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Lo absurdo de dejarse deslumbrar por la sabiduría humana al punto de ignorar la sabiduría divina

Reciba cordiales saludos amable oyente, al inicio de un nuevo estudio bíblico en la primera epístola de Pablo a los Corintios. A esta serie de estudios bíblicos la hemos titulado: Un mensaje oportuno para una iglesia en crisis. Parte de la crisis en la que se hallaba la iglesia de Corinto tenía que ver con las divisiones internas. Pablo esta confrontando este grave mal. En esta ocasión mostrará lo absurdo de dejarse deslumbrar por la sabiduría humana al punto de ignorar la sabiduría divina. En instantes más estará junto a nosotros David Logacho para explicarnos esta porción de la Biblia.

Refutando con firmeza las divisiones internas en la iglesia en Corinto, el apóstol Pablo dejó en claro que jamás había hecho algo como para que algunos se conviertan en adeptos de él y se pongan a luchar en contra de los que eran adeptos a Apolos o a Cefas o a Cristo.

Pablo se limitó a cumplir con lo que Cristo le llamó a hacer, a predicar el evangelio de Cristo. Esto lo hizo no con sabiduría de palabras, porque si lo hubiera hecho, habría estado haciendo vana la cruz de Cristo.

Esto es notable en Pablo. Rehusó echar mano de la elocuencia, del lenguaje florido, del razonamiento profundo para ganar a los incrédulos para Cristo. En lugar de eso, simplemente anunció que Cristo murió en la cruz del calvario en lugar del pecador, y que todo pecador que por la fe le reciba como Salvador será salvo.

Este sencillo pero poderoso mensaje expuesto con claridad, fue lo que trajo a la conversión a tantos incrédulos. Pensando en el sencillo mensaje del evangelio, Pablo entra a una sección en la que muestra que Cristo es el verdadero poder y la verdadera sabiduría de Dios. Se trata de un principio espiritual profundo.

Primeramente consideremos el principio enunciado. 1 Corintios 1:18 dice: «Porque la palabra de la cruz es locura a los que se pierden; pero a los que se salvan, esto es, a nosotros, es poder de Dios»

A los ojos de Dios, la humanidad entera se divide en dos grupos. Los que se pierden y los que se salvan. Nadie puede evitar estar en uno de estos dos grupos.

Los que se pierden y los que se salvan piensan de diferente manera sobre la palabra de la cruz. La palabra de la cruz es el evangelio en su totalidad, el cual se centra en la encarnación y crucifixión de Cristo, plan diseñado por Dios para la salvación del hombre pecador. Este es el tema principal de las Escrituras en general. Los que se pierden piensan que la palabra de la cruz es locura.

La palabra griega que se ha traducido como «locura» es la palabra «moría» que significa insensatez, falta de sentido o de razón, tontería. Así es como los que se pierden catalogan a la palabra de la cruz.

Dicen que es una locura, es algo insensato, no le encuentran sentido o razón, hasta les parece una tontería.

En cambio, para los que se salvan, la palabra de la cruz es poder de Dios. No puede ser de otra manera, porque lo único que tuvieron que hacer es creer en la palabra de la cruz y como resultado Dios realizó en ellos el mayor milagro que se pueda imaginar, cuando les levantó del estado de muerte espiritual y les dio vida espiritual.

Hablando del evangelio, el mismo apóstol Pablo dijo lo siguiente según Romanos 1:16 «Porque no me avergüenzo del evangelio, porque es poder de Dios para salvación a todo aquel que cree, al judío primeramente, y también al griego.»

La manera como usted cataloga la palabra de la cruz, le indica si usted está entre los que se pierden o entre los que se salvan.

En segundo lugar encontramos el principio expuesto proféticamente. 1 Corintios 1:19 dice: «Pues está escrito: Destruiré la sabiduría de los sabios, y desecharé el entendimiento de los entendidos»

El hecho que la palabra de la cruz sea locura para los que se pierden, se inscribe dentro de la forma de tratar de Dios sus asuntos importantes. Pablo cita una porción del libro de Isaías, exactamente Isaías 29:14.

En este versículo, Dios está denunciando la idea de los entre comillas «sabios» judíos que buscaban una alianza con Egipto para librarse del sitio de Senaquerib. Dios dice sobre esto en Isaías 29:14 «por tanto, he aquí que nuevamente excitaré yo la admiración de este pueblo con un prodigio grande y espantoso; porque perecerá la sabiduría de sus sabios, y se desvanecerá la inteligencia de sus entendidos»

Dios es experto en realizar sus prodigios grandes y espantosos a través de los medios menos indicados según la sabiduría de los hombres. Por tanto, a los que se pierden les parece una locura que Dios salve al pecador mediante la sola fe en la palabra de la cruz.

En tercer lugar encontramos el principio explicado. 1 Corintios 1:20-21 dice: «¿Dónde está el sabio? ¿Dónde está el escriba? ¿Dónde está el disputador de este siglo? ¿No ha enloquecido Dios la sabiduría del mundo? Pues ya que en la sabiduría de Dios, el mundo no conoció a Dios mediante la sabiduría, agradó a Dios salvar a los creyentes por la locura de la predicación.»

Sabiendo que Dios destruye la sabiduría de los sabios y desecha el entendimiento de los entendidos, Pablo hace tres preguntas retóricas que todas tienen implícita una respuesta similar. ¿Dónde está el sabio? En ningún lado. Dios no necesita de ningún hombre sabio para que le aconseje. ¿Dónde está el escriba? En ningún lado. Dios no necesita ningún escriba para que le asesore. ¿Dónde está el disputador de este siglo? En ningún lado. Dios no necesita que nadie le defienda en una disputa.

En realidad, Dios ha enloquecido la sabiduría del mundo. Esto significa que para Dios la sabiduría del mundo no es nada más que necedad pura. Dios en su sabiduría decidió que el hombre no le conozca mediante la sabiduría humana, para que el hombre no tenga nada por lo cual gloriarse. Por esta causa Dios decidió salvar a los creyentes por la fe en un mensaje tan sencillo que los que se pierden lo consideran como una locura.

El mensaje, o la predicación, se refiere al evangelio de Cristo, según el cual Cristo se hizo hombre y como tal fue crucificado en lugar del pecador.

Muy bien. En cuarto lugar tenemos el principio ejercitado. Veamos como Pablo ponía en funcionamiento este importante principio espiritual. 1 Corintios 1:22-25 dice: «Porque los judíos piden señales, y los griegos buscan sabiduría; pero nosotros predicamos a Cristo crucificado, para los judíos ciertamente tropezadero, y para los gentiles locura; mas para los llamados, así judíos como griegos, Cristo poder de Dios, y sabiduría de Dios. Porque lo insensato de Dios es más sabio que los hombres, y lo débil de Dios es más fuerte que los hombres.»

Pablo tiene en mente a tres grupos de personas, los judíos incrédulos, los gentiles incrédulos y los creyentes, tanto judíos como gentiles.

Los judíos incrédulos tienen una verdadera pasión por las señales, o las manifestaciones de poder sobrenatural. Si un mensaje no estaba acompañado de señales sobrenaturales, los judíos incrédulos no estaban dispuestos a creer en ese mensaje. Su forma de pensar era: Ver para creer.

Por su lado, los gentiles incrédulos, en especial los corintios, por el hecho de ser griegos en su mayoría, tenían una verdadera pasión por la humana sabiduría. Adoraban a los que eran amigos de la sabiduría humana o a los filósofos. Su forma de pensar era: Si lo entiendo y lo puedo explicar con mi razonamiento, entonces lo creo.

Pero aquí entra Pablo y todos los que predicamos el glorioso mensaje del evangelio. Nosotros simplemente predicamos a Cristo crucificado. Este mensaje no despertaba interés en los judíos incrédulos porque por un lado no tenía un despliegue fabuloso de señales y por otro lado pensar en un Cristo que fue colgado en una cruz era ofensivo para ellos. Por eso dice Pablo que predicar de un Cristo crucificado era tropezadero para los judíos.

En cuanto a los gentiles incrédulos, el mensaje de un Cristo crucificado, tampoco despertaba interés, porque no le encontraban la lógica, no se lo podían explicar con su razonamiento humano. ¿Cómo es posible que Dios se haga hombre? ¿Cómo es posible que el Dios-Hombre sea crucificado? ¿Cómo es posible que con tan sólo creer en él, el pecador sea perdonado de su pecado y tenga vida eterna? Era algo que no le encontraban lógico ni razonable.

Por esta razón, catalogaban al mensaje de un Cristo crucificado como una locura, o una insensatez o una tontería. Pero para los creyentes, para los que hemos sido llamados, tanto judíos como gentiles, el mensaje de Cristo crucificado significó para nosotros la diferencia entre la vida y la muerte.

Al creer en Cristo como nuestro Salvador, recibimos la vida eterna. Para nosotros Cristo es poder de Dios y sabiduría de Dios. Así es como funciona un Dios sabio, cuya sabiduría está más allá de la comprensión de los hombres. Sobre esto, Pablo dice que lo insensato de Dios es más sabio que los hombres y lo débil de Dios es más fuerte que los hombres. No es que en Dios haya insensatez o debilidad. Lo que Pablo está diciendo es que lo que a los hombres les parece una insensatez de parte de Dios, es en realidad algo tan sabio que de ninguna manera puede ni siquiera compararse con la sabiduría humana.

De la misma forma, lo que a los hombres les parece una debilidad de parte de Dios, es en realidad algo tan fuerte que de ninguna manera puede ni siquiera compararse con la fortaleza humana. La gente incrédula tal vez se burle de usted porque usted ha depositado su fe en Cristo y le ha recibido como su Salvador, pero no se preocupe por eso, recuerde que para los incrédulos, la palabra de la cruz es una locura, pero para los creyentes, es poder de Dios y sabiduría de Dios.

Antes de concluir nuestra edición de hoy, le invito a visitar nuestra página web y conocer la respuesta a la PREGUNTA DEL DÍA En Mateo 1:23 se dice que una virgen concebirá y llamará su nombre Emanuel. Sin embargo, Mateo 1:25 relata que la virgen dio a luz a su hijo primogénito; y le puso por nombre Jesús. ¿Por qué un nombre diferente? Nuestra dirección es: labibliadice.org Además puede hacernos llegar sus consultas y sugerencias y por supuesto escuchar nuevamente el programa de hoy. Le recuerdo nuestra dirección: labibliadice.org Hasta la próxima y que Dios le bendiga grandemente.

El diezmo

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