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El epílogo de la carta

Es muy grato para La Biblia Dice… saludarle y darle la más cordial bienvenida al estudio bíblico de hoy. Este es el último estudio bíblico de la serie titulada: Un mensaje oportuno para una iglesia en crisis. Esta serie está basada en la primera epístola de Pablo a los Corintios. David Logacho nos hablará sobre el epílogo de la carta.

Si tiene una Biblia a la mano, ábrala en 1 Corintios 16:13-24. Pablo está terminando su primera carta a los Corintios y antes de expresar su saludo final, se ocupa de la exhortación final. En cuanto a esto último, Pablo deja siete mandatos importantes entre los versículos 13 a 18 donde dice: «Velad, estad firmes en la fe; portaos varonilmente, y esforzaos. Todas vuestras cosas sean hechas con amor. Hermanos, ya sabéis que la familia de Estéfanas es las primicias de Acaya, y que ellos se han dedicado al servicio de los santos. Os ruego que os sujetéis a personas como ellos, y a todos los que ayudan y trabajan. Me regocijo con la venida de Estéfanas, de Fortunato y de Acaico, pues ellos han suplido vuestra ausencia. Porque confortaron mi espíritu y el vuestro; reconoced pues, a tales personas.» En la porción bíblica leída tenemos siete mandatos, importantes para la iglesia en Corinto y también importantes para cada uno de los que somos creyentes. El primero: Velad. Esto tiene que ver con estar alerta. En Ecuador existe un dicho popular que reza así: Camarón que se duerme, se lo lleva la corriente. Algo parecido se podría decir del creyente. El creyente que no está en guardia contra los deseos de la carne, los deseos de los ojos y la vanagloria de la vida, muy pronto será arrastrado en la fuerte corriente de este mundo. Por eso Pablo aconseja a los creyentes de Corinto: Velad, o estad alerta. El segundo: Estad firmes en la fe. Esto significa: Manténgase siempre en la sana doctrina. No se deje arrastrar por doctrinas de manufactura humana. La sana doctrina es todo aquello que se fundamenta en la Biblia. No permita tampoco que su doctrina se fundamente en las experiencias y en las emociones. La Biblia y nada más que la Biblia debe ser nuestra única regla en doctrina y práctica. El tercero: Portaos varonilmente. Esto no necesariamente tiene que ver con no ser afeminados. El mandato tiene que ver con procurar ser maduros espiritualmente, no niños espiritualmente. Pablo confrontó severamente a los creyentes que actúan como que fueran niños en el sentido espiritual. El cuarto: Esforzaos. La vida cristiana no es fácil, es para los valientes. Por eso necesitamos esforzarnos mucho en el Señor. Esforzarse da la idea de rendir al máximo, más allá de lo que es normal, en la consecución de las metas que traen gloria al nombre de Cristo. El quinto. Todas vuestras cosas sean hechas con amor. Claro, debemos velar, estar firmes en la fe, portarnos varonilmente y esforzarnos, pero sin descuidar que todo lo que hacemos debe ser hecho con amor. Amor tiene que ver con acción de sacrificio en beneficio de la persona amada. El amor es lo que da sentido a todo lo que hacemos. Pablo dedicó todo un capítulo de su carta, para mostrar la necesidad de hacer todo con amor. Exagerando para mostrar su punto, Pablo llegó a decir: Si entregase mi cuerpo para ser quemado, y no tengo amor, de nada me sirve. El sexto. Someterse o estar sujeto a todos los que ayudan y trabajan. Esto es oro en polvo amigo oyente. Permítame explicarlo así: El mundo nos ha metido en la cabeza que los líderes son los que tienen mejor presencia física, mejor palabra, más dinero, más poder, don de mando y tantas otras cosas más. Pero con Dios es algo totalmente diferente. Los líderes, en el sentido bíblico, son aquellos que están dispuestos a servir a los demás hasta el punto del agotamiento. En Corinto había toda una familia que, tal vez tan pronto como recibieron a Cristo como Salvador, se dedicaron por entero a trabajar hasta el agotamiento en el servicio a otros creyentes. Es la familia de Estéfanas, quienes fueron las primicias de Acaya. Acaya es el nombre de la provincia romana en la cual estaba ubicada la ciudad de Corinto. Esta familia se entregó por entero, en cuerpo, alma y espíritu, a servir a los creyentes de la ciudad de Corinto, sin ningún interés, solamente por amor al Señor y por amor a los creyentes. Pablo dice a los creyentes corintios: Os ruego que os sujetéis a personas como la familia de Estéfanas, y por regla general, sométanse a personas que ayuda y trabajan. Así que, amable oyente, los líderes en el sentido bíblico, no son los que se dan modos para dominar a los que están bajo su mando, sino los que voluntariamente sirven hasta el agotamiento a los que están bajo su mando. El séptimo, está muy relacionado con el mandamiento anterior. Es reconocer a las personas que sirven al Señor en la iglesia local. Pablo habla tres hermanos de la iglesia local en Corinto, a saber: Estéfanas, de quien acabamos de comentar, y además de él, de Fortunato y Acaico. Estas tres personas fueron a visitar a Pablo en Efeso y después retornaron a Corinto. Mientras estaban en Efeso, se dedicaron a confortar el espíritu de Pablo y una vez que retornaron a Corinto se dedicaron a confortar el espíritu de los creyentes de Corinto. Estos tres personajes tenían una hermosa habilidad y disposición para confortar los corazones de la gente. Este ministerio es tan importante en las iglesias locales. Los pastores somos más propensos a condenar que a confortar y las ovejas sufren a causa de esto. ¿Qué hacer con personas que, como Estéfanas, Fortunato y Acaico, se dedicaron a servir a los demás por medio de confortar sus espíritus? Pablo dice: Reconoced, pues a tales personas. Esto no solo significa manifestar respeto y aprecio hacia ellos. Significa también atender sus necesidades económicas. Es bíblico el principio que aquellos líderes que se dedican a tiempo completo a la predicación y a la enseñanza en la iglesia local, sean sostenidos económicamente por la iglesia local. De esta manera, Pablo termina esta parte de exhortación final a los creyentes de Corinto. Inmediatamente después, Pablo entra al saludo final. 1 Corintios 16:19-20 dice: «Las iglesias de Asia os saludan. Aquila y Priscila, con la iglesia que está en su casa, os saludan mucho en el Señor. Os saludan todos los hermanos. Saludaos los unos a los otros con ósculo santo.» En el primer siglo no había rivalidad entre iglesias locales. Sin sacrificar la autonomía de cada iglesia local, había comunión entre las diferentes iglesias locales. En la provincia romana que se llamaba Asia, había varias iglesias, entre las cuales estaba por supuesto, la iglesia de Efeso. Estas iglesias estaban interesadas en el bienestar de la iglesia de Corinto y por eso están enviando saludos por medio de Pablo. Luego tenemos a Aquila y Priscila. Esta pareja de esposos fue ganada para Cristo por Pablo durante su segundo viaje misionero, cuanto llegó por primera vez a Corinto. Aquila y Priscila fueron discipulados por Pablo y entre ellos se formó una muy estrecha relación. Es posible que Pablo se haya hospedado en casa de Aquila y Priscila durante su permanencia en Corinto. Pablo vio en esta pareja mucho potencial para servir al Señor y se los llevó con él a Efeso en donde los dejó para que sirvan a allí al Señor. Para el momento que Pablo escribió la primera carta a los Corintios, Aquila y Priscila estaban muy ocupados sirviendo al Señor en la iglesia que se reunía en su casa. Interesante que en el primer siglo y hasta mucho tiempo después, las iglesias locales se reunían en casas de hermanos en la fe. Fue mucho tiempo después que se adoptó la costumbre de que las iglesias locales se reúnan en templos construidos exclusivamente para ese fin. Lección importante: no es imprescindible que haya un templo para que funcione una iglesia local. Bien puede funcionar en la casa de algún hermano. A continuación Pablo envía saludos de todos los hermanos. Estos hermanos probablemente eran los que estaban más cerca de Pablo en el ministerio en Efeso. Pablo termina esta parte de saludos exhortando a los creyentes de Corinto a saludarse los unos a los otros con ósculo santo. El saludo siempre ha sido y será una muestra de amistad y sincero interés del uno por el otro. La forma de saludo depende de la época y la cultura. En la época que Pablo escribió a los Corintios, la forma típica de saludo entre los hermanos era darse mutuamente el ósculo santo. El ósculo es el beso de afecto. No existe mucha información para saber con precisión como funcionaba este asunto, pero el hecho que es un ósculo santo, denota que no tenía en absoluto ninguna connotación de índole sexual. Es así como se llega a la despedida de la primera epístola de Pablo a los Corintios. Pablo normalmente dictaba sus cartas, pero en este punto, Pablo toma en su propia mano el instrumento de escritura y traza las letras que aparecen en 1 Corintios 16:21-24 donde dice: «Yo, Pablo, os escribo esta salutación de mi propia mano. El que no amare al Señor Jesucristo, sea anatema. El Señor viene. La gracia del Señor Jesucristo esté con vosotros. Mi amor en Cristo Jesús esté con todos vosotros. Amén.» La salutación a la que Pablo hace referencia, incluye varias cosas. Primero, una advertencia. El que no amare al Señor Jesucristo, sea anatema. Anatema significa: condenado a destrucción. Esto es algo que debe ser tomado muy en cuenta por todos aquellos que se atreven a despreciar o rechazar a Jesucristo. Segundo, una esperanza. El Señor viene. Esta frase, es la traducción de dos palabras, que según los entendidos son de origen arameo. El lugar donde se pone la división entre estas dos palabras determina el significado. Si es marána tha significa: El Señor viene. Si es marán atha significa: El Señor ha venido. En todo caso tiene que ver con la bendita esperanza de todo creyente. Tercero, un deseo. La gracia del Señor Jesucristo esté con vosotros. No hay nada mejor que estar abrigado bajo la gracia del Señor Jesucristo. Pablo termina la carta expresando el amor que tiene para los creyentes corintios. Mi deseo, amable oyente, es que toda iglesia local ponga la debida atención a este mensaje oportuno del apóstol Pablo.

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La verdadera gracia de Dios nos da el poder para vencer el pecado