in

El modelo de Dios para una vida de pureza en lo sexual

Gracias damos al Señor por el privilegio que nos brinda de estar en contacto con usted, amiga, amigo oyente. Bienvenida, bienvenido al estudio bíblico de hoy. La iglesia de Corinto estaba atravesando por una severa crisis. Para contrarrestar esta crisis, Pablo escribió varias cartas. Estamos estudiando la primera de ellas. Se trata de un mensaje oportuno para una iglesia en crisis. En esta ocasión David Logacho nos mostrará el modelo de Dios para una vida de pureza en lo sexual.

En nuestro estudio bíblico último, vimos como Pablo exhortó severamente a aquellos creyentes en Corinto que escudándose detrás de que todo es lícito, estaban entregándose a la inmoralidad sexual.

Este pecado, bíblicamente hablando se llama fornicación.

La fornicación, a diferencia de cualquier otro pecado, atenta contra el cuerpo del creyente. Pablo dijo: «Cualquier otro pecado que el hombre cometa, está fuera del cuerpo; mas el que fornica, contra su propio cuerpo peca.»

Siendo así, el pecado de fornicación atenta contra Dios el Padre porque el cuerpo del creyente fue creado por Él. El pecado de fornicación también atenta contra Dios el Hijo, porque el cuerpo del creyente es miembro del cuerpo de Cristo. El pecado de fornicación también atenta contra Dios el Espíritu Santo, porque el cuerpo del creyente es templo del Espíritu Santo. El pecado de fornicación es un atentado en contra de la divina trinidad. Por eso Pablo dice: «Huid de la fornicación»

Ante la tentación a la fornicación, o a cualquier cosa que incite a usar el sexo fuera del matrimonio, la responsabilidad del creyente es huir. El verbo huir significa apartarse con velocidad, por miedo o por otro motivo, de personas, animales o cosas, para evitar daño, disgusto o molestias.

Un buen ejemplo de cómo funciona este principio en la práctica nos dio José. Cuando estaba sirviendo como esclavo en la casa de Potifar, la esposa de éste se enamoró locamente de él y estaba desesperada por ir a la cama con él. Un día, José entró en la casa para hacer su oficio, y no había nadie de los de la casa allí.

Me imagino que la esposa de Potifar hizo todos los arreglos necesarios para que todos se vayan de la casa, excepto ella, por supuesto. Inclusive puede ser que arregló su casa para darle un ambiente romántico. Usted sabe. Lo preparó todo con sumo cuidado. Cuando esta mujer vio a José se lanzó sobre él y tomándole de la ropa le dijo: Duerme conmigo. Qué mejor oportunidad para que José dé rienda suelta a su apetito sexual. Después de todo, él no lo había buscado. Podía excusarse diciendo que no fue su culpa porque ella le buscó.

Pero ¿Qué hizo José? Dice el relato bíblico que dejó su ropa en las manos de ella, y huyó y salió. Así es como funciona este principio en la práctica. Claro que esta acción le costó a José el ser acusado falsamente de intentar violar a la esposa de Potifar, pero ¿Quién ha dicho que obedecer los principios bíblicos no nos va a traer conflictos con el mundo?

En todo caso, José perdió su ropa pero ganó una corona ante Dios. Dios demanda pureza sexual en los creyentes, amable oyente. Pero el hombre siempre tiende a ir a los extremos en todo lo que se le pone por delante. Está bien que el creyente debe huir de la fornicación, pero eso no significa que el creyente piense que todo lo que tiene que ver con el sexo es sucio o pecaminoso. Pues parece que en algunos creyentes de la iglesia en Corinto se estaba formando esta idea. Dando por sentado que el sexo es malo, estaban pensando que no se debería ni mencionar la palabra sexo.

En esta línea de pensamiento algunos creyentes corintios estaban aconsejando que los creyentes no deben casarse, es decir, pensaban ellos, que todo creyente debe ser célibe. Una persona célibe es aquella que no ha tomado estado de matrimonio. Esto debe haber producido gran revuelo en la iglesia en Corinto y no es extraño por tanto que algunos hayan escrito a Pablo para consultarle sobre el asunto.

Note que Pablo tenía también su consultorio bíblico, así como lo tenemos nosotros en La Biblia Dice… Bueno… ya en el plano de seriedad, Pablo entonces va a responder a algunas de las consultas de los creyentes en Corinto.

Esto crea el marco para nuestro estudio bíblico de hoy. Abramos nuestras Biblias en 1 Corintios 7:1-5. La consulta que algunos creyentes corintios hicieron a Pablo debe haber tenido más o menos este tenor: Sabiendo que el sexo debe ser tratado con tanto cuidado, ¿No será mejor que el hombre nunca tenga relaciones sexuales con la mujer? Lo que primero encontramos en el pasaje bíblico de hoy es la respuesta expresada de Pablo. 1 Corintios 7:1 dice: «En cuanto a las cosas que me escribisteis, bueno le sería al hombre no tocar mujer»

Observe que Pablo está respondiendo a consultas que por carta le hicieron algunos creyente de la iglesia en Corinto. Fueron varias las consultas. Ahora se dispone a contestar una de ellas. Aquella que se refiere a esa noción de que como existe el peligro del pecado sexual, será mejor permanecer soltero y que inclusive, vivir en celibato es un estado espiritual más puro que vivir en matrimonio.

Pablo da inicio a su respuesta afirmando que bueno le sería al hombre no tocar mujer. Cuando Pablo habla de tocar mujer, no se está refiriendo al toque físico, como cuando hoy en día saludamos estrechando manos o con beso en la mejilla. Tocar mujer era un eufemismo judío para hablar de la relación sexual entre un hombre y una mujer.

Por ejemplo, confrontando el adulterio de un hombre, Proverbios 6:29 dice: «Así es el que se llega a la mujer de su prójimo; no quedará impune ninguno que la tocare»

Cuando en este versículo se habla de «tocar» se refiere a la relación sexual del adúltero con la mujer del prójimo.

De modo que, volviendo a 1 Corintios, 7:1, Pablo está diciendo: Bueno sería que el hombre no tenga relaciones sexuales con una mujer. Si todo quedara así, estaríamos en serios problemas todos los casados. Gracias a Dios que Pablo no lo deja allí, sino que prosigue con la respuesta explicada. 1 Corintios 7:2 dice: «pero a causa de las fornicaciones, cada uno tenga su propia mujer, y cada una tenga su propio marido»

Pablo reconoce que el sexo es un deseo legítimo en el ser humano. Dios nos ha creado con un deseo sexual así como nos ha creado con un deseo por los alimentos. El sexo proviene de Dios. Dios es el autor del sexo en el ser humano.

En la Biblia se ve que el sexo tiene al menos un triple propósito. En primer lugar sirve para la propagación de la especie humana. Mediante la relación sexual se produce la concepción.

En segundo lugar, sirve para la comunión plena entre un hombre y una mujer que se han casado. Con la relación sexual se hace realidad que los casados son uno en espíritu, alma y cuerpo.

En tercer lugar, sirve para el placer mutuo de la pareja. Hablando a los casados, la Biblia dice: Alégrate con la mujer de tu juventud.

Pablo estaba consciente de todo esto y por eso dice: Pero. Esta preposición modifica la declaración anterior. Bueno sería que el hombre no tenga relaciones sexuales con una mujer, pero sabiendo que tanto hombres como mujeres tienen un legítimo deseo sexual, entonces que cada hombre tenga su propia esposa y cada mujer tenga su propio esposo.

De otra manera siempre estará rondando el peligro que el hombre o la mujer satisfagan su apetito sexual fuera del matrimonio, lo cual es fornicación. De aquí podemos aprender que el matrimonio es el mejor antídoto para contrarrestar la fornicación.

Además, el matrimonio es el único marco legítimo para la apropiada expresión de la sexualidad. El sexo dentro del matrimonio es bueno, puro, hermoso, satisfactorio y todo lo demás, pero el sexo fuera del matrimonio es todo lo contrario.

Alguien tal vez dirá: Pero yo encuentro muy gratificante al sexo fuera del matrimonio. Pues, podrá ser gratificante, pero la gratificación durará por unos instantes nada más, porque después se transformará en un terrible tormento. Si no me cree, pregunte a todos los que han perdido su hogar por entregarse al sexo fuera del matrimonio, pregunte a todos los que han contraído enfermedades venéreas por entregarse al sexo fuera del matrimonio, pregunte a todos los que han contraído el virus de inmuno deficiencia adquirida por entregarse al sexo fuera del matrimonio.

No nos engañemos amigo oyente. Dios tiene toda la razón cuando dice que el único marco adecuado para la correcta expresión de la sexualidad es el matrimonio. Siendo así, Pablo pasa a la respuesta expandida. 1 Corintios 7:3 dice: «El marido cumpla con la mujer el deber conyugal, y asimismo la mujer con el marido»

Sobre la base de lo que ya ha mencionado, Pablo ordena a los esposos a cumplir con el deber conyugal con sus esposas, de la misma manera, ordena a las esposas a cumplir con el deber conyugal con sus esposos. El deber conyugal se refiere a la relación sexual entre los esposos. El marido debe ser fiel y diligente en el cumplimiento de su parte en la intimidad sexual con su esposa.

De igual modo, la esposa debe ser fiel y diligente en el cumplimiento de su parte en la intimidad sexual con su esposo. Sobre esto, Pablo será más específico en lo que resta del pasaje bíblico, lo cual será tema de nuestro próximo estudio bíblico.

Mientras tanto, los extremos siempre son peligrosos. Peligroso es el extremo de usar el sexo de cualquier manera y con cualquier persona, pero igualmente peligroso es el otro extremo de no hacer uso del sexo en la pareja que se ha casado. El equilibrio perfecto es lo que la Biblia enseña. Sexo dentro del matrimonio es bueno y puro, sexo fuera del matrimonio es todo lo contrario.

Antes de concluir nuestra edición de hoy, le invito a visitar nuestra página Web y conocer la respuesta a la PREGUNTA DEL DÍA ¿Quienes fueron los Anabautistas? Nuestra dirección es: labibliadice.org Además puede hacernos llegar sus consultas y sugerencias y por supuesto escuchar nuevamente el programa de hoy. Le recuerdo nuestra dirección: labibliadice.org Hasta la próxima y que Dios le bendiga grandemente.

Lo horrendo que es a los ojos de Dios el pecado de fornicación

La responsabilidad de los casados y de los no casados en relación con la pureza sexual