otros hermanos para tratarlos de la mejor manera posible. Si despreciamos a los hermanos, estamos atentando contra el cuerpo de Cristo y por ende contra Cristo mismo. Había otras cosas que Pablo no consideró oportuno tratarlas por carta sino personalmente. Pero la enseñanza para nosotros es demasiadamente clara. Para participar en la cena del Señor se requiere un corazón centrado en el Señor, un corazón libre de pecado no confesado y un corazón abierto para tratar dignamente a los demás hermanos. Que por la gracia de Dios estemos observando estas recomendaciones cuando participamos en la cena del Señor.

Antes de concluir nuestra edición de hoy, le invito a visitar nuestra página Web y conocer la respuesta a la PREGUNTA DEL DÍA Por lo que dice Romanos 3:10, no hay justo ni aun uno, pero Santiago 5:16 dice que la oración eficaz del justo puede mucho. ¿Hay o no hay justos? Nuestra dirección es: labibliadice.org Además puede hacernos llegar sus consultas y sugerencias y por supuesto escuchar nuevamente el programa de hoy. Le recuerdo nuestra dirección: labibliadice.org Hasta la próxima y que Dios le bendiga grandemente.

Desórdenes en la Cena del Señor

Desorden en el uso de los dones espirituales